Jorge Sánchez y su balance sexenal en Imcine

Jorge Sánchez. Diagnóstico. Foto: Octavio Gómez Jorge Sánchez. Diagnóstico. Foto: Octavio Gómez

Las cintas nacionales en la “industria de los sueños” lograron este sexenio un crecimiento sin parangón, afirma Jorge Sánchez, director del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). Entre 2013 y 2018 se produjeron 918 películas, con 184 en este año que concluye. Sin embargo, la problemática sigue siendo la distribución, como coincide con él, en entrevista por separado, Juan Carlos Domínguez.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En sus seis años de gestión al frente del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), que finaliza este 30 de noviembre, Jorge Sánchez Sosa logró cifras positivas para la cinematografía nacional; aunque él mismo reconoce: “el eterno cuello de botella es la distribución y exhibición, (así que) el problema es muy severo”.

De 2013 a 2018 se produjeron en total 918 películas mexicanas, de las cuales 184 se realizan en este 2018. De estas 184, el Estado apoyó 97 títulos. Sánchez Sosa destaca que “este año registró la más alta producción en la historia del cine nacional financiada a través de fondos o de estímulos públicos: Foprocine (32), Fidecine (10), Eficine Producción (55)”. Pero enseguida resalta que las 87 restantes son independientes, creadas por la iniciativa privada, de la cual aumentó también la participación.

En 2013 se crearon 126 largometrajes, 85 apoyados por el Estado y 41 producciones privadas. En 2014 se hicieron 130, de las cuales 94 fueron hechas con dinero del Estado y 36 son independientes. Para 2015 fueron 140; con apoyo del Estado, 94, y la iniciativa privada rodó 46. En 2016 se filmaron 162, de éstas 94 estatales y 68 privadas. Y para 2017 se elevó a 176 la producción, siendo 96 con apoyos del Estado y 80 independientes.

–¿Qué tan positivo es que esté creciendo tanto la producción de la cinematografía nacional en este momento?

–Es un fenómeno imparable por el acceso a las nuevas tecnologías, el cual es un mercado creciente. Hace 10 años, por ejemplo, qué íbamos a pensar en plataformas digitales. Nosotros estábamos acostumbrados a hablar por teléfono fijo, ahora ya los jóvenes ni siquiera hablan por teléfono, sino que se comunican por WhatsApp o por Instagram o no sé qué… Eso impulsa a muchos a filmar una película, y tienen el derecho, además, porque la tecnología es más accesible.

“Desde mi punto de vista, la dificultad es la distribución y la exhibición.”

–¿A pesar de que haya más plataformas en internet para ver cine?

–Es un conflicto muy fuerte. Por ejemplo, FilmStruck es un servicio de transmisión de películas de Turner Classic Movies que se adapta a los cinéfilos y se centra en el cine raro, clásico, extranjero, arthouse e independiente, que se lanzó en noviembre de 2016 y suspenderá su servicio el próximo 29 de noviembre. Guillermo del Toro hizo la petición a Change.org­ para que no desapareciera, pero no se logró nada. Los dueños de estas nuevas fusiones de AT&T y Time Warner (es el fenómeno del siglo) van dejando cada vez menos espacio a la producción audiovisual independiente y con contenidos artísticos y autorales.

FilmStruck es un enorme archivo dedicado a mantener vivo el arte del pasado. Sánchez destaca que 2018 cierra con 105 largometrajes mexicanos estrenados que se produjeron tres, dos o un año atrás. En 2013 fueron 101 los exhibidos en salas; en 2014, 68; en 2015, 80; en 2016, 90, y en 2017, 88.

–¿Qué tanta derrama económica deja el cine nacional?

–Ofrece un número importante de empleos.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2016 el cine creció cinco veces más que el conjunto de la economía nacional, generando más de 28 mil empleos, de los cuales 40% fueron ocupados por mujeres. Mientras que el gasto para consumir cine fue mayor que el de otros bienes y servicios culturales, como los libros y los conciertos, cifras que muestran la importancia que sigue teniendo el cine en la vida cultural y de entretenimiento entre la población mexicana. En el ámbito industrial, las producciones mexicanas costaron, en promedio, 24.8 millones de pesos.

Una repartición igual

–¿Qué hace falta para que ganen en partes iguales el productor, exhibidor y distribuidor?

