La migración hondureña como arma electoral de la Casa Blanca

La Caravana del Migrante ha resultado un arma para el presidente de Estados Unidos: la usa como acicate para hacer crecer el odio xenófobo de los votantes conservadores. Es un arma poderosa, pero desesperada: Trump la utiliza porque en las elecciones intermedias del próximo noviembre el Partido Republicano podría perder la mayoría en el Congreso federal –que le es tan necesaria para mandar al Ejército a cerrar su frontera sur– ante los demócratas, a quienes incluso acusa de fomentar “fronteras abiertas y débiles leyes migratorias”.

WASHINGTON (Proceso).- La nueva andanada de ataques verbales contra la inmigración indocumentada centroamericana, acompañada de amenazas a México por parte del presidente estadunidense Donald Trump, es una estrategia electoral para alentar el voto conservador y racista de su país a fin de mantener el Congreso federal en manos de los republicanos.

El próximo 6 de noviembre habrá elecciones federales de medio periodo en las que se juega el control del Capitolio. Aunque actualmente su partido controla el Poder Legislativo, Trump está preocupado porque las encuestas favorecen a los demócratas.

Frente a la posibilidad de que una derrota electoral limite en gran medida su poder y él quede a merced de la oposición demócrata en el Congreso, el mandatario aprovechó el avance de la caravana de migrantes centroamericanos que arrancó en Honduras, en un intento desesperado de robustecer los sentimientos antimigrantes y canalizarlos a favor de los republicanos.

El martes 16 Trump, por medio de su cuenta de Twitter, amenazó a Honduras con suspenderle la ayuda económica si no detenía la caravana. “Cualquier persona que entre como indocumentado a Estados Unidos será arrestado y detenido antes de ser enviado de regreso a su país”, sentenció.

Horas después amenazó también a El Salvador y Guatemala.

Luego de los mensajes en Twitter, su red social favorita, Fox News, la cadena de televisión nacional, y todas sus estaciones afiliadas dieron amplia cobertura a la caravana centroamericana en su camino hacia el norte.

Los comicios del 6 de noviembre son el primer plebiscito para la presidencia de Trump. Se juegan las 435 curules de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 de Senadores.

De acuerdo con el promedio de las encuestas recientes de varios medios estadunidenses, los demócratas tienen 57% de posibilidades de ganar el control de la Cámara de Representantes; los republicanos, 43%.

En esa rama legislativa los republicanos cuentan con 235 curules, los demócratas 193 y hay siete vacantes. En el Senado la pelea está muy cerrada; el promedio en las encuestas al cierre de esta edición daba 52% a los republicanos, frente a 47% de los demócratas. 

Actualmente el Partido Republicano cuenta con 51 lugares en el Senado, los demócratas con 47 y hay dos independientes. De los 35 que estarán en juego el 6 de noviembre, 23 son demócratas, 10 republicanos y dos independientes.

Los sondeos muestran que los asuntos importantes para los votantes estadunidenses son: economía, creación de empleos, reducción de impuestos, inmigración indocumentada, servicios de salud, educación pública, servicios sociales y subsidios para las jubilaciones.

“Si los demócratas ganan el control de la Cámara de Representantes, el presidente Trump estará imposibilitado para cumplir sus promesas de gobierno en los próximos dos años. De nada le servirá si los republicanos mantienen el control del Senado, y las posibilidades de que lo logren son como un volado”, consideró The Wall Street Journal en un editorial publicado la semana pasada.

Títeres del Twitter

A menos de tres semanas de los comicios de noviembre, el pasado jueves 18 Trump escribió en Twitter: 

“Estoy observando al Partido Demócrata (porque quiere fronteras abiertas y débiles leyes migratorias) liderar el asalto a nuestro país por parte de Guatemala, Honduras y El Salvador, cuyos líderes no están haciendo nada para detener el gran flujo de personas, que incluye a muchos criminales que entran a México para dirigirse a Estados Unidos”. No presentó ninguna evidencia de su acusación. 

“Además de detener todos los pagos a esos países que al parecer no tienen control sobre su población, debo pedirle a México, en los términos más enérgicos, parar este ataque y, si no puede hacerlo, llamaré al ejército y cerraré nuestra frontera sur”, advirtió en su segundo mensaje, el mismo jueves 18.

Remató el día con un tercero: “El asalto a nuestro país, a nuestra frontera sur, incluyendo al elemento del flujo de drogas, para mí, como presidente, es más importante que el comercio o el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá. Espero que México contenga este ataque a su frontera norte. Las leyes débiles son culpa de los demócratas”.

Las frustraciones electorales de Trump y su aliento a los sectores conservadores y racistas de la población estadunidense (que apoyan la construcción de un muro en la frontera con México y la expulsión de los inmigrantes, tanto indocumentados como residentes permanentes de origen latino) surtieron el efecto que esperaba.

Envió a su secretario de Estado, Mike Pompeo, a hablar de la caravana con el presidente Enrique Peña Nieto, su canciller, Luis Videgaray, y con Marcelo Ebrard, próximo secretario de Relaciones Exteriores.   

El gobierno mexicano magnificó la presunta crisis migratoria por la caravana centroamericana al puro estilo de Trump; Peña Nieto ordenó el despliegue de la Policía Federal en la frontera con Guatemala y Videgaray apeló a la asistencia de las Naciones Unidas. 

