“La soledad de los vencidos”, apropiación sobre el 68

La soledad de los vencidos. Foto: Especial La soledad de los vencidos. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Cualquiera que logre atravesar Santa Fe hasta la Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalpa, quedará sorprendido con la visión de un camión modificado especialmente para la insurrección y la toma del espacio público.

“La soledad de los vencidos” es un circuito de intervención para sitios específicos orientado a la investigación, discusión y práctica de acciones situadas. El programa, que conmemora los 50 años del movimiento estudiantil de 1968, está organizado por la UAM Cuajimalpa a través de la Comisión de Proyectos Especiales, el Laboratorio Resonancias y Colectivo Nadie.

El autobús intervenido se encuentra modificado con altavoces y escalera para subir al techo del mismo y alentar a las masas desde ahí. Fortino, su conductor, presume de haber participado en un aproximado de 230 marchas al año. Los viajantes están en manos expertas en el arte de la protesta ciudadana.

Una muchacha recibe a los participantes mientras declama por un altavoz una reflexión sobre la protesta. Dentro del camión esperan Ángel Hernández –coordinador del proyecto– y otros miembros del Colectivo Nadie: Judith Ferreras, Lucero Arreola, Michelle Anguiano, Mario Deance, Guillermo Navarro, Estefanía Vega, Sebastián Novoa y Manuel Delgado Plazola, quienes serán los guías y cómplices en el recorrido. El autobús servirá como cuartel, tribuna pública, objeto de protesta y medio de transporte colectivo.

Las reflexiones que detonan este circuito de intervenciones artísticas al espacio público están basadas en las preguntas: “¿Los vencidos están destinados a la soledad?” “¿Quiénes fueron los perdedores en los eventos políticos que sucedieron en México durante 1968?”.

El primer recorrido, llevado a cabo el 30 de octubre, llevó por título Los días que no debieron ocurrir. El camión arranca cuando los alumnos y trabajadores de la universidad que se inscribieron previamente en redes sociales ya están a bordo.

Mientras el transporte se dirige a la primera parada, el puente Octavio Paz, se nos reparten poemas del escritor ganador del Nobel para que sean intervenidos y el grupo se reapropie de sus palabras. Se nos informa que el vehículo parará el tránsito del puente durante unos minutos para que se repartan las creaciones de cada uno a otros conductores. Karlos Atl, poeta escénico, se sube al techo del camión mientras se detiene el tráfico y pronuncia un discurso sobre el amor y la poesía.

Don Fortino arranca de nuevo y Ángel relata la historia de dos estudiantes enamorados que escaparon de la ciudad un par de días antes de la masacre de Tlatelolco. Cuando se enteraron de la noticia, vivieron como una tragedia no haber participado de la marcha y haber salido impunes, a diferencia de sus compañeros. Se nos informa que esos dos personajes se encuentran persiguiendo al camión en otro vehículo, y cuando el carro se empareja, una chica hace llegar una carta por la ventana. Al abrirla, el coche ha desaparecido y se abre un mensaje cifrado sobre el amor y la tragedia.

En la siguiente parada, en los alrededores de un mercado, se realizan tres talleres: uno sobre retrato hablado de personas ausentes; otro para hacer una máscara para la protesta a partir de camisetas, y uno más de redacción epistolar para desaparecidos.

La comitiva se dirige entonces hacia el domicilio conocido del expresidente Luis Echeverría, donde se debate sobre cómo reapropiarse del espacio público.

Alguien saca un balón de futbol y los participantes juega una cascarita frente a la casa del exmandatario, jamás condenado. Otra persona propone dibujar un número 68 sobre el balón y, después de firmarlo todos, vuela hacia la casa, en lo que parece un accidente programado.

Para entonces ya es de noche y el último punto del recorrido es la rectoría de Ciudad Universitaria, donde Lía Hernández narra el testimonio de sus padres, participantes de la marcha del 2 de octubre, que salvaron sus vidas, pero perdieron sus zapatos. Se construye una instalación de libros y calzado alrededor del asta bandera de CU, y Lía interpreta como último acto una coreografía en la plancha de la rectoría.

El segundo recorrido se realizó el día después y llevó el título de Anticelebración de una olimpiada. Esta vez el circuito tuvo como punto de llegada la plaza de las Tres Culturas de la unidad habitacional de Nonoalco-Tlatelolco, pasando antes por la excárcel de Lecumberri, hoy Archivo Nacional de la Nación.

El tercer recorrido, completamente gratuito, tendrá lugar el 5 de diciembre, lleva por título Criminalización de la juventud: bitácora del amor rebelde, y transportará a los participantes que se registren en la página de Facebook de “La soledad de los vencidos” desde la UAM Cuajimalpa y por toda la avenida Reforma.

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