Muere Eduardo Deschamps, creador del periodismo cultural diario

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El periodista Eduardo Deschamps Rosas, nacido en 1930 en Tuxpan, Veracruz, falleció en esta ciudad, de acuerdo a la información publicada en la Agencia El Quadratin por Gonzalo Álvarez del Villar, quien compartió con él el oficio en los periódicos Excélsior y unomásuno.

Se desconocen las causas de su fallecimiento, si bien a últimas fechas, según relató Álvarez del Villar el pasado 20 en la Agencia Quadratín, era imposible hablar con él a su casa:

“Una voz femenina respondía: ‘No está’, ‘En este momento está durmiendo’ ‘Está bañándose’, ‘Ahora no puede atender’. 0 de plano: ‘Aquí no vive’. No sé si las negativas fueron por decisión propia o de terceros.”

Reportero de excepción en el diario dirigido por Julio Scherer García entre 1968 y 1976, Deschamps fue con su colega tuxpeño Miguel López Azuara uno de los puntales de esa cooperativa, y tras el llamado “golpe a Excélsior”,  fundadores respectivos de unomásuno (1977) y Proceso (1976).

Con López Azuara había llegado en los cincuenta a “El periódico de la vida nacional” –entonces comandado por Rodrigo de Llano– en busca de la formación periodística. Tras años en la edición vespertina del vespetino La Extra, y con la llegada a la dirección de Scherer, López Azuara fue designado –junto con Miguel Ángel Granados Chapa–, para la dirección editorial, mientras que Deschamps creó la primera página cultural diaria de un diario nacional, “Olimpo de México”, nombre que –recordaría más tarde– se debió al escritor Vicente Leñero.

Y es que aprovechando el anuncio de que todo el año de 1968 México celebraría, conjuntamente con los Juegos Olímpicos, una Olimpiada Cultural –la primera en la historia de esa justa, y también la única–, concibió una columna para dar salida a la información cotidiana de los personajes y eventos que participarían en ella.

La columna creció pronto, y con entrevistas y datos relevantes e inéditos, y una gran recepción de los lectores, se convirtió en una sección cotidiana informativa. Antes de ella, los diarios abordaban la cultura como un producto –en los llamados suplementos culturales que había fundado el escritor Fernando Benítez, y que por su parte Excélsior contribuía con Diorama de la Cultura–, pero con Deschamps se dio paso a la cultura como información. Más allá de entrevistas especializadas, cuentos, poemas, ensayos, crítica de literatura y artes, el “Olimpo de México” atacó el fenómeno informativo en torno al hecho cultural. Es decir, advirtió su lado periodístico.

En entrevista con Proceso (29 de agosto de 2004), Deschamps Rosas lo dijo así:

“Para ellos la cultura no era noticia, y la vida de los hombres que hacen la cultura, menos. Yo lo descubrí en Confrontación 66, porque allí vi efectivamente cómo la vida de los creadores es muy viva, muy excitante, hay mucho calor atrás, arriba y por todos lados. Dije, aquí está un filin noticioso que el periódico puede aprender, que nosotros los que no tenemos fuentes, los que andábamos buscando exclusivas, teníamos un campo abierto, virgen para la información exclusiva.

“Eran trabajos de cultura, no información en torno de la cultura o de quienes producen la cultura”.

Contó entonces que él, con su colega reportero Rodolfo Rojas Zea, “estaba emocionado al máximo”:

“Rodolfo vivía, junto conmigo, días de una gran intensidad, porque además de imaginar la información, de pensarla, de repensarla, de redactarla, de presentarla… porque nosotros mismos formamos la página–, ¡de cuidarla en los talleres!, era una entrega total, de más de 24 horas diarias. Todo estaba caliente, hirviente. Era una detonación de un sitio a otro, de un momento a otro, surgían las cosas más interesantes e inesperadas.

En México, por ejemplo, se vivía, en el quehacer de la literatura, la maravilla de Cien años de soledad recién salida, la posibilidad del conocimiento primero de los grupos de música traídos de diferentes partes del mundo, la presencia de solistas como Ravi Shankar u otros de ese mismo tipo, que jamás habíamos imaginado, y todo eso surgió como consecuencia de que el grupo de López Mateos, a la hora de pelear la sede, se le ocurrió presentar como cosa novedosa, organizar una Olimpiada Cultural, y eso prácticamente le dio la sede a México”.

Acerca del autor

Hizo estudios de filosofía en la UNAM donde ha impartido clases. Reportero de las Secciones Culturales de Excélsior (entre 1967 y 1976) y de Proceso de la cual es editor.

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