The Dohl Drummers de Raajasthan embelesa y marca ritmo en el FIC

GUANAJUATO, Gto., (proceso.com.mx).- Los enormes tambores marcaron el ritmo de las palmas en la explanada de la Alhóndiga, que olvidó por un rato el frío de la noche ante los maestros percusionistas del Gran Desierto Indio, The Dohl Drummers de Raajasthan, el penúltimo espectáculo de la 46ª edición del Festival Internacional Cervantino.

Son maestros porque han aprendido de las percusiones desde niños, como las tradiciones musicales que son afortunadamente heredadas por generaciones en las culturas del mundo y llegan a México desde rumbos como la comunidad manganiar, una tribu del oeste de India, en la frontera con Paquistán.

El grupo fue parte de la representación de las distintas regiones hindúes y resonó potente ante las miles de personas que se reunieron en la explanada en la víspera de la clausura del FIC.

Sus tambores –el dohl y el kaartal- son poderosos, se colocan al frente, delante del resto del grupo de ejecutantes de otros instrumentos como el cheep y el morchang o arpa de los judíos, así como de los cantantes.

Los ritmos van incorporando poco a poco cada instrumento, para formar melodías ascendentes en velocidad y sonidos.

Una de las características descritas en el programa y que se pudo apreciar en las distintas piezas que tocó el grupo es la maestría para cambiar de ritmos con mucha rapidez. Esta capacidad es parte de las aptitudes que debe desarrollar los herederos de la tradición manangiar, que incluye desde siglos atrás a cantantes, instrumentistas y narradores.

Los percusionistas demostraron ese poder frente al público en el dohl, el tambor más grande y con dos caras, que es tocado por dos personas a la vez.

The Dohl Drummers estuvo previamente en el Festival Internacional de Edimburgo, donde midió la potencia de sus tambores con los escoceses.

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