Los pueblos de Texcoco, por la recuperación del lago

Para los pueblos originarios de la zona, la cancelación del aeropuerto en sus propiedades no concluyó la discusión, pues ahora se trata del rescate del lago, la restauración ambiental –ante el daño devastador– y la defensa de su cultura. Son descendientes del señorío Acolhua, al cual perteneció el rey Nezahualcóyotl, y está en riesgo su continuidad, por la que lucharán “sin tregua”, a decir del antropólogo de la UNAM Itzam Pineda Rebolledo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), anunciada por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador el pasado 29 de octubre, no pone fin a la lucha de los pueblos originarios de la región de Texcoco.

Por el contrario, ahora pasarán de la protesta a la propuesta y planean, con renovado entusiasmo, participar en el rescate del lago, la restauración ambiental y la recuperación de su memoria, historia y cultura ancestral, que se remontan incluso más allá de la época del rey Nezahualcóyotl (1402-1472).

El maestro en Antropología Social, profesor investigador del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales del plantel Tezonco de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Itzam Pineda Rebolledo explica lo anterior. E informa que el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra está a la espera de la resolución del Juicio de Derechos Fundamentales para probar que son pueblos originarios y pedir el cumplimiento de sus derechos culturales, entre ellos ser consultados de acuerdo con sus métodos tradicionales para este tipo de megaproyectos.

Como perito en materia de antropología, el profesor elaboró un dictamen para acompañar el juicio de los pueblos que lleva el Juzgado del Noveno Distrito de Nezahualcóyotl. Recientemente se le solicitó una ampliación en la cual, basado en diversas fuentes, expone que hay evidencias arqueológicas de actividad social humana al noreste del antiguo lago de Texcoco desde hace 11 mil años. Las primeras aldeas y el inicio del proceso civilizatorio de la región se remiten a los siglos XI y XIII de nuestra era. 

Documenta que en la región floreció el señorío de Acolhuacan. Y presenta diversas imágenes: un petrograbado en el ejido de San Salvador; glifos del Códice Mendocino; representaciones de las cuevas de Coatlinchan, Huexotla y Tetzcoco, del Códice Tlotzin; la imagen de Atenco en el Códice Xolotl; y mapas diversos. Y destaca:

“…sustentándonos en fuentes arqueológicas, históricas, etnohistóricas y geográficas antiguas y modernas es posible afirmar la existencia de estos pueblos previa a la llegada de los europeos conquistadores.”

Las poblaciones formaban parte de una de las civilizaciones antiguas más importantes del territorio mesoamericano, y la importancia del señorío de Acolhua es compartida por otras culturas asentadas en la Cuenca de México. Ya en el siglo XVI, tras la conquista, es evidente la continuidad política y económica del pueblo de Atenco. Y agrega en entrevista con Proceso:

“Hay suficiente evidencia de que los pueblos que están en la región e iban a ser afectados en primera línea por el aeropuerto, son descendientes del señorío Acolhua, al cual pertenecía Nezahualcóyotl, y que la alteración de su territorio pone en riesgo su continuidad.”

Se entregaron tres dictámenes periciales en diferentes etapas del juicio. El juzgado pidió uno más, hecho por un perito tercero en discordia, contratado por el mismo juzgado, que también dio la razón a los pueblos y demuestra, si bien con menos pruebas y un trabajo menos exhaustivo, lo señalado por Pineda Rebolledo y admite el derecho de los pueblos a la consulta.

Ahora están esperando el resultado de este proceso, y a la expectativa de que no haya sobreseimiento derivado de la cancelación del NAICM, pues desean que sea un antecedente jurídico para la defensa de los pueblos. Será entre marzo y julio de 2019 cuando se dé la resolución.

Texcoco vive, la lucha sigue

Luego del anuncio de López Obrador de no continuar con el proyecto en Texcoco y optar por Santa Lucía, analistas políticos, de economía, medios de comunicación y empresarios, entre otros actores, hablaron de las pérdidas millonarias, de la mala imagen de México ante los mercados internacionales y los inversionistas, y otros efectos que lastimaron el prestigio del gobierno.

Para Pineda Rebolledo era natural “esta especie de andanada, más sabiendo en manos de quienes están los medios de comunicación y los intereses cruzados… están haciendo su labor”. Dice que durante décadas el poder económico ha estado acostumbrado a hacer negocios al amparo del Estado, y los políticos creen que deben rendir pleitesía a los empresarios.

