“Macbeth o el juego de la violencia”

Ideología patriarcal del poder Ideología patriarcal del poder

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A través de juegos escénicos, de una historia de amigos, un secuestro y la interrelación directa con el público, la Compañía Monos Teatro de San Luis Potosí incursiona en los diversos vértices que tiene la violencia en nuestra sociedad y en nuestro comportamiento. El juego está desde que esperamos entrar a la sala, hasta la posibilidad de escoger el final.

Son cuatro amigos que se reúnen a jugar dominó y a los que se les asigna el apelativo de El actor, El drogo, El fan y El psicópata. Antes de entrar a la sala, cada uno aglutina a un grupo de espectadores y se les pide golpear al que nos convoca, recordando un acto de violencia. Así, abren la puerta en nuestro interior a esa experiencia y se reproducen después en el escenario.

Macbeth o el juego de la violencia, escrita por Darío Álvarez y dirigida por Sayuri Navarro y el autor, nos va llevando de la mano hacia las dinámicas que suceden entre un grupo de amigos que se aburren y quieren salir de la rutina secuestrando a una mujer. Jóvenes que reproducen la visión machista hacia ésta, ya sea idolatrándola, como El fan, o agrediéndola como El psicópata. La competencia entre hombres para quedarse con la actriz secuestrada, las rivalidades añejas y el ejercicio del poder entre ellos, muestran el microcosmo de nuestra sociedad en donde se sostiene la ideología patriarcal del poder.

En contraparte, muestra a la actriz como una mujer con fuerza interior, seguridad en sí misma y con sentimientos de superioridad hacia el compañero con el que ensaya. Su posición de diva famosa se desvanece al ser violentada, y aunque el terror se impone, no deja de utilizar su inteligencia para manipularlos psicológícamente y salir de esa situación. A Sayuri Navarro y Darío Álvarez se le suman en las actuaciones Ricardo Moreno Torres, Pablo del Alba y Mauricio Gerling, entre los que resalta este último.

Macbeth o el juego de la violencia utiliza la tragedia shakespeareana como metáfora de la violencia, donde son asesinados todos los que obtaculizan el ascenso al poder. Frases significativas de Macbeth, proyectadas en una pantalla, se intercalan con el lenguaje cotidiano de estos amigos que, desgraciadamente abusan del “sí güey”, ¨no güey”, “me cae güey”, queriendo ser muy naturales y que escénicamente saturan la expresión.

Son variados y atractivos los recursos escénicos que Monos Teatro pone en juego, ya que se amalgaman distintos espacios de realidad al igual que se fragmenta el tiempo y se rompe la ficción. Una pantalla grande nos muestra frases y pensamientos, además de que en una televisión vemos –en circuito cerrado– lo que sucede en el cuarto de la secuestrada o parodias telenoveleras de las escenas presenciadas. Podríamos añadir también las imágenes que se generan en nuestra mente mientras ocurren cosas fuera del escenario y que sólo un grupo de espectadores eligió ver.

En Macbeth o el juego de la violencia, que se presenta en el Teatro Sergio Magaña, lo que parecería un juego arbitrario con el público resulta tener un significado, pues la experiencia ejemplifica la violencia de los mismos espectadores. Así es cuando piden a un voluntario aplastar un jitomate en la cabeza de algún personaje premiándolo con una moneda. Curiosamente, el día en que asistimos a la función, el voluntario resultó el mismo que al iniciar la obra agredió tan tímidamente a El psicópata. Por extraños caminos transitan los deseos de ejercer la violencia. Obra policémica y de gran creatividad.

Esta reseña se publicó el 9 de diciembre de 2018 en la edición 2197 de la revista Proceso.

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