Defensa victimiza a El Chapo ante jurado de la Corte Federal en Nueva York

NUEVA YORK (apro).- Eduardo Balarezo, abogado de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, victimizó a su cliente ante el jurado de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, donde el gobierno de Estados Unidos lo acusa de 11 delitos relacionados con el tráfico de drogas.

El defensor de Guzmán Loera aprovechó el interrogatorio al colombiano Germán Rosero para destacar que su cliente es víctima de una conspiración para castigarlo por delitos que no cometió y que el Departamento de Justicia exagera en su magnitud.

En respuesta a preguntas de la fiscal Gina Palavecchio, Germán Rosero –intermediario en México del Cártel del Valle del Norte (CVN) para establecer alianzas con el Cártel de Sinaloa para exportar cocaína a Estados Unidos– relató episodios de sus encuentros con El Chapo para concretar negocios de tráfico de narcóticos en la Sierra Madre Occidental, en la zona conocida como Triángulo Dorado.

“Me reuní con él como en seis u ocho ocasiones en fincas en la Sierra (de Sinaloa que colinda con Chihuahua y Durango), a las que llegaba a bordo de aviones que aterrizaban en pistas clandestinas”, dijo.

En sus respuestas a Palavecchio, el intermediario en México del colombiano Juan Carlos Ramírez Abadía, exlíder del CVN, precisó que en las fincas señaladas había casas sencillas, sin lujo, y que el capo de una de las fracciones del Cártel de Sinaloa siempre estaba armado y resguardado por sus pistoleros.

“Siempre llevaba pistola. En una ocasión lo vi con un rifle AK47 chapado en oro que tenía incrustaciones de piedras preciosas”, apuntó Rosero, conocido también con el apodo de ‘Barbas’.

Abogado de profesión, Rosero, quien de 1998 a 2006 trabajó como emisario del CVN en México, admitió que él coordino el envío de por lo menos 15 cargamentos de cocaína colombiana para el Cártel de Sinaloa, algunos directamente asociados a El Chapo Guzmán.

En la sala del juez Brian Cogan, Barbas subrayó que en las reuniones que sostuvo con El Chapo, a partir de 2002, éste dio instrucciones para que algunos de sus socios, entre ellos los hermanos Arturo, Héctor y Alfredo Beltrán Leyva, además de Ignacio Coronel, Ismael El Mayo Zambada García y Julio Beltrán –un narcotraficante también perteneciente al Cártel de Sinaloa–, recibieran en aguas internacionales y luego transportaran a México varios cargamentos de cocaína colombiana.

Durante la onceava audiencia del juicio contra Guzmán Loera, Balarezo aprovechó las declaraciones de Rosero para señalar a su cliente como una persona inocente, acusada por un delincuente colombiano a quien el gobierno de Estados Unidos le ha condonado sus delitos a cambio de inculpar al capo mexicano.

–Quienes recogieron la carga de cocaína de algunos envíos que usted arregló con el Cártel de Sinaloa fueron el señor Arturo Beltrán Leyva o Julio Beltrán, no El Chapo Guzmán, ¿cierto o no? Sólo responda sí o no –cuestiono Balarezo a Rosero.

–Sí –respondió el testigo, acorralado por el formato del interrogatorio del defensor de Guzmán Loera.

Los 18 integrantes del jurado, confundidos, volteaban a ver al abogado, al testigo y al acusado, a quien se le veía tan relajado que hasta cruzó la pierna bajo la estricta mirada de dos alguaciles federales que lo vigilan dentro de la sala del juez Cogan.

Rosero, pensando que estaba encausado judicialmente en Estados Unidos por ser parte del CVN, en junio de 2009 se entregó voluntariamente al gobierno de Estados Unidos en Miami, Florida.

Ya tarde descubrió que no estaba acusado de nada, pero en cuanto comenzó a hablar de los negocios de Juan Carlos Ramírez Abadía, Chupeta, con el Cártel de Sinaloa, el Departamento de Justicia lo encausó por delitos relacionados con el narcotráfico y lavado de dinero.

Sin embargo, Rosero llegó a un acuerdo de cooperación con el gobierno estadunidense para cooperar en casos como el de El Chapo. A cambio de su compromiso para inculpar a narcotraficantes con los que estuvo involucrado, el sistema judicial estadunidense dejó en libertad a Barbas, sin que pasara un solo día en la cárcel y sin que le incautaran propiedades y dinero que ganó como coordinador de la exportación de cocaína a la Unión Americana.

El abogado del Guzmán Loera, quien tomó nota cuando Rosero dijo que las casas en las que vivía su cliente en la Sierra de Sinaloa eran austeras, intentó tenderle una trampa al testigo para confundir más al jurado, utilizando pruebas de la fiscalía que ya se habían presentado en la Corte en Brooklyn.

Balarezo presentó dos fotografías de dos cuadros pintados por el artista colombiano Fernando Botero, confiscados a “Chupeta” en Brasil, cuando lo arrestaron en 2007.

–¿En las casas donde presuntamente se reunió con El Chapo Guzmán no había obras de arte como éstas ni vio colecciones de relojes caros? –preguntó Balarezo a Rosero, mostrando las fotos de las dos obras decomisadas al colombiano, con un valor aproximado de medio millón de dólares cada una.

–No –indicó el testigo.

Con esa misma estrategia para confundir al jurado, el abogado de Guzmán Loera hizo que Rosero admitiera que, por su acuerdo con el Departamento de Justicia, Estados Unidos no le decomisó más de un millón y medio de dólares que declaró tener en cuentas bancarias en México, Colombia y Estados Unidos, ni propiedades valuadas en varios cientos de miles de dólares en ciudades como Guadalajara y Puerto Vallarta (Jalisco), Colima y Manzanillo (Colima), así como en Cali, Colombia.

Por un momento, Balarezo dejó a Barbas como un delincuente que sacó provecho del interés del gobierno de Estados Unidos para incriminar, a como dé lugar y al costo que sea, a Joaquín Guzmán Loera.

Cuando el abogado terminó su interrogatorio al delincuente colombiano, Palavecchio pidió al juez Cogan más tiempo para hacerle preguntas adicionales al testigo. En ese momento, la fiscal del Departamento de Justicia derribó con facilidad lo que Balarezo había construido a base de preguntas y argumentos parciales.

La fiscal logró que Rosero admitiera que, si bien no vio obras de arte ni relojes como los que le confiscaron a Chupeta, sí es testigo de que en los lugares de la sierra donde se entrevistó con El Chapo, por lo menos en una ocasión observó que éste portaba un cuerno de chivo (AK47) chapado en oro y con incrustaciones de piedras preciosas.

Igualmente, hizo que Barbas aclarara ante el jurado que, aunque no le decomisaron sus bienes ni cuentas bancarias, si es declarado culpable de los delitos que le imputan, cuando le toque ser sentenciado, podría ser castigado con una larga sentencia en prisión y pagar una multa altísima. “Y si está mintiendo en esta audiencia sería sentenciado a otros cinco años de cárcel adicionales por cometer perjurio”, acotó la fiscal.

Al final de la audiencia El Chapo ya no estaba tan contento. El capo sinaloense se presentó este miércoles vestido con un traje azul, camisa color chicle, corbata azul y zapatos cafés. Su esposa, Emma Coronel, vestía un pantalón de mezclilla azul, saco de cuadritos de varios colores, blusa negra y zapatos de gamuza azul de tacón alto, que tras el receso del almuerzo se cambió por unas zapatillas planas azul cielo.

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