Capo colombiano narra a la Corte de NY su encuentro con “El Chapo”

NUEVA YORK (apro).– Jorge Milton Cifuentes Díaz, otro capo colombiano del Cártel del Valle del Norte (CVN) y testigo protegido del gobierno de Estados Unidos, comenzó a relatar este martes en la Corte Federal en Nueva York sus asociaciones delictivas con Joaquín El Chapo Guzmán Loera.

“¿Dígame si hay alguien en esta sala con quién usted se haya involucrado en el tráfico de cocaína a Estados Unidos?, preguntó a Cifuentes Díaz el fiscal federal Adam Fels, durante la 15 audiencia del juicio contra El Chapo.

“A don Joaquín Guzmán”, contesto al narcotraficante colombiano mirando directamente a los ojos del mexicano acusado por el gobierno de Estados Unidos de 11 delitos federales relacionados con el trasiego de narcóticos y lavado de dinero.

Cifuentes Díaz, alias El J, Simón y El Penúltimo, es el segundo narcotraficante importante que presenta el Departamento de Justicia estadunidense como testigo de prueba contra El Chapo en el juicio que se le celebra al delincuente mexicano en la Corte Federal del Distrito Este, en el barrio de Brooklyn, Nueva York.

Miembro de una familia de narcotraficantes en la cual también destacan sus hermanos Francisco Pacho e Hildebrando Alexander Cifuentes, El J contó al jurado que su relación con narcos mexicanos inició en enero de 1988; en una primera etapa, cuando colaboración con Ismael El Mayo Zambada y Humberto Ojeda Robachivas, coordinaba la llegada a México, en Culiacán, específicamente, la llegada en avión de cargamentos de cocaína.

Ante el juez Brian Cogan, El J también explicó que, como narcotraficante, en su país fue a su vez proveedor de armas para el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), como parte de una vendetta personal y familiar en contra de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Durante su primera etapa como socio de narcotraficantes sinaloenses, de 1988 a 1998, El J aseguró que, en colusión con El Robachivas y El Mayo, tráficó de México a las ciudades estadunidenses de Los Ángeles, Houston y Nueva York, unas 220 toneladas de cocaína que le generaron ganancias por 300 millones de dólares.

La segunda etapa de Cifuentes Díaz en México, que arrancó a finales del año 2002 como integrante del CVN, despegó precisamente con la alianza que formo en ese entonces con El Chapo Guzmán.

 

Su encuentro con El Chapo

Antes de que regresara a Culiacán para iniciar trabajos de narcotráfico con el entonces ya establecido Cártel de Sinaloa, El J envió a su hermano Hildebrando Alexander y a Rubén Raigoza, otro miembro de su organización delictiva, para organizarle un encuentro con El Chapo.

A su vez, El J se puso en contacto con Laura Ávila, la viuda de El Robachivas, asesinado en 1998, a quien había dejado los barcos atuneros que usaban para el envío de cocaína de Colombia a México.

Ávila fue la que, según el testigo protegido de Estados Unidos, le había hablado de Guzmán Loera, debido a que la viuda mantenía una relación amorosa con Dámaso López El Licenciado, traficaba cocaína para el capo mexicano y le ayudó a fugarse en enero de 2001 del penal de Alta Seguridad de Puente Grande, Jalisco.

“Laura me presentó a Dámaso López El Licenciado, con quien me reuní muchas veces”, declaró el narcotraficante colombiano en la Corte.

Para sostener la reunión con El Chapo, a finales de 2002, El J viajó a Culiacán, se hospedó en el hotel Lucerna el día de su arribo y a la mañana siguiente, en compañía de El Licenciado, se dirigió en un avión Cessna 206 rumbo a la sierra de la zona del Triángulo Dorado, donde colindan los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa.

“Despegamos de una pista de fumigación a las afueras de Culiacán… el vuelo duró entre 30 y 45 minutos… la pista en la sierra estaba en la cima de una montaña muy grande… era una pista en inclinada, el aterrizaje fue de manera ascendente”, narró El J.

Por lo iconoclasta de la pista clandestina en la sierra, Cifuentes Díaz admitió ante el jurado que durante el descenso del Cessna y hasta su aterrizaje, rezó tres Padres Nuestro.

“Don Joaquín estaba en la pista esperándonos… en ese momento decidí regalarle un helicóptero, para que volara de una forma más civilizada”, dijo El J, quien añadió que El Chapo estaba de fiesta, celebrando “dos años de su fuga” de Puente Grande.

Justo cuando el capo colombiano iniciaba el recuento de los detalles de su primer encuentro con El Chapo, el juez Cogan, mirando el reloj, dio por terminada la audiencia; eran las 4:30 de la tarde en Brooklyn. La historia se reanudaría este miércoles a las 9:30 de la mañana.

 

Escuchan a otros testigos

Antes de que El J se presentara en el estrado, Tirso Martínez Sánchez, un exoperador de medio pelo de El Chapo Guzmán concluyó su testimonio para incriminar al capo sinaloense.

Posteriormente, el expolicía de la ciudad de Chicago, Illinois, Ernest Cain, revivió el caso que dirigió en el verano de 2002, cuando él y varios de sus colegas descubrieron en su ciudad una bodega de cocaína presuntamente ligada a El Chapo Guzmán.

Después de Cain, una joven agente del FBI, Leilan Lavveano, fue llamada como testigo de la defensa para simplemente dar autenticidad del video que bajó de la plataforma de video de YouTube y que, en 2015, El Chapo Guzmán grabó y envió a la actriz mexicana, Kate del Castillo, para que se lo entregará al actor estadunidense Sean Penn.

Del Castillo y Penn se reunieron con El Chapo Guzmán en algún lugar de la Sierra Madre Occidental en octubre de 2015 para presuntamente hablar sobre un proyecto para realizar una película biográfica del capo.

De las partes del video que se reprodujeron en la Corte en Brooklyn, la fiscalía no dio a conocer nada nuevo; por ello, Eduardo Balarezo, uno de los tres abogados de El Chapo, terminó en menos de cinco minutos su interrogatorio a la agente del FBI, supuesta especialista en videos.

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