Así, mientras López Obrador se reunía “en un restaurante lujoso” con los empresarios, no se mencionó nada de los derechos culturales de los pueblos, ni se les dio espacio en los medios para exponer las afectaciones que han padecido –desde que Vicente Fox decidió expropiar sus terrenos en San Salvador Atenco para el proyecto (incluidas violaciones graves a los derechos humanos, documentadas en varios números de Proceso):

“Cerros devastados, los ríos revestidos, manantiales afectados por la extracción de material pétreo. El daño es enorme y aún no se ha realizado un estudio a fondo. Algunas investigadoras, por ejemplo, Fernanda Paz (del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM) hizo un recorrido para hacer una sistematización de los daños, pero fue muy precipitado y al calor de la campaña con miras a la consulta sobre la viabilidad del aeropuerto.”

Precisa que el proyecto no llevaba más del 20% de avance, pero el daño ambiental ha sido devastador y las pérdidas económicas en este aspecto no han sido tasadas. Tampoco se ha hablado de la restitución de las tierras privatizadas en el gobierno panista de Felipe Calderón “con engaños, pues a algunos ejidatarios se les vendió la idea de que se haría un parque ecológico. Otros les advirtieron que era un fraude y que el proyecto del aeropuerto seguía vivo, lo cual se confirmó con la llegada de Enrique Peña Nieto”.

Y un efecto incuantificable, lamenta, es el quebrantamiento del tejido social, pues hubo división, encono y hasta violencia en las comunidades “por vía de la corrupción de las autoridades locales, de los auxiliares, de los delegados y de los presidentes municipales de la región, y de muchos pobladores afines al régimen priista”. Algunos apoyaron el proyecto y otros optaron por la defensa de sus derechos.

Por eso, cuando se habla de que el próximo gobierno dará una batalla jurídica para evitar multas por la cancelación del aeropuerto, Pineda piensa que con “toda la devastación”, los empresarios “salen debiendo”; ellos deberían indemnizar a las comunidades que han padecido violencia, asesinatos y hostigamiento cotidiano:

“Buena parte de los fondos que estaban destinados al aeropuerto y de las multas por daños ambientales, deberían destinarse a la restitución ambiental, la recuperación de la zona lacustre, la restauración de las zonas devastadas. Es una cuestión que no quedará ahí, por lo menos en la voz de las comunidades he percibido este impulso por dirigir hacia allá la lucha.”

No habrá tregua hasta que se retiren las máquinas, se derribe la barda perimetral y se recupera el paisaje; hasta que la cancelación sea legal, se hagan estudios concretos sobre los daños y haya un resarcimiento económico y multas por la devastación.

Se le pregunta si ve una contradicción entre el discurso del Programa Especial de Cultura y Arte de Peña Nieto, donde se planteó la “restitución del tejido social” afectado por la violencia en el país a través de la cultura –idea retomada por la futura secretaria de Cultura, Alejandra Frausto–, y el quebrantamiento y división entre los pueblos del que habla.

En su opinión es la “lógica” de decisiones elitistas tomadas desde los escritorios, cuando la reconstrucción del tejido social es desde abajo, en organizaciones de madres buscando a sus hijos, familiares de desaparecidos y comunidades afectadas en la vida cotidiana por los megaproyectos. En el caso de Atenco y los pueblos del norte de la cuenca, el valle de Chalco, la Sierra Nevada, están dispuestos a reconstruir a partir de su historia, sus instituciones sociales, culturales y económicas, y generar un desarrollo de otro tipo.

Plan hídrico comunitario

El investigador explica a partir de los estudios geológicos, que el sistema lacustre de la cuenca está conformado por cuerpos acuíferos de Chalco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan. La construcción del aeropuerto desecaría la zona más profunda, esto es, debajo de la plancha de concreto. Un primer anillo de afectaciones es una zona de más de 2 mil hectáreas de cultivo aledañas a la zona perimetral oriente de la construcción, por la desecación de los mantos hídricos subterráneos provenientes de dicho sistema. Aún se dan las últimas lluvias del ciclo 2018, pero hacia el final del estiaje, en abril y mayo próximo, se resentirá la ausencia del agua que estuvieron extrayendo.

Un segundo anillo son los municipios de Ecatepec, Chimalhuacán y Texcoco, más alejados, donde habitan alrededor de 4 millones de personas, como señala el estudio de los geólogos entregado a López Obrador. Ahí habrá, en el corto plazo, hundimientos y agrietamiento en el patrimonio de la gente (casas, pero igual escuelas y hospitales). Ya lo resienten las zonas de Chalco, Tláhuac e Iztapalapa.

Además, la desecación jamás terminaría porque el sistema hidráulico subterráneo no puede detenerse. Ello obligaría a trabajos de mantenimiento por los hundimientos diferenciales con un costo del 10% del total de la obra en los primeros años, y a al final de un 25% anual.

