Morrissey, poesía rock contra el maltrato animal

Morrisey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso Morrisey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso

CUIDAD DE MÉXICO (apro).- El público de Morrissey simplemente es insaciable: lo aman y adoran hasta la locura; siempre quieren más. Y el cantante sabe corresponder con característica elegancia británica.

“¡Morrissey, Morrissey, Morrissey!”, gritaban sus fans a todo pulmón anoche en el Auditorio Nacional, y el ex líder de The Smiths respondía:

“¡México, México, México!”.

Bajo esa constante de irradiante amor correspondido entre seguidores y Steven Patrick Morrissey, transcurrió el espectáculo donde entregó un selecto repertorio de poco más de una hora y que fue más allá de sus rolas reconocidas.

Morrissey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso
Morrissey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso

Pasaban las 21:00 horas cuando emergió la celebridad de 59 años de edad, portando sencillamente unos jeans oscuros y una playera con el retrato del galante actor estadunidense James Dean (1931-1955).

“¡Casa, casa. Amor, amor!”, expresaba el rockero con rotunda apertura al oírse los acordes de William, It Was Really Nothing, y así evocar sus orígenes con The Smiths.

“¡Yo estoy feliz!”, afirmaba el vocalista y letrista mientras estrechaba las manos de quienes decidieron no sentarse en las butacas y pasar todo el tiempo de pie, con tal de estar lo más cerca posible del ídolo oriundo de Davyhulme, Urmston, donde nació el 22 de mayo de 1959.

Alma Matters, I Wish You Lonely y Is It Really So Strange? (The Smiths), retumbaron ante 8 mil 765 personas que disfrutaron de una producción que destacó por su iluminación colorida y al fondo una pantalla para ilustrar cada corte.

Siempre sonriente, el artista (también apodado Moz) pasó por incesantes ensoñaciones con una banda que hizo gala de un majestuoso rock al compás de Hairdresser on Fire, Sunny y How Soon Is Now?.

Especial fue la interpretación de Back on the Chain Gang, como tributo a The Pretenders, y mostrando un disco en acetato para regalar a algún afortunado fan tras remarcar que es su nuevo sencillo del reciente álbum Low in High School (2017), el cual lo trae girando por el mundo a la par de This is Morrissey (2018).

Su respeto a los animales siempre invade cada escenario que pisa y esta vez no fue la excepción; por tratarse de un activista radical, ningún alimento se vendió ni consumió en el vestíbulo del Auditorio, dando paso a stands de asociaciones como Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA, por sus siglas en inglés) o Animal Heroes, promocionando alternativas veganas, además de regalar tarjetitas que inscribían: “¡Comer carne es asesinar!”.

Morrissey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso
Morrissey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso

Y así clamaba Morrissey:

“¡Toros sí, toros sí!” con The Bullfighter Dies (que significa “El torero muere”) en la que reprocha la llamada “fiesta brava” cantando en inglés:

Loco en Madrid/ Enfermo en Sevilla/ Solitario en Barcelona/ Entonces alguien te llama y tú celebras/ ¡Hurra, hurra! El torero muere…/ Y nadie llora / Porque todos queremos que el toro sobreviva…

Por ello no es extraño que Morrisey enviara una carta al Senado de nuestro país donde pide impulsar una “Ley General de Bienestar Animal”, misma que enseñó en redes sociales el legislador morenista Martí Batres.

A sus fieles se les escuchaba suspirar y berrear:

“Papito, hermoso, guapo, eres un Dios, maestro”, cuando se sentía If You Don’t Like Me, Don’t Look At Me y Munich Air Disaster 1958. Sonidos melancólicos dieron rienda a Dial-a-Cliché, en tanto se iluminaba la frase: “What Would You Do If You Weren’t Afraid?” (¿Qué harías si no tuvieses miedo?). Jack el Destripador, Break Up the Family, Life Is a Pigsty y Hold On to Your Friends mantenían el incesante frenesí que estalló cuando subió inesperadamente un chavo para abrazar a Morrissey; incluso otros más lo intentaron, sin lograrlo.

A esa pasión locuaz y colectiva se sumaba Morrissey quitándose su playera y lanzándola a la multitud enardecida de ver su torso desnudo, al interpretar Jacky’s Only Happy When She’s Up on the Stage. Uno de sus músicos proclamó en español:
“México, muchas gracias, te adoramos. Un mensaje del jefe Moz: ‘Está en su casa, está contento, está feliz’. Todos somos México y todos somos Morrissey”.

Tanto banda e intérprete corrían tras el entarimado para salida en falso y finalmente entonaron Everyday Is Like Sunday. A los músicos se les podía observar portando camisetas con la insignia de que pertenecen a la Milicia por los Derechos de los Animales (Animal Rights Militia), en un acto más de espíritu contestatario.

Morrissey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso
Morrissey en el Auditorio Nacional. Foto: Carlos Enciso

Sin mayor parafernalia, Morrissey gemía con infinita y notable sinceridad: “¡Los amo, los amo, los amo!”. Graciosa huida, cuando los presentes esperaban más. Las luces se encendieron proyectando un video de un suicida disparándose. Así se daba por entendido que no regresaría y todo había concluido cuando eran las 22:25 horas.

El público insaciable daba cuenta del selecto banquete brindado para quedar satisfecho; las miradas asentaban la alegría por un show diferente y más íntimo, a diferencia de los pasados en el Palacio de los Deportes en el 2017 y el festival Vive Latino 2018.

Así, Morrissey mantuvo esa actitud punk y un universo vegano que nuevamente compartirá este viernes 23 de noviembre en el Auditorio Nacional.

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