El sepulcro, lo que le espera al PRD: Amalia García y Carlos Navarrete

Consejo Nacional del PRD. La debacle. Foto: Miguel Dimayuga Consejo Nacional del PRD. La debacle. Foto: Miguel Dimayuga

El cúmulo de males que mantienen agónico al PRD, que llegó a ser el puntal aglutinador más notable de la izquierda, un instituto político con fuerza creciente y comprometido con las causas sociales más importantes del país, sigue empujándolo hacia su muerte. Dos expresidentes de ese partido, Amalia García y Carlos Navarrete, realizan un crudo diagnóstico en el que advierten sobre ese peligro inminente que acecha al perredismo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El proyecto partidario más importante que construyó la izquierda en su historia de casi un siglo, el PRD, enfrenta el peor desplome electoral desde que se fundó como partido, la quiebra financiera y el éxodo de liderazgos que lo tienen casi en el sepulcro.

Desde 2006, cuando obtuvo el mayor voto en su historia, más de 35%, con Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial, la preferencia ciudadana por el PRD fue cayendo, sobre todo después de la renuncia de aquel tras la elección de 2012, hasta llegar a 5.5% en la de julio último.

“La situación es enormemente compleja, porque de mantenerse esta tendencia y de no corregir de fondo, lo que viene es la extinción del PRD en 2021”, admite Carlos Navarrete, expresidente de ese partido.

Con un presidente provisional, José Ángel Ávila, sustituto de otro también provisional, Manuel Granados, que vivió el colapso electoral en su alianza con el PAN, y con los jefes de las corrientes conduciendo la discusión sobre su futuro, como ocurrió en el XV Congreso Nacional, celebrado este sábado 17, el PRD debe definir su posición ante el gobierno de López Obrador y hacer una reforma radical en su vida interna.

 “Estas dos piernas son las que están atrofiadas. Si no las resolvemos bien –qué hacemos frente al gobierno de López Obrador y qué hacemos con la vida interna del PRD–, su renacimiento será su fase terminal en 2021”, advierte Navarrete.

–¿Su fase terminal?

–La culminación de esta fase de deterioro. 

–¿El sepulcro?

–Sí, sí.

Amalia García, quien también presidió el PRD y renunció a su militancia en repudio a la alianza con el PAN, afirma que el paulatino deterioro de ese partido por abandonar sus causas lo tienen moribundo. 

“El desgaste que ha vivido a través de los años, porque no es un proceso de un día para otro, lo tiene en una etapa casi terminal. Y esta etapa casi terminal es por el alejamiento de las causas que se planteó defender.”

En entrevistas por separado, García y Navarrete ponderan las contribuciones del PRD desde que se fundó como tal en 1989, un año después del movimiento encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, su tres veces candidato presidencial, quien terminó también renunciando a su militancia.

Además de Cárdenas, renunciaron, asimismo, los expresidentes Porfirio Muñoz Ledo, Leonel Godoy, Pablo Gómez, Leonel Cota y Agustín Basave, el más reciente. También salió Rosario Robles por el escándalo de Carlos Ahumada. 

Para García, quien lo presidió tras la gestión de López Obrador y una elección que se repitió por prácticas sucias, el PRD fue perdiendo con el tiempo capacidad de debate y de análisis, se alejaron de él los intelectuales progresistas y las corrientes adquirieron más poder que los órganos estatutarios.

“¿A dónde se llegó en los últimos años? Se citaba a sesiones del Consejo Nacional, dejaban los dirigentes del CEN y de las distintas corrientes esperando durante horas o días, hasta que ellos salían con un acuerdo, no de línea política necesariamente, no con planteamientos para que fueran discutidos por toda la militancia, sino, y esto es parte del deterioro, los grandes acuerdos eran sobre la distribución de espacios, tanto en la estructura interna del partido como en candidaturas.”

Miltante de izquierda desde el Partido Comunista, fundado en 1919, García dice que un “punto de quiebre” para el deterioro fue abandonar los comités de base, donde había mística, y al crearse las Brigadas del Sol.

“Cuando se conforman las Brigadas del Sol, que fue un punto de quiebre, comenzó a pagárseles. Y esa es una diferencia entre militar por convicción con mística a tocar puerta y repartir volantes con un sueldo.”

–Eso se inició con López Obrador y Robles.

–Sí. Ella era la secretaria de Organización. Fueron muy exitosas las Brigadas del Sol, pero al mismo tiempo la militancia, que significaba entrega, se rompe. 

García renunció al PRD porque ya no había espacios de participación y en protesta por la alianza con el PAN y por la postulación de Anaya como candidato presidencial, ya que siendo ella diputada atestiguó el comportamiento desaseado para procesar las reformas del Pacto por México, sobre todo la energética.

“Es una de las mayores traiciones a la soberanía del país y su patrimonio, y sin el menor análisis y la menor discusión, la dirección del PRD lo postula para la Presidencia. Era para mí inaceptable.”

