Arabia Saudita: el príncipe Mohamed bin Salmán en riesgo de perder la corona

Mohamed bin Salmán. Foto: Saudi Royal Court Mohamed bin Salmán. Foto: Saudi Royal Court

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- La guerra en Yemen, que ha provocado la peor crisis humanitaria de este momento en el mundo, podría empezar a resolverse mediante la apertura de negociaciones; y el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán (MBS), que ha provocado caos y muerte en Medio Oriente con sus agresivas políticas, podría estar a punto de perder la carrera por la corona saudita.

El único dique que contiene el desenlace de estos procesos es el presidente estadunidense Donald Trump, quien a pesar de que ha tenido que ceder desde su postura de negar de tajo cualquier implicación de MBS en el asesinato del periodista Jamal Kashoggi, y admitir que el príncipe “quizás sabía”, ha reafirmado su férrea decisión de blindarlo de las presiones y de todo tipo de sanción, pues lo estima como un “gran aliado”.

El pasado 13 de octubre, Trump prometió un “severo castigo” contra Arabia Saudita si se demostraba que el de Kashoggi había sido un crimen de Estado. El sábado 17, cuando la CIA filtró que sus investigaciones confirmaban el involucramiento de MBS, quien controla los asuntos del reino de su padre el rey Salmán, Trump insistió en que nada estaba demostrado y prometió un informe completo para el lunes 19 o martes 20.

Este último día, cuando el documento que anunció no fue publicado, quiso cerrar el tema al comentar que lo que en realidad ocurrió “puede no llegar a saberse nunca” y que, si bien “podría ser que el príncipe heredero tuviera conocimiento de este evento trágico, ¡quizá lo tuvo y quizá no!”. Para él, en todo caso, eso es irrelevante porque Arabia Saudita invertirá 450 mil millones de dólares en Estados Unidos (de los que 110 mil millones son compras de armamento) y Washington “seguirá siendo su firme socio para asegurar los intereses de nuestro país”.
“Trump rompió su palabra sobre Jamal Kashoggi. Así de sencillo”, publicó en un editorial The Washington Post, diario en el que colaboraba el periodista saudita.

Príncipe de la impunidad

Desde que su padre Salmán subió al trono a principios de 2015, Mohamed bin Salmán –que tenía 29 años y asumió las funciones ejecutivas sin tener experiencia administrativa o diplomática– ha acumulado un récord de represión y belicismo marcado por grandes errores.

Su primer paso fue formar una coalición con Emiratos Árabes Unidos, con respaldo logístico y de inteligencia de Estados Unidos y Gran Bretaña, para combatir en Yemen a la rebelión houthi (una tribu de la secta chiíta a la que también pertenecen los iraníes y que es rival de la secta sunita de los saudíes y emiratíes). Tenía la certeza de que el aplastante poder de fuego de sus fuerzas aéreas subyugaría rápidamente al enemigo. A tres años y medio, por lo contrario, el conflicto continúa sin avances significativos para los aliados y con un costo humano inmenso y creciente.

Después desató un grave conflicto diplomático con Catar y ordenó su bloqueo aéreo, terrestre y marítimo, esperando también réditos rápidos, pero el pequeño país ha resistido incólume. Hace un año, secuestró al primer ministro libanés Saad Hariri y lo obligó a renunciar en público, pero el escándalo fue tal que debió dejarlo ir y Hariri retornó a su puesto. Además de que ha continuado apoyando a milicias extremistas sunitas en Siria e Irak.

En el plano interno, para consolidar su poder, MBS hizo detener a numerosas figuras de la élite saudita y encarcelar a defensores de los derechos humanos. El miércoles 21, Amnistía Internacional denunció que los activistas en prisión –incluidas algunas que lucharon porque a las mujeres se les permitiera conducir automóviles- están sometidos a abusos y torturas, como descargas eléctricas y violaciones sexuales.

Desde esta cima de impunidad –según creen los observadores, la CIA y el gobierno turco–, ordenó el envío de 15 agentes secretos que asesinaron a periodista Jamal Kashoggi dentro del consulado saudita en Estambul, el 2 de octubre.

La operación fue realizada con el descuido de quien confía que podrá actuar sin provocar represalias: los hombres llegaron por la mañana, en avión, utilizando sus pasaportes verdaderos; ingresaron a la sede diplomática una hora antes que Kashoggi; simularon la salida de la víctima con un doble que fue seguido en todo momento por cámaras de seguridad; y volaron horas después de regreso a su país.