Para militarizar la frontera con México, el mandatario estadunidense requiere de la aprobación del Congreso. Revertir o anular las negociaciones del nuevo acuerdo comercial de América del Norte le costaría a Trump el respaldo de los sindicatos del sector agrícola, de las manufacturas y el automotriz, por mencionar algunos, con lo que disminuiría las posibilidades de triunfo de los republicanos el 6 de noviembre. Sin embargo, tres mensajes en Twitter bastaron para que Peña Nieto y Videgaray reaccionaran como Trump quería. 

En cambio, conscientes de los riesgos electorales y políticos de la acusación infundada de Trump a los demócratas, de que alientan la inmigración indocumentada, minutos después del tercer mensaje del mandatario en Twitter, se pelearon a gritos dos de sus principales asesores en la Casa Blanca.

De acuerdo con funcionarios de la Casa Blanca citados por los diarios The New York Times y The Washington Post, a unos pasos de la Oficina Oval discutieron airadamente el general John Kelly, jefe del gabinete, y John Bolton, jefe del Consejo Nacional de Seguridad.

“El agarrón”, reportó el Times en su edición impresa del viernes 19, “fue tan escandaloso que se escuchó en varias oficinas del Ala Oeste” de la mansión presidencial. La versión periodística sostiene que Bolton reclamó a Kelly que su protegida, Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior, no estaba dando los resultados que espera el presidente en la reducción del flujo de inmigrantes indocumentados.

Kelly, primer secretario de Seguridad Interior en el gobierno de Trump, recriminó a Bolton su respaldo a la manera agresiva con la que el presidente presiona a los países centroamericanos a que hagan más para desalentar a sus ciudadanos de formar caravanas. 

También rechazó que fuera buena idea acusar a los demócratas de impulsar fronteras abiertas, porque no lo han hecho.

Antes de que se dieran a conocer detalles del pleito, la vocera presidencial, ­Sarah Huckabee Sanders, emitió una declaración por escrito que al principio no se entendió por falta de contexto: “Al tiempo que nos apasiona la forma de encontrar una solución a la inmigración indocumentada, entre nosotros no hay enojo”. Según ella, el equipo de Trump está furioso pero con los demócratas, por apoyar a la inmigración indocumentada…

La caravana y los niños enjaulados

Desde febrero de 2017, al cumplir un mes en la Presidencia, Trump presumió que las políticas antimigrantes de mano dura –con las que ganó muchos votos– estaban dando los resultados que garantizó como candidato. Afirmó que el flujo de indocumentados había disminuido, en tanto que su captura se incrementaba.

En junio pasado el mandatario ordenó aplicar la política de tolerancia cero hacia la inmigración indocumentada, lo que provocó la captura, arresto y separación de sus padres o familiares de 2 mil 654 menores, detenidos en la frontera con México.

El hecho de que Trump separara a los niños de sus padres y los mantuviera enjaulados y sin noticias de sus familiares, se convirtió en una crisis humanitaria que hasta la fecha favorece políticamente a los demócratas.

De acuerdo con las últimas estadísticas del Departamento de Seguridad Interior sobre la aprehensión o detención de inmigrantes indocumentados, el año pasado éstas aumentaron 30%, lo que irrita a Trump porque exhibe el fracaso de sus promesas de reducir el flujo de personas sin documentos. 

No obstante la tendencia a la baja que se registró de 2000 a 2017, al concluir el año fiscal 2018, el pasado 30 de septiembre, los agentes migratorios habían detenido a 396 mil 579 indocumentados en la frontera con México, lo que otra vez equivale a 30% más que el año fiscal anterior.

Para mayor desmentido a las afirmaciones de Trump, las estadísticas oficiales indican que en el año fiscal 2018 se detuvo a 107 mil 212 personas sin documentos a quienes se clasifica como “integrantes de familias”. Esa cifra es muy superior a la que el mandatario presumió el año pasado: 77 mil 857 personas integrantes de familias capturadas en 2016.

En la misma semana que el presidente Trump desató su frustración y furia contra la caravana de migrantes y contra México, la Unión Americana de Libertades Civiles dio a conocer que de los 2 mil 654 niños separados de sus padres o familiares por la tolerancia cero, 245 permanecen en centros de detención temporal porque se desconoce el paradero de sus familiares, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Se presume que los parientes de 175 de esos niños ya fueron deportados a sus países de origen.

La separación de familias es un punto vulnerable de los republicanos entre el electorado estadunidense. En los estados del medio oeste, donde se concentra la mayoría de la población blanca que apoyó a Trump en la elección de 2016, los candidatos republicanos mantienen una posición moderada sobre el caso de los niños, pero igual de radical respecto de la construcción del muro y la deportación de indocumentados adultos. 

Pero en el sur la situación es diferente, en parte porque el electorado de origen latino es fundamental. Por ejemplo, en Texas el senador republicano Ted Cruz busca reelegirse, pero tiene una ventaja mínima frente al candidato demócrata, Beto O’Rourke: 50% y 47%, respectivamente. 

La reelección de Cruz es crucial para que los republicanos retengan la mayoría en el Senado. La última vez que Texas contó con un senador demócrata en el Congreso federal fue en 1993.

El pasado miércoles 17, Ted Cruz comenzó a usar el artilugio de Trump, al acusar a su contrincante demócrata de promover la política de fronteras abiertas, la cual según los republicanos alienta la inmigración indocumentada. 

Este texto se publicó el 21 de octubre de 2018 en la edición 2190 de la revista Proceso.

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