Fue la culminación, añade la exgobernadora de Zacatecas, de un proceso de degradación del PRD, que fue un “partido formidable” que abrió camino a la democracia, el respeto a los derechos humanos, de las mujeres –“el primero que estableció las cuotas de género”–, de la comunidad LGBT y de los pueblos indios. 

“Esta historia formidable es asunto del pasado, se dejó atrás y no continuó con esas causas y ese acercamiento con la ciudadanía”, dice García con tristeza.

Réquiem

Fundador del PRD como García, Navarrete dice que ese partido se agotó tras casi 30 años, porque se transformó de un partido de luchas sociales y electorales en sólo una maquinaria electoral.

Sin embargo, logró muchos de los objetivos que se propuso en sus orígenes, como el respeto al voto, la autonomía de los órganos electorales, la ruptura del monopolio informativo, el respeto a los derechos humanos. 

“Hoy México es muy diferente, entre otras razones gracias a la lucha del PRD en 30 años”, subraya Navarrete, quien presidió ese partido del 5 de octubre de 2014 al 6 de noviembre de 2015, una gestión marcada por la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa y la primera derrota del PRD ante Morena.

“Me tocaron las dos etapas más adversas del PRD. Como secretario general, con Godoy me tocaron los escándalos de Rosario y René Bejarano, que nos cimbraron terriblemente”, evoca, pero contrasta con el caso de los normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos el 27 de septiembre de 2014.

“Ese tema me explota en las manos seis horas después de asumir. A mí me eligen a las dos de la mañana, y a las ocho de la mañana, en mi primera entrevista de radio, tengo que hablar de las tumbas clandestinas en Iguala y del gran escándalo que duró meses. Fue el momento político y personal más ­difícil de toda mi vida y personal. De esto el PRD no se ha terminado de recuperar. Fue un golpazo.”

Pero el PRD, dice, también llegó a su actual situación por la ruptura con López Obrador y porque éste lo convirtió en un objetivo político para terminar con él. La prueba es que con todos se alió, menos con su expartido. 

También la dirección del PRD cometió el “gravísimo error de carácter estratégico” de aliarse con el PAN, que incluía un “elemento suicida”: Aceptar un convenio para ir en sólo 93 distritos con candidatos propios. 

“Es decir, por primera vez en 30 años, el PRD no tuvo candidato presidencial propio y sólo hizo campaña en 93 de los 300 distritos. Después de este error garrafal, fue una hazaña haber sacado 5.5% de los votos.”

Y, más aún, de los 3 millones de electores que votaron por el PRD para senadores y diputados, 45% dio su voto a López Obrador; 55% votó por Ricardo Anaya.

“¿Qué demuestra esto? Que casi la mitad de nuestro electorado fiel, lo que quedó de ese 5.5%, hoy está de fiesta porque votó por López Obrador para ser su presidente.”

Por cierto, Navarrete recuerda que el PRD comenzará a pagar en enero la multa de 120 millones de pesos que le impuso el Instituto Nacional Electoral (INE) por el rebase de gastos de la campaña de López Obrador en 2012, lo que agravará la crisis financiera del partido. 

“Es tan hábil Andrés que no sólo nos redujo a 5.5%, sino que nos dejó endeudados con el INE”, dice riendo, pero, ya serio, enfatiza que el reto fundamental del PRD es definir dos cosas: La primera, cómo caracterizar al gobierno de López Obrador y, en función de eso, qué comportamiento asumir frente a él. 

“Si no unificamos una visión del perredismo alrededor de esto, corremos el riesgo de que lo que resolvamos no sea acompañado por nuestro electorado o que cada grupo interno tenga una posición respecto al gobierno y no habrá un solo mensaje.”

Y la segunda es cómo recomponer la vida democrática interna del PRD, porque las corrientes ahogan la participación de los militantes del PRD y de dirigentes estatutarios. 

“Estoy convencido de que hoy el principal lastre del partido, orgánicamente, es la existencia de corrientes internas que se apropian de las decisiones fundamentales, en donde un puñado de dirigentes, históricos por cierto, no más de seis-siete, toman todas las decisiones al margen de cualquier órgano institucional.”

Añade: “Hemos convertido las corrientes en las dueñas del PRD y de sus decisiones. No hay una hoja que se mueva si antes no pasa por el reparto de cuotas, de candidaturas y de dirigencias llevado al extremo del absurdo”.

Lo que el PRD debe hacer es, primero, saber con cuánta gente cuenta y reformar los documentos básicos para eliminar las corrientes como grupos de presión y darles mayor fortaleza a los órganos de dirección. 

Navarrete tiene “esperanzas moderadas” sobre el futuro del PRD, que pasa por definir la relación con López Obrador y transformar su vida interna mediante un Congreso, en 2019, y luego elegir a dirigentes con un plan de trabajo.

“Esa es la ruta del PRD. Si esto cuaja, tendremos una oportunidad. Pero si las corrientes se amarran, si no reforman el estatuto, si se mantiene encerrado, si nada más le dan la vueltecita y siguen con lo mismo, no habrá futuro.”

–Sería el fin.

–El inicio del réquiem. 

Estas entrevistas se publicaron el 18 de noviembre de 2018 en la edición 2194 de la revista Proceso.

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Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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