En un primer momento, Arabia Saudita aseguró que Kashoggi se había retirado, sin aportar evidencias. Cuando el escándalo arreció, dijo que el periodista había causado una pelea dentro del consulado y que había muerto en ella. Después presentó el asunto como un caso en el que sus agentes habían actuado por cuenta propia y anunció que cinco de ellos serían condenados a penas de muerte.

Distensión

Las consecuencias humanas y económicas de sus guerras y agresiones no fueron suficientes para poner en problemas al príncipe heredero. Pero el uso del privilegio diplomático para cometer un asesinato de Estado pareció colmar la paciencia de la comunidad internacional. No sólo de organizaciones y de países: también varias de las empresas más importantes del mundo anunciaron su retiro de los ambiciosos proyectos económicos de MBS.

Y esto llevó la atención hacia su guerra en Yemen, donde el grupo Save The Children advirtió el miércoles 21 que alrededor de 85 mil niños han muerto de hambre a causa del conflicto. El Programa Mundial de Alimentación advierte que unas 14 millones de personas están en riesgo de correr la misma suerte.

La primera ministra alemana, Angela Merkel, anunció que su nación dejará de venderle armas a Arabia Saudita, que son usadas en Yemen, y pidió a sus socios europeos hacer lo mismo.
De España a Gran Bretaña y de Francia a Suecia, se negaron a renunciar a sus negocios, pero incrementaron la presión sobre MBS para que abra negociaciones con los houthies que conduzcan al fin de la guerra.

En los hechos, esto se tradujo en el compromiso saudita de detener temporalmente los bombardeos (sobre el terreno, se reporta que continúan pero con una intensidad mucho menor); y sus rivales respondieron con la suspensión de los lanzamientos de misiles y los ataques con drones contra territorio saudita.

Estas medidas de distensión deberían facilitar el inicio de pláticas, tal vez tan pronto como a fines de este mes.

Sin embargo, el rechazo de Trump a exigirle cuentas a MBS puede hacerlo sentir que no le hace falta comprometerse verdaderamente en un proceso de paz, y que basta con implementar una simulación.

Rebelión silenciosa

Probablemente, no le será suficiente para salir de la crisis del caso Kashoggi. El descrédito en que ha hecho caer a Arabia Saudita ha causado malestar en el reino, y algunos de sus opositores dentro de la extensa realeza están avistando la oportunidad de desprenderse de quien los ha oprimido desde su ascenso al poder.

El martes 20, la agencia Reuters dio a conocer informaciones, obtenidas de fuentes de la corte real, que indican que “docenas de príncipes y primos de ramas poderosas de la familia real Al Saud quieren que cambie la línea de sucesión”, de manera que Mohamed bin Salmán no sea quien herede el trono.

No podrían alterar las cosas ahora mismo, ya que MBS es sin lugar a dudas el hijo favorito del rey Salmán. Esperarían, pues, a la muerte del monarca de 82 años. La dinastía Al Saud está compuesta de cientos de príncipes y en ella, a diferencia de las familias reales europeas, la sucesión no pasa automáticamente de padre a hijo, sino que el rey y los jefes de cada una de las ramas deciden en conjunto quién va a subir al trono.

El príncipe Ahmed, único hermano vivo del rey Salmán, es un candidato natural.

Pero hay un elector oculto, según se desprende del reporte de Reuters: Estados Unidos y sus agencias de inteligencia. Un alto funcionario de la Casa Blanca, no identificado, declaró que Trump, como se muestra en público, no siente la necesidad de distanciarse de MBS a pesar del escándalo Kashoggi, y que toma en cuenta que el rey Salmán mantiene su preferencia por el heredero.

Sólo un tema podría hacerle perder al príncipe el apoyo estadounidense: Reuters pudo ver una carta, fechada 15 de mayo, en la que MBS le pide a su ministro de Defensa que se familiarice con armamento ruso de alta tecnología, especialmente la plataforma de misiles antiaéreos S-400, la más avanzada.

Que Arabia Saudí masacre civiles en Yemen y asesine a un periodista no molesta en la presidencia de Trump. Pero que cambie de proveedores de armamento, es otra cosa.

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