Grupo de la Lux, “ejército secreto” del general Corona del Rosal

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Durante sus indagatorias en el Archivo General de la Nación, la historiadora María de los Ángeles Magdaleno Cárdenas localizó documentos clave sobre el movimiento estudiantil de 1968, entre ellos el del Grupo de la Lux, creado en los cincuenta por el general Alfonso Corona del Rosal, quien era el jefe del Departamento del Distrito Federal en aquel aciago año. “Era un verdadero ejército secreto que incluso participó en la matanza de 1968”, comentó la investigadora al reportero Arturo Rodríguez García, quien recoge su testimonio en el libro Ecos del 68, publicado por Ediciones Proceso, cuya presentación será este jueves 15.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Además del “Batallón Olimpia” y los “Halcones” –señalados históricamente entre los perpetradores de las masacres históricas de 1968 y 1971–, entre los cincuenta y al menos hasta los noventa, el régimen priista siempre tuvo su fuerza de choque, entre ellos el Grupo de la Lux.

Durante décadas, esa organización –creada a finales de los cincuenta por el general hidalguense Alfonso Corona del Rosal y por Alfonso Martínez Domínguez– y otras de corte paramilitar desempeñaron su trabajo con sigilo y se mantuvieron fuera del ámbito público por lo menos hasta 2009, cuatro décadas después de que los integrantes de ese “ejército secreto” estuvieron en la Plaza de las Tres Culturas en la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968, y dispararon contra los soldados.

La historiadora María de los Ángeles Magdaleno Cárdenas encontró en el Archivo General de la Nación los documentos que describen parte de la actuación de ese grupo nacido bajo el auspicio del general Corona del Rosal, quien en esa época era el jefe del Departamento del Distrito Federal.

Sin embargo, advierte, falta por saber cuál fue la actuación real del divisionario, pues nunca se le abrió ningún proceso judicial.

En 1969, en su Quinto Informe de Gobierno, frente al Congreso que controlaba en su totalidad y consciente de que no tendría consecuencias por la matanza, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz asumió por completo la responsabilidad, ética, política e histórica de aquel trágico episodio de Tlatelolco.

Dos décadas después de la represión estudiantil, en 1989, el PRI convocó a sus militantes en el Estadio Azteca, donde le entregó al divisionario la medalla “al mérito revolucionario”. Once años más tarde, en el 2000, Corona del Rosal falleció sin que nadie lo llamara a cuentas.

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Fue Corona del Rosal quien, junto con su tocayo Alfonso Martínez Domínguez, creó el Grupo de la Lux en Hidalgo en 1958 con un propósito definido: espiar al entonces gobernador de la entidad, Quintín Rueda Villagrán, que estuvo en el cargo de 1951 a 1957. Corona del Rosal fue su sucesor.

La noche del 15 de septiembre de 1961 en San Luis Potosí integrantes de esa organización secreta se vieron implicados en la matanza de seguidores del doctor Salvador Nava, quien impugnaba los resultados electorales estatales en los comicios en que él participó como candidato a la gubernatura bajo el emblema del Partido Demócrata Potosino.

De repente hubo un apagón en la Plaza de Armas de la capital potosina y los francotiradores del PRI comenzaron a disparar contra los navistas. La logística fue similar a la que siete años después el grupo formado por Corona del Rosal y Martínez Domínguez instrumentó el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Los integrantes del Grupo de la Lux llevaban un guante blanco igual a los del “Batallón Olimpia” y fueron los primeros en abrir fuego.

Y aun cuando la versión generalizada en el círculo de poder es que el Ejército actuó solo en aquella ocasión, eso no se sostiene, según Magdaleno Cárdenas, porque impide explicar la muerte de soldados ese 2 de octubre. En esa ocasión, insiste, Corona del Rosal gozó de la protección castrense.

Entre el material consultado la investigadora detectó tres versiones de un documento militar en las que se expone la participación del Grupo de la Lux, dirigido por el coronel Manuel Díaz Escobar Figueroa, adscrito en esa época al Estado Mayor Presidencial (EMP). No obstante, dice, durante el desarrollo del movimiento estudiantil Díaz Escobar se desempeñó como subdirector de Servicios Generales del Departamento del Distrito Federal.

En entrevista, la historiadora da su propia versión: “Él (García Barragán) sabía quiénes eran y no quiso hacer nada contra ellos. Hay algo que no se ha dicho. Y eso corresponde explicarlo a los generales que están vivos y que después dirigieron la Sección Segunda del EMP, cuya tarea es la recopilación de información e inteligencia”.

