López Obrador y el mundo

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- No es el fuerte del nuevo presidente. Su empeño apasionado por conocer los problemas del país contrasta con su indiferencia tradicional hacia lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, su primer acto de gobierno en Palacio Nacional fue un asunto de carácter internacional: la firma de un acuerdo con Guatemala, El Salvador y Honduras para implementar un Plan Integral de Desarrollo que involucrará a varios países y organismos internacionales. Al día siguiente, su canciller, Marcelo Ebrard, volaba hacia Washington para entablar pláticas con altos funcionarios estadunidenses sobre ese y otros temas que son de urgencia para nuestro país.

El factor externo es fundamental para la vida económica de México, así como para su gobernabilidad y orden interno. Pronto se hará evidente que la afirmación frecuentemente expresada por AMLO de que “la mejor política exterior es la política interna” deberá reformularse para admitir que, “a su vez, el éxito de la política interna depende de una buena política exterior”. Varios problemas que están sobre la mesa confirman la pertinencia de ese cambio.

El primer problema tiene que ver con la ratificación, en la Cámara de Representantes estadunidense, ahora dominada por el Partido Demócrata, del nuevo texto del T-MEC, del que Trump eliminó en su título dos elementos que le molestaban: libre comercio y la idea de América del Norte. La mencionada ratificación no será fácil. Los demócratas pueden buscar protocolos adicionales, como ocurrió con el TLCAN bajo el gobierno de Clinton. Tocará al recién nombrado subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, lidiar con las complicaciones que puedan presentarse.

No se pierde de vista que Trump está exigiendo a los demócratas que ratifiquen el nuevo texto a la brevedad o se inclinaría por una medida que le gustaría mucho a sus seguidores: retirarse individualmente del TLCAN y dejar a la deriva las normas que rigen el intenso intercambio comercial entre los tres países. De ocurrir una situación de esa naturaleza, sus efectos sobre los vaivenes de la Bolsa, el precio del dólar y la confianza de los inversionistas en México se verían seriamente afectados.

El segundo problema que se encuentra en el panorama es el derivado de las caravanas de migrantes procedentes de Centroamérica que atraviesan el territorio mexicano buscando ingresar a EU para pedir asilo. La dimensión de estas caravanas y el deterioro de las condiciones económicas y de violencia en algunos países de Centroamérica sugieren que se trata de un fenómeno de larga duración. México carece de los recursos para responder en materia de alojamiento, alimentación y servicios de educación y salud. También hay el peligro de que se conformen sentimientos de una marcada xenofobia; hay demasiadas carencias en el país para confiar en que pueda florecer la generosidad.

Las propuestas de AMLO respecto a la migración centroamericana ya son conocidas. Se trata de combatir los factores de expulsión, como la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia, para reducir la necesidad de emigrar. En otras palabras, de un gran programa de ayuda para el desarrollo en que tienen que participar otros países, en particular Estados Unidos. Se cuenta para la elaboración del proyecto con la colaboración de instituciones muy prestigiadas, como la CEPAL.

De tener éxito, al menos en algunas regiones, los programas de desarrollo que detienen el deterioro social y económico y contienen efectivamente la migración se convertirían en una referencia obligada. Si se establece un nuevo tipo de coordinación entre Centroamérica y el sur de México, a través la cual podría haber complementariedad laboral regulada, el proyecto daría enorme prestigio al nuevo gobierno mexicano.

Existen, sin embargo, motivos para dudar sobre qué tan lejos se puede llegar. En primer lugar, hay una propuesta alternativa por parte de Trump sobre la que muy posiblemente él va a insistir: La conocida idea de hacer de México un “tercer país seguro” comprometido a detener en su territorio a quienes deseen solicitar ayuda a Estados Unidos y devolverlos a su país de origen si tal asilo no se logra; esto último desde luego es lo más probable.

Es muy pronto para dar opiniones concluyentes sobre el destino del proyecto mexicano para Centroamérica. Sólo se puede advertir que depende, en gran medida, de la cooperación internacional y que es necesario estar atentos para que ésta no replique, disimuladamente, la oferta de ser un tercer país seguro.

Los temas de ratificación del T-MEC y migración centroamericana son sólo un botón de muestra de los muchos temas que están abiertos a reflexión respecto a la política exterior del gobierno de AMLO. La interrogante que salta a la vista es la de si a la cuarta transformación corresponde una transformación en las formas de inserción de México en el mundo. No es un tema sobre el que se haya elaborado, pero hay señales que permiten especular.

La diversificación no ocupa, quizá por motivos obvios, un lugar notorio. La voluntad de entenderse con Estados Unidos y, más aún, directamente con Trump, ha sido evidente. Sin embargo, el acento colocado en fortalecer Pemex y hacer refinerías habla de la voluntad de disminuir la vulnerabilidad del país frente a Estados Unidos en materia de energía.

En cuanto al interés en otras regiones, el fortalecimiento de relaciones con Asia, China en particular, se ve entorpecido por las disposiciones del T-MEC relativas a las relaciones con los países que no son reconocidos como economía de mercado. Tal antecedente permite prever que se privilegiarán otros países asiáticos, como Japón y Corea del Sur.

Finalmente, lo que está totalmente ausente es la tarea de imponer nuevas formas de coordinación entre las agencias del gobierno que intervienen en las relaciones exteriores de México. Sigue sin hablarse del gabinete de política exterior. También brillan por su ausencia reflexiones sobre objetivos y estrategias para la inserción de México en un mundo en transformación. Tomará algún tiempo antes de que se puedan fijar líneas de coordinación al interior de un esquema de administración pública que aún está en proceso de construcción. Asimismo, para detenerse a pensar en el lugar que puede jugar la cuarta transformación interna de México en la acelerada transformación tecnológica que ocurre en el mundo. ¿Quiénes son los cuadros en el ámbito de la academia, el sector privado o el gobierno que piensan en ello?

Este análisis se publicó el 9 de diciembre de 2018 en la edición 2197 de la revista Proceso.

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