En la consulta sobre el NAIM, posibles los votos dobles…o más

Mesa de votación ubicada en el paradero de Mixcoac, en Benito Juárez. Foto: Carlos Olvera Mesa de votación ubicada en el paradero de Mixcoac, en Benito Juárez. Foto: Carlos Olvera

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- José Domínguez votó convencido: continuar con la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco. Para él es la mejor opción, aunque consideró que la consulta está direccionada, sea cual sea el resultado.

A su percepción se unieron Daniela y Rafael, también formados este mediodía en la mesa de votación ubicada en el corazón del paradero de Mixcoac, en Benito Juárez.

Con voz elevada y un tanto irónica, don José, de 67 años, lamentó que el ejercicio sea organizado por integrantes de Morena, señalando a Emma, Emir y José Lorenzo, quienes atienden la mesa.

A decir de Emma, algunos de los que conforman las casillas son afiliados al partido que fundó Andrés Manuel López Obrador, otros son simpatizantes y unos más voluntarios.

Justo atrás de Daniela y Rafael viene Luis, de 22 años, y estudiante de Historia en la UNAM. Está dudoso: la opción de Santa Lucía le ha tomado de botepronto y desconoce las implicaciones. Dice que no hubo mucha información en los medios al respecto. Su voto lo decidirá en la mesa.

Josefina, de 78 años, no tuvo reparo en emitir su postura: Texcoco. De igual manera, Rafael, de 58, justificó su inclinación por la obra ya iniciada, pues a su consideración México necesita un aeropuerto de ese calibre para traer turismo, comercio global y generar empleos.

La fila no dejaba de acortarse. Entre 8 y 12 personas esperaban turno. Un tiempo de espera de unos 5 o 10 minutos. Entre ellos, Pepón López, ávido defensor de los “pajarracos”, como él dijo.

Como si fuera una auténtica clase de historia, Pepón –dícese conocido por el rumbo-, explicó el origen del proyecto “estrella” del peñanietismo. Numeró las consecuencias ambientales y hasta criticó la inmiscuida del grupo Riobóo en la construcción. Se explayó hasta que le tocó su turno.

Cuidar a las especies y al medio ambiente también fue la justificación de Sergio, de 47 años, quien espera pacientemente su turno en la mesa instalada en la explanada de la alcaldía Benito Juárez.

Aquí, tardará entre 45 minutos y una hora en emitir su voto, bajo el sol de mediodía. Delante de él está Miguel, un empleado delegacional que vive en la GAM. Para él, la opción es la que quede más cerca de su hogar.

La fila en la mesa de votación en la explanada de la delegación Benito Juárez. Foto: Carlos Olvera
La fila en la mesa de votación en la explanada de la delegación Benito Juárez. Foto: Carlos Olvera

Su visión es votar por el aeropuerto que sea más funcional con base en la localización del ciudadano. No es lo mismo Milpa Alta que en Benito Juárez, dijo. No es lo mismo que en Chihuahua y que en Oaxaca.

Doña Estela, formada unas 20 personas más atrás, votará por Santa Lucía. Sin más. Contrario a ella, Edgar, de 29 años, se inclina por Texcoco porque “sería tonto volver a gastar lo que ya se ha gastado”.

Juan Manuel, de 64, atrás de él, lo secundó. Argumentó que en Texcoco ya hay inversión y estudios que sostienen la viabilidad.

La boleta de la consulta sobre el destino del NAIM. Foto: Carlos Olvera
La boleta de la consulta sobre el destino del NAIM. Foto: Carlos Olvera

El ejercicio

En un ejercicio hecho por Apro, se constató que con una credencial del INE se pudo votar dos veces… y pudieron ser más.

La dinámica de votación es sencilla: el participante da su clave de elector; los encargados de la casilla ingresan, en celulares personales, el número en un “sistema interno” que – a decir de Emma- es para que un ciudadano no vote en más de una ocasión.

El ciudadano emite su voto, dobla la boleta y lo mete en una urna. Al final, si desea, le marcan el dedo pulgar. Fin.

Este reportero emitió antes del mediodía su voto en la mesa ubicada en Mixcoac; una hora después, con la misma credencial, hizo el mismo procedimiento en la explanada de Benito Juárez.

Allí, las encargadas de la casilla ingresaron el mismo número de elector dado anteriormente. No hubo problema. Incluso, se podía evitar de nueva cuenta la tinta en el dedo.

Desorganización

La desesperación invadía la mesa de la explanada en Benito Juárez. La causa: se acababan las baterías de los celulares personales de las cuatro encargadas de la casilla.

No tenían dónde cargarlos y en la fila, que no dejaba de crecer, había unas 60 personas.

Justo en esta casilla cualquiera podía emitir su voto antes de que le revisaran su credencial. Durante el ejercicio realizado, se votó antes de que ingresaran al “sistema interno” el número de elector ya registrado con anterioridad.

A pregunta del reportero sobre si se detectó algún problema, la respuesta fue: “No, todo bien”.

 

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