Cráneos prehispánicos esgrafiados

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con sólo cuatro piezas, el Museo de Arte Popular (MAP), en la Ciudad de México, presenta una extraordinaria muestra que a través de la belleza y el horror recuerda el misterio de la muerte y su profanación a través del arte y el poder.

Organizada en sustitución de las tradicionales ofrendas que se instalan para conmemorar el Día de Muertos, la exhibición no sólo impacta en el presente del espectador, sino que se vincula con la memoria artística contemporánea, estableciendo vínculos con actos creativos que han intervenido un despojo humano tan significativo: ¿Cómo no recordar el famoso cráneo que, con el objetivo de realizar un dibujo expandido en tres dimensiones –línea, volumen y estructura–, intervino el famoso neo-conceptualista mexicano Gabriel Orozco en 1997 con el título de Papalotes negros?

Sin embargo, a diferencia de Orozco –quien al utilizar el cráneo de un desconocido y saturar dibujísticamente la totalidad de su superficie redujo la cabeza ósea a un simple objeto–, los cráneos prehispánicos son sumamente inquietantes porque conservan en su materialidad la dualidad de la vida y la muerte de una persona. Divididas en dos regiones que corresponden a la craneal y la facial, las cabezas óseas que presenta el MAC narran la identidad del personaje con finísimos relieves realizados en los huesos frontal y parietal, mientras el testimonio físico de la muerte se mantiene y expresa dramáticamente en los restos y cuencas que alguna vez fueron un rostro.

Exhibidos por primera vez en la Ciudad de México, los cráneos   resultan sumamente interesantes, tanto por sus relieves como por la construcción de una historia que todavía se encuentra en proceso de investigación. En tanto acervo, las piezas pertenecen al museo la Casa del Mendrugo que se encuentra en la Ciudad de Puebla. Provienen de la región mixteco-zapoteca de Oaxaca, están fechadas entre los años 1000 y 1100, y fueron donadas al museo como parte de aproximadamente 250 piezas por el notario oaxaqueño Jorge Roberto Ortiz Dietz (1937-2012).

Bajo la dirección del presidente de la fundación Casa del Mendrugo, José Ramón Lozano, el acervo en el que también se encuentran huesos largos esgrafiados y caracoles marinos gigantes tallados, fue puesto a disposición de investigadores del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, quienes lo analizan basados en antropología forense. En cuanto a su origen, Lozano afirma que los cráneos pertenecen a líderes de una civilización zapoteca denominada Los Amos, y el acervo cuenta con 9 cráneos masculinos y uno femenino que presentan deformaciones óseas intencionales.

Intervenidas con figuras en relieve que sobresalen por la nitidez de la narrativa y el cuidado de su composición –las actitudes corporales coinciden perfectamente con los límites de los huesos craneanos–, las piezas que exhibe el MAC narran la historia de El señor que se marcha –con un tlacuache esgrafiado en la mandíbula–, El señor del maíz –con dos personajes de frente que manifiestan su poder sometiendo uno al otro–, El señor ave –en donde sobresale la máscara de un pájaro dentado con plumas y un pico del que sale una vírgula–, y El señor mano firme.

Perturbadores por la contundencia de su dualidad como testimonio mortuorio y soporte artístico, los cráneos provocan cuestionamientos sobre la relación entre la acción creativa y el significado pasado y presente del despojo corporal. Un misterio de vida y muerte que el británico Damien Hirst ha abordado con la banalidad y efectismo de cadáveres tiburones y otros animales. ¿Será que el arte prehispánico es también contemporáneo? 

Este texto se publicó el 4 de noviembre e 2018 en la edición 2192 de la revista Proceso.

Comentarios