Las tanquetas en Tlatelolco. Foto: Archivo histórico Procesofoto
Las tanquetas en Tlatelolco. Foto: Archivo histórico Procesofoto

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La tarde del 23 de agosto de 1968 un camión del Instituto Politécnico Nacional (IPN) conducido por un alumno de esa casa de estudios se volcó al chocar con otro vehículo. En el percance murió Vicente Reynel Betanzos, el joven que semanas antes escribió un folleto titulado “Renuncie, general”, en el cual calificó a Corona del Rosal de ladrón y mentiroso, y expuso el modus operandi del Grupo de la Lux.

El divisionario tenía gran influencia en la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), según los testimonios recabados y documentos consultados en los que  se alude a los pagos desde el gobierno a dirigentes de esa organización. Ese “poder invisible” cooptó durante varios lustros a estudiantes desde antes incluso del movimiento de 1968, dice la entrevistada.

De acuerdo con los documentos encontrados por la historiadora, entre esas organizaciones figuraba el Grupo de la Lux, que estuvo bajo el mando de Díaz Escobar desde 1966. Díaz Escobar era el subalterno de Corona del Rosal. Sus integrantes participaron en la balacera al Colegio de México y a la Vocacional 7, dos eventos muy sonados en 1968.

Formado por gente cercana o afiliada a la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), el Grupo de la Lux se dedicó por esos días a crear disturbios y aporrear a organizaciones estudiantiles dentro de la UNAM y del IPN.

Díaz Escobar controlaba toda la nómina del departamento de limpia, así como las listas de raya y otros presupuestos. Magdaleno Cárdenas admite que aun cuando es difícil rastrear cómo se repartió el dinero, es factible hacerlo, pues quienes lo crearon y lo subsidiaban dejaron muchas constancias en la Dirección de Servicios Generales que, siendo la nómina más grande de la ciudad, permitía disimular los gastos que quisieran.

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Según cálculos más conservadores, ese organismo reclutó alrededor de 6 mil personas. No obstante, la información obtenida por Magdaleno Cárdenas revela que eran más de 20 mil sus integrantes, entre ellos “lumpen del centro (de la Ciudad de México), vagos y locatarios del mercado de La Merced”.

Al principio, dice, la CNOP pagaba la nómina del grupo, vinculado, gracias a Corona del Rosal, al EMP, al PRI y a la policía capitalina. Ese “ejército secreto” de Corona del Rosal volvió a salir a la luz pública el 10 de junio de 1971 en San Cosme, donde atacó una movilización estudiantil. Sus incursiones violentas continuaron durante varios años.

De hecho, un grupo que es identificable desde 1968, participó en la desaparición de seis jóvenes en 1997. Fue un escándalo. El caso exhibió a los grupos de élite Zorros y Jaguares, creados por el coronel Manuel Díaz Escobar, precisamente apodado El Zorro Plateado, y relacionados con el Grupo de la Lux.

Fallecido en 2008, Díaz Escobar se llevó sus secretos a la tumba –lo mismo que sucedió ocho años antes con Corona del Rosal–, protegido por sus compañeros del EMP, pues nunca se le cuestionaron sus ligas con esa organización.

Menciona también que algunas reuniones y acuerdos relativos a la actuación de ese y otros grupos de choque aún no se han indagado. Destaca que encontró registros de una reunión del Partido Comunista con Díaz Ordaz en la que estuvieron Ifigenia Martínez, en su calidad de directora de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, y Félix Hernández Gamundi, dirigente del IPN. El encuentro fue en casa de Rodolfo González Guevara.

“Hay un documento que rescaté recientemente del Archivo General de la Nación, donde se dan los nombres de la gente que estaba vinculada a estos líderes eternos del 68 y cómo estaban vinculados, a través de qué y de quién, con Corona del Rosal. Son justamente encabezados por Álvarez Garín. No espero que estén de acuerdo conmigo; tampoco me importa. Los documentos son los documentos”, señala.

Para ella, la verdad sobre lo ocurrido no puede ser monopolio de unas cuantas personas. Por eso insiste en la importancia del rastreo documental.

“El criterio de verdad, tiene que ser el histórico, no el testimonial, porque esto sucedió hace 50 años y no puede seguir usándose para validar posturas políticas. Tenemos que ser capaces de traducir el pasado y estudiarlo como eso. No como el de los héroes a los que les debemos democracia, porque no es así.”

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Para ella, una verdadera democratización pasaría necesariamente por la apertura de todos los documentos. Esa es una exigencia que ha mantenido en los últimos años, en particular durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Las políticas y reformas legales de su gobierno cerraron más la información. Eso, sostiene, hace imposible la justicia histórica.

Y concluye:

“Se cerraron todos los archivos. Porque para las élites es un poco como la Caja de Pandora… Si queremos construir algo, si queremos tener esperanza, tenemos que saber lo que pasó. La sociedad tiene derecho a saber qué fue lo que pasó para que no se repita.”

Este adelanto se publicó el 11 de noviembre de 2018 en la edición 2193 de la revista Proceso.

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