“Bohemian Rhapsody: la historia de Freddie Mercury”: el divo y sus contrastes

MONTERREY, N.L. (apro).- Cuando cantaba, Freddie Mercury apretaba el puño con energía. Se decía que en su mano guardaba los secretos de su vida, que pretendía mantener alejada de los reflectores. El misterio ha sido revelado con “Bohemian Rhapsody: La historia de Freddie Mercury”, una biografía que ilumina los pasajes desconocidos del divo inglés que murió en 1991, a los 45, a causa de complicaciones generadas por el Sida, una enfermedad entonces recién descubierta, cuyo contagio mantuvo en secreto hasta el fin.

La cinta es una producción necesaria, que complace a los fans de la legendaria banda Queen, de la que fue líder, primera voz, compositor y principalísima figura. Aunque el retrato del protagonista es superficial, elaborado con pinceladas sobre lo que debió ser una existencia más compleja, permite adentrarse en el entorno privado, desde sus años juveniles hasta su encumbramiento como uno de los íconos del rock, con una tesitura vocal excepcional y admirada en todas latitudes.

El realizador Bryan Singer confirma el mito. Presenta a Freddie con todos sus contrastes y su temperamento veleidoso, aunque siempre generoso y apegado a la banda, a la que siempre consideró su familia. Opta por hacer una movie de entretenimiento macizo dirigida a la fanaticada, que siempre ha anhelado más del talentoso chaval que llegó como migrante africano a Londres, y comenzó una trayectoria desde abajo, asociado con sus amigos Brian May, Roger Taylor y John Deacon, tocando primero en clubs y luego en los principales escenarios del mundo.

Aunque está muy bien filmada, en Bohemian Rhapsody no se ve un sello de autor, como lo ensayó Oliver Stone con la biografía de Jim Morrison en “The Doors” (1991). Singer expone, con sencilla claridad, alejado de las complejidades sicológicas, las tribulaciones del cantante, que se debatía entre los deberes de una sociedad conyugal inexplicable y su verdadera naturaleza homoerótica.

Aunque siempre se insinuó la orientación de Mercury, un rumor a gritos que se confirmó tras su muerte, la película es bastante pudorosa y aborda con respeto sus deslices, con el evidente propósito de mantener inmaculado el impecable legado musical.

Para fortuna de los fans, el drama es bien alternado con pasajes de la creatividad. La historia se detiene y se regodea en momentos sublimes de la trayectoria de Queen. La cámara que ingresa hasta los estudios de grabación permite que ahora el mundo sepa cómo se gestaron los hits descomunales “Bohemian Rhapsody”, “We will rock you” y “Another one bites the dust”, entre otros. En sus puntos culminantes, la película muestra a Freddie como gran showman. En el escenario era una bestia de energía, que se sobaba el espectáculo, irradiando luz sideral, como se ve en excelentes recreaciones de algunas de sus tocadas más memorables.

El contraste es brutal, al exhibir, en privado, a un hombre solitario y tímido, que necesitaba comprar compañía y que se rodeaba de vividores que le minaban el ánimo y la salud. Al desviarse hacia el lado oscuro, el artista renegó de todo aquello que lo había encumbrado, hasta de sus camaradas de la banda, a los que repudió, en un tonto arrebato de soberbia del que luego tuvo que arrepentirse, como ya saben los conocedores.

Junto con la excelente recreación de las épocas, hay una exaltación a la fuerza de voluntad de un hombre excéntrico que desafió a su tiempo. La estrella generó su propia imagen y, a su manera, se convirtió en leyenda, más allá de algunas opiniones conservadoras que lo censuraban en público, por sus preferencias.

Rami Malek hace una interpretación muy apegada a la persona. Se agradece que rechace hacer una imitación de Freddie, pues si bien recrea con precisión sus gestos y sus manías en escena, el actor deja su propio sello, mostrando al personaje vulnerable, atrevido, cínico y, también, talentoso hasta la perfección.

“Bohemian Rhapsody” termina por todo lo alto. La recreación del concierto Live Aid, de 1985, es el mejor legado que dejó el cantante nacido como Farrokh Bulsara. Con una majestuoso realismo se revive este que ha sido llamado uno de los momentos sublimes en la historia del rock.

Es una semblanza interesante y llena de emotividad, sobre uno de los mayores artistas del canto del siglo XX.

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