–Por la parte que corresponde a esos acuerdos que tienen los productores o las distribuidoras con los exhibidores, son contratos privados. Nosotros, en las reformas y adiciones que se hicieron en 1998, en las que intervinieron María Rojo, Lázaro Cárdenas B., Javier Corral, etcétera, insistimos en que esos contratos quedaran plasmados en papel y que fueran de acceso público, pero se siguen haciendo de manera verbal y confidencial. Y si se usan recursos públicos, pues también deberían tener claridad y transparencia.

“Existe una mesa de cuatro patas donde están los distribuidores y los exhibidores, las plataformas digitales, la comunidad cinematográfica y las instituciones. Ojalá que en la próxima administración se logre la discusión. Nosotros no la pudimos tener, no nos lo facultaba la ley. Sí teníamos acuerdos parciales, básicamente con la parte de productores, con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, no exentas a veces de opiniones diferentes, o con la misma Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, pero es indispensable que la ley se rija por el interés colectivo y no sólo por los intereses de mercado.”

–¿Se necesita ampliar las funciones del Imcine?

–Cuando se genera una estructura orgánica dentro de una institución, ésta tiene que ser aprobada por la Secretaría de Hacienda, por ejemplo. Y Hacienda se rige más por criterios administrativos que sustantivos; entonces deben revisarse las estructuras y los organigramas en los que se sustenta una institución, como Imcine, para orientarla más hacia lo sustantivo.

Está a favor de que la Ley Federal de Cinematografía se renueve:

“Debe haber un nuevo marco jurídico para el audiovisual. Implica una visión renovada de la cinematografia y el audiovisual para insistir en el mercado y extenderlo al mundo digital, no se puede quedar en el mundo del celuloide.

“Y se están generando mes con mes, año con año, diferentes modalidades y formas de consumo y de producción también.”

Con respecto al cine en el nuevo tratado de México, Estados Unidos y Canadá ya acordado, opina:

“Desde mi punto de vista, lo que ahí se establece son derechos de ejercicio de soberanía de un país, es decir, que se establecen sus propias políticas públicas de fomento y subsidio, indispensables para que sobreviva una cinematografía nacional.

“Yo creo que hay unos ámbitos de mayor complejidad que tienen que ver con el comercio electrónico, con plataformas digitales, con pagos de impuestos, con derechos de propiedad intelectual, y yo no soy experto en ninguno de ellos.”

Acuerdos con Europa

En seis años, Sánchez Sosa se propuso acercar el cine nacional con el público mexicano.

Resalta que 2018 contabilizará alrededor de 30 millones 500 mil asistentes a las salas de cine en películas mexicanas, y 43 millones 200 mil de teles­pectadores a películas mexicanas de reciente producción en televisión abierta y de paga; y con los programas del Imcine, como la Semana de Cine Mexicano en tu Ciudad y las plataformas digitales Pantalla Cinema México y Filminlatino, en lo que va de noviembre han visto cine mexicano cerca de 74 millones de espectadores.

En 2017, 22 millones 400 mil personas fueron a ver cine mexicano en salas. En 2016 asistieron 30 millones 500 mil. En 2015, 17 millones 500 mil. En 2014 estuvieron en los cines 24 millones. Y en 2013, 30 millones 100 mil.

–Es compromiso del Estado difundir el cine mexicano en el extranjero. ¿Cómo fue esa labor?

–Contamos con un estímulo para los distribuidores locales de otros países que quieran adquirir y difundir el cine mexicano. Si no me equivoco, se destinan 15 mil o 25 mil dólares a su campaña de publicidad por película en un territorio determinado. El cine mexicano participó en varios mercados, como Cannes y Berlín. Por otra parte, surgieron acuerdos de coproducción, los cuales garantizan que una película se exhiba en un territorio determinado. Aquí sí hay una estrategia; por ejemplo, estamos firmando acuerdos con Suiza y Bélgica, que son países con capacidad financiera para la coproducción.

Se le recuerda que ya son 150 los festivales de cine en México, y asegura que seguirán surgiendo. Finaliza:

“Pero no debe reemplazarse la exhibición en las salas de cine. No hay que descuidar esta cuestión que en términos reales es la accesibilidad. Y, bueno, tomemos en cuenta que los centros comerciales intimidan a la gente que gana un salario mínimo de 3 mil pesos, y no sólo intimidan, sino que acotan el posible consumo por parte del ciudadano. Supongo que la próxima administración estará preocupada en expandir la accesibilidad al cine nacional. Los ciudadanos son quienes lo subsidian y lo hacen factible, lo hacen viable. Son nuestros impuestos, es dinero público.”

Este texto se publicó el 25 de noviembre de 2018 en la edición 2195 de la revista Proceso.

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Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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