En las comunidades, sin embargo, había un ambiente de hostilidad, miedo y falta de participación, como resultado de 17 años de imposición. Cuando se habló de la consulta e inició la campaña “Yo prefiero el lago”, se reactivó la participación. A partir del 28 de octubre comenzó a tomar forma la idea de la restauración ambiental y la recuperación de la región, de su contexto cultural e histórico, y se piensa ya en un plan de desarrollo alternativo. 

En zonas como Jagüeyes, donde se hacen rituales de agradecimiento de petición de lluvias cada 3 de mayo, y otras con una sabiduría ancestral sobre el manejo del agua (Chalco y Tláhuac) se piensa en elaborar un plan hídrico de desarrollo comunitario a nivel regional. E investigadores y estudiantes de diversas disciplinas están colaborando pues “nosotros decimos, es el mejor momento de darle la vuelta a la tortilla”.

Quizá “utópicamente”, dice, pero la cancelación es una oportunidad para inaugurar una forma distinta de hacer las cosas en México: con la participación de los pueblos en los planes sobre su futuro. Se pueden organizar, reaprender y recrear su cultura para manejar sus territorios, como ejemplo también para otros pueblos. Lo importante es que la clase política se desacostumbre a la idea de la toma de decisiones con prisa, ejecutadas de arriba para abajo, y al servicio económico de los grandes empresarios.

En este sentido, aclara que también los pueblos están a la expectativa de que no venga nuevamente el gobierno a imponer un proyecto para esta zona, pues se ha hablado en los medios de un parque ecológico y se advierte del peligro de que la región sea botín de otras empresas. No se puede caer en la misma lógica, señala el antropólogo, y dejar en manos de la rapacería inmobiliaria que se ve en las ciudades (por ejemplo), la recuperación:

“Podrán tener un plan para Texcoco, pero tendrán que escuchar la voz de los pueblos y entender cómo es su participación. Tienen otro ritmo, es mucho más compleja, no siempre va hacia adelante, a veces da pasos atrás. Entonces habrá que calcular las fuerzas –algunas podrán ser contradictorias– para llevar a esta región a ser un ejemplo de rescate ambiental, social y cultural, y convertirla en un patrimonio histórico de México, y también en un atractivo para quienes quieran conocer un poco más a profundidad la cultura del país.”

E insiste en el diálogo con los pueblos para pasar de la resistencia de 17 años a la propuesta de desarrollo de una región que “finalmente es su territorio, lo han ocupado desde hace ochocientos años y eso nunca se entendió”. Han “machacado” sobre su derecho a la consulta, establecido en el artículo 2º de la Constitución Mexicana, que habla de la autodeterminación de los pueblos, como en el 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Se le pregunta si fue adecuada la consulta sobre el NAICM del 25 de octubre pasado, en tanto que fue universal y generalizada y no acorde con la descripción que hace de una consulta a los pueblos originarios. Considera que fue “una ruta política delineada por el gobierno electo de López Obrador”, pero no es la estipulada en los convenios internacionales, que debe hacerse cuando hay un megaproyecto que pretende imponerse sobre sus territorios:

“Esperemos que no se imponga esta forma de consulta dirigida a todo mundo, mediante urnas y voto universal secreto, para todos los proyectos que afectan los territorios de las comunidades. Para los pueblos deben ser previas, libres, informadas, de buena fe y culturalmente adecuadas. Es decir, coincidir con la forma como acostumbran decidir, si por asamblea o convocando por perifoneo, y no se hacen de un mes para otro, puede tomar hasta dos años el proceso de deliberación, toma de acuerdos, ejecución y seguimiento de los resultados.”

No obstante el método de consulta aplicado, percibe alegría por el resultado y agradecimiento en las comunidades afectadas, organizadas en el Frente de Pueblos, hacia muchas organizaciones que los han apoyado:

“Hasta se pone la piel chinita, porque fue lo que sembró en estos diecisiete años. En cada movilización, fuera de estudiantes, gremial, de padres de desaparecidos, siempre había un contingente, aunque fuera pequeño, del Frente. Eso lo cosecharon y tienen fuerza suficiente para plantear la forma de desarrollar su propia región y ser ejemplo para otras luchas.”

Se le pregunta para finalizar si el proyecto en Santa Lucía afectará a otras comunidades. Dice no saber mucho al respecto, pero hacia esa zona está el lago de Zumpango, a unos 17 kilómetros del aeropuerto, y las poblaciones de Tecámac (afectadas también por el NAICM en Texcoco) están preocupadas por el agua.

Considera que pueden encontrarse más alternativas, analizarse con más calma, si no se piensa sólo en las ganancias económicas.  

Este reportaje se publicó el 11 de noviembre de 2018 en la edición 2193 de la revista Proceso.

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