#CaravanaMigrante llega a Navojoa, Sonora; hará escala en Hermosillo

Niños que formaron parte de la caravana migrante observan desde la caja de un tráiler. Foto: Rodrigo Abd/AP Niños que formaron parte de la caravana migrante observan desde la caja de un tráiler. Foto: Rodrigo Abd/AP

HERMOSILLO, Son. (apro).- Al menos 400 integrantes de la caravana migrante arribaron esta mañana a Navojoa, Sonora, procedentes de Sinaloa, y tienen planeado pernoctar en esta ciudad.

La caravana, que llegó a Navojoa en autobuses facilitados por el gobernador sinaloense Quirino Ordaz Coppel, fue recibida por la alcaldesa Rosario Quintero Borbón en el límite sur, en la caseta de cobro denominada “La Jaula”.

Ahí, los centroamericanos recibieron agua, alimentos y atención médica, y los invitaron a abordar las unidades de transporte que proporcionaron los concesionarios de la región para continuar su recorrido.

Hace tres semanas, el 23 de octubre, cuando la caravana ingresó por la puerta sureste mexicana, la alcaldesa de esta ciudad, Célida López Cárdenas, adelantó que se acondicionaría el estadio Sonora –casa del equipo de beisbol Naranjeros de Hermosillo– para atender a los migrantes en su camino a Estados Unidos.

“Creo que necesitamos estar a la altura de las circunstancias, va a ser difícil, pero vamos a hacer lo que humanamente es posible para atenderlos con solidaridad y respeto”, expresó aquel día López Cárdenas.

La semana pasada, Jesús Pujol, presidente municipal de Nogales, la frontera norte más importante de Sonora, aseguró a los representantes de los medios de comunicación que una comisión de funcionarios estaría en coordinación con autoridades de los tres niveles para otorgar el apoyo requerido por los centroamericanos.

Añadió que desde ese día acondicionaron espacios en albergues y que ofrecerían a los migrantes una fuente de empleo en la industria maquiladora, en caso de que tuvieran su documentación en regla.

La gobernadora sonorense Claudia Artemiza Pavlovich Arellano acabó con ese ánimo de cordialidad manifestada por los munícipes, luego de subrayar que la entidad no se encontraba en condiciones de atender a los viajantes.

“Tenemos que ver qué vamos a hacer, porque como estado no estamos preparados, y hay que decir las cosas como son: para recibir a este número, esta cantidad de personas que vienen en la caravana, vamos a requerir apoyo del gobierno federal, sin duda alguna”, recalcó el pasado 23 de octubre.

La hostilidad de Pavlovich fue secundada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al cumplir su promesa de cerrar la frontera sur de aquel país.

El pasado jueves 8, alrededor de mil 500 efectivos federales se apostaron sobre el área limítrofe de Sonora y Arizona. Y el muro divisorio, con una altura superior a 10 metros, fue coronado con alambre de púas.

La incapacidad

El 19 de octubre anterior, aproximadamente seis mil migrantes centroamericanos ingresaron por la puerta sureste mexicana, huyendo de la hambruna y la violencia de sus países de origen.

Son seis mil esperanzas que no van en busca del “sueño americano”, sino que escapan de la “pesadilla centroamericana”.

En abril pasado, con la Caravana Viacrucis Migrante arribaron a esta capital sonorense 650 personas originarias del llamado “Triángulo Norte”, una tríada de naciones conformada por Guatemala, El Salvador y Honduras.

En esa ocasión, la estructura gubernamental evidenció su incapacidad para albergar a seis centenas de migrantes, pero el freno más escandaloso de la maquinaria gubernamental ocurrió el 29 de abril. En esa ocasión, la exalcaldesa de Hermosillo Angelina Muñoz, con un lenguaje que le valió el apodo de “alcaldesa Trump”, orientó a los capitalinos a no ayudar a los migrantes.

Y es que, según Muñoz, lejos de ayudar a los migrantes con alguna dádiva se estaría generando un “problema mayor” en esta ciudad o en la entidad.

“Se oye gacho, dices tú: va contra mis principios de religión, de fe o simplemente un principio de humanidad, pero nosotros mismos estamos generando un problema mayor”, arremetió.

Y remachó: “La generosidad de los hermosillenses es uno de los factores ‘multifactoriales’ que están haciendo prevalecer a mucha gente en situación de calle porque tienen un ingreso, pues nosotros les damos dinero, los alimentamos, les damos ropa y ya no se quieren ir de Hermosillo”.

Con esas declaraciones, la expresidenta municipal alcanzó las principales marquesinas periodísticas internacionales.

Unos días antes, el 25 de abril, se detectó que entre los migrantes había un brote de tuberculosis que resultó casi imposible de controlar.

La emergencia sanitaria llegó a tal grado que la secretaría de Salud estatal emitió una alerta a su contraparte bajacaliforniana con un diagnóstico médico de nueve migrantes con tuberculosis.

Un día después, unos 150 integrantes de la Caravana Migrante 2018 fueron desalojados del albergue Centro Habitat, ubicado en la colonia San Luis. Nunca hubo una versión oficial al respecto, pero el sueño se convirtió en pesadilla.

Por meses, los centroamericanos deambularon en la salida norte de Hermosillo. Otros encontraron refugio en la fronteriza Nogales, y unos más se dieron el encontronazo de su vida con el destino.

Los restantes consumieron los días con sus noches en la garita Dennis DeConcini en espera de asilo político en Estados Unidos, que trata como criminales a los solicitantes y separa a los hijos de sus padres.

Y si con sólo 650 migrantes se colapsaron entonces los servicios de atención a la población, las consecuencias por una caravana diez veces mayor aún están por verse en Sonora.

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