Sin control ni organización en albergue, sigue llegada de migrantes a la CDMX

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el segundo día de la operación del albergue para los migrantes centroamericanos, instalado en el estadio Jesús Martínez “Palillo”, de la Magdalena Mixhuca, a donde llegaron más de dos mil personas, imperó el desorden y la falta de coordinación de las autoridades capitalinas, al grado que algunas personas solo recibieron un bolillo o una naranja y agua como desayuno.

La ausencia de organización la hizo evidente personal de la Cruz Roja Internacional, quien criticó la falta de un puesto de mando para coordinar todas las acciones de ayuda, además de que no se siguen los protocolos para atención a los migrantes.

Así lo dijo a Apro, el representante de una instancia capitalina -quien pidió omitir su nombre-, presente en la reunión privada que en las primeras horas de este lunes tuvieron representantes del gobierno capitalino, la Comisión de Derechos Humanos local (CDHDF), organizaciones internacionales y agrupaciones de la sociedad civil que participan en el albergue.

A diferencia del pasado domingo, cuando los migrantes empezaron a llegar y el albergue apenas estaba instalándose, este lunes en la cancha del estadio ya estaban “en pie” tres carpas gigantes para el resguardo de los centroamericanos que, incluso, ellos mismos ayudaron a levantar.

Según el registro matutino de las autoridades, hacia las nueve de la mañana ya había al menos dos mil 200 migrantes, pero se esperaba que el número creciera al paso de las horas. La instalación más grande fue destinada a mujeres y niños que llegaron en grupo en camiones al mediodía. En el lugar había gente acostada en el suelo, sobre cobijas o bien, en colchonetas individuales que les repartieron las autoridades.

No obstante, hubo quienes, en familia, instalaron casas de campaña afuera del estadio, en zonas empastadas y bajo grandes árboles, donde aprovecharon las rejas como tendederos para secar su ropa.

En un recorrido por el sitio, varios migrantes comentaron que, a su llegada de Puebla, al acercarse al comedor comunitario que instaló la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) solo les dieron agua y un bolillo y, si acaso, una naranja, parte de la donación que hizo la Central de Abasto.

Otros que sí alcanzaron desayuno comentaron que la comida tenía chile, aun cuando ellos no están acostumbrados a comerlo. Ante la demanda de alimentos, la autoridad colocó una manta con horarios para desayuno, comida y cena, a las que destinó dos horas para cada alimento.

Hubo quienes preguntaban dónde podían conseguir agua para beber. Y es que, aunque sí había garrafones, faltaban los letreros para indicar el lugar donde podían obtenerla. A unos más se les vio con kilos de tortillas y sopas instantáneas que traían de la calle porque a la hora que llegaron nadie les dio nada de comer.

La falta de coordinación también fue evidente cuando, a las 12:00 comenzaron a sonar los altavoces con la “prueba de audio” en caso de alerta sísmica como lo instruyó el gobierno capitalino cada primer lunes de mes. El sonido se escuchó sin que en el albergue hubiera alguna indicación especial de ninguna autoridad.

Atrás de las gradas se observó una extensión eléctrica de donde los migrantes cargaban la pila de sus teléfonos celulares y hacían fila para esperar turno. A escasos pasos, monjas y sacerdotes que se identificaron como de la Conferencia Episcopal Mexicana empezaron a instalar un módulo de atención, aunque aún no tenían previsto cómo entregarían su ayuda.

Y aunque el domingo las autoridades capitalinas informaron que no habría policías dentro del albergue, en el recorrido se observó a varios de la Policía preventiva vigilando dentro y fuera del sitio. Y es que los migrantes tienen acceso libre a las instalaciones.

Tanto que, afuera de la Ciudad Deportiva se observó que algunas mujeres con niños en brazos se colocaron en semáforos para pedir ayuda económica a los automovilistas.

En tanto, personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ahí presente, alertó la desorganización e insuficiencia en los servicios de asistencia humanitaria en el albergue.

Poca agua, “igual que los chilangos”

Por la mañana, en conferencia improvisada, la presidenta de la CDHDF, Nashieli Ramírez, reiteró que las autoridades capitalinas tienen la capacidad suficiente para atender a los miles de migrantes que siguen llegando al albergue, la mayoría de Honduras, pero también de El Salvador, Nicaragua y Guatemala, principalmente.

Sobre las quejas de falta de agua para beber y para aseo, comentó que “el agua está con un sentido de racionalidad como lo tenemos todos los chilangos ahorita. Está asegurada el agua para tomar y en las lógicas de racionalidad que vivimos en la ciudad, se puedan asear”.

Enfática, reiteró: “Ellos padecerán lo mismo y tendrán que ajustarse como todos lo estamos haciendo en la ciudad a esta emergencia del agua. El tratamiento no es diferenciado, pero no hace falta, el servicio está asegurado”.

Y sí, en una zona afuera del estadio fueron instalados al menos cinco tinacos gigantes donde los migrantes se bañaban “a jicarazos”, aunque a la vista de todas las personas que pasaban, pues las autoridades no aislaron la zona. A unos pasos de ahí les instalaron 23 baños portátiles para una población que se espera sobrepase los cinco mil en los próximos días.

Muy cerca, se observó a ciudadanos que, por voluntad propia, llevaban bolsas de ropa para donar a los “hermanos centroamericanos”. En pleno suelo, la gente comenzaba a escoger pantalones, playeras, zapatos y chamarras que ahí mismo se medían a su conveniencia.

Entre las prendas que usan los migrantes es común observar que visten prendas con logotipos de partidos políticos y lemas de la pasada campaña electoral. Lo mismo llevan mochilas verdes del PVEM, que gorras del PRI o de Morena. El efecto político para el que fueron fabricados, para ellos es lo de menos.

Las autoridades capitalinas insistieron el llamado para que los capitalinos donen zapatos de niños y adultos, así como ropa abrigadora, ya sea en los 16 centros de acopio de las alcaldías, en el zócalo capitalino o en el mismo albergue.

Por último, reiteraron que el “Puente Humanitario” solo es para dar ayuda social a los migrantes, pero no tienen incidencia en apoyos que corresponden al gobierno federal o de los gobiernos estatales por donde, se prevé, que retomen su camino hacia Estados Unidos.

Reforzarán ayuda

Por la noche, la CDHDF emitió un comunicado en el que informó que las autoridades colocarán una “carpa mayor” con el apoyo de las alcaldías Tláhuac, Miguel Hidalgo, y Gustavo A. Madero.

Además, informaron que reforzarán la presencia de policías y retirarán el comercio informal de los alrededores. Sobre la alimentación, reconocieron que el comedor emergente instalado sólo tiene capacidad para mil 700 personas, por lo que plantearán abrir otros puntos de alimentación en otros lugares por definir.

Sobre los sanitarios, anunció que la organización Oxfam ofreció colocar 20 balos portátiles más. También colocarán letreros en los puntos de hidratación.

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