El presidencialismo y la 4T

López Obrador, oportunidad para plantear nuevas maneras del presidencialismo dentro de la Cuarta Transformación. Foto: Miguel Dimayuga López Obrador, oportunidad para plantear nuevas maneras del presidencialismo dentro de la Cuarta Transformación. Foto: Miguel Dimayuga

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El presidencialismo es uno de los pilares del sistema político mexicano que le ha dado, con sus excepciones, una forma de gobierno peculiar que desde la Constitución de 1847 se ha mantenido sin ninguna modificación, a pesar de que ha habido periodos dictatoriales como el de  Porfirio Díaz e intentos de darle matices parlamentarios y restar la concentración del poder en una sola figura.

Influenciado por el sistema político norteamericano que eligió esta forma de gobierno desde su constitución en 1777, el presidencialismo mexicano parte de la idea de que el pueblo elige a su gobernante y su líder, pero sin llegar a los extremos de concentrar el poder absoluto porque éste es compartido con los poderes legislativo, cuyos integrantes también son electos por voto popular, y el judicial que son elegidos por el Senado a propuesta del presidente.

Sin embargo, por la propia historia política mexicana, signada por la existencia de un partido único que gobernó 71 años seguidos y luego otro sexenio tras ser derrotado en dos ocasiones, el presidencialismo mexicano ha tomado en últimas fechas matices absolutistas que atentan contra la forma de un gobierno democrático.

Ahora que ganó las elecciones Andrés Manuel López Obrador con la votación más alta que ha tenido un presidente, su propuesta de encabezar la Cuarta Transformación del país, su forma tan personal de gobernar centrada en su voluntad y el predominio de su partido Morena en el poder legislativo, provoca críticas por tentaciones absolutistas en la toma de decisiones.

El voluntarismo del presidente López Obrador se manifiesta en cada una de las propuestas que integran la Cuarta Transformación. Por ejemplo, plantea que si él y su gabinete, así como la mayoría de los integrantes de su partido, siguen el camino de la honestidad en su quehacer público y en su vida privada, todos los demás, incluyendo a la ciudadanía, replicarán su conducta.

El voluntarismo de López Obrador, sin embargo, no es suficiente para contagiar a los suyos, a los miembros de los otros partidos, a los empresarios, jueces, ministerios públicos, policías y a la ciudadanía que por décadas han tomado decisiones al margen de la legalidad.

El presidencialismo de López Obrador tampoco está resultando suficiente para ordenar a los coordinadores de su partido Morena en el poder legislativo. Las luchas entre Martí Batres y Ricardo Monreal en el Senado, el protagonismo de Pablo Gómez actuando como si fuera el dueño de la cámara de Diputados saltándose al coordinador Mario Delgado, ha mostrado una desorganización y un desorden que afecta los vasos comunicantes entre el presidente y los legisladores.

Quizá sea tiempo de plantear nuevas maneras del presidencialismo dentro de la Cuarta Transformación,  dejar de centrar toda la actividad de gobierno en la figura de López Obrador e iniciar una transición a la democracia en la cual la figura presidencial deje de retroalimentarse con giras en todo el país inaugurando escuelas, carreteras, hospitales y obras públicas como se hizo en tiempos del general Lázaro Cárdenas, cuando era necesario fortalecer esa figura esencial en la estructura de gobierno.

Por cierto…Las conferencias de Andrés Manuel López Obrador todas las mañanas han resultado una novedad en redes sociales y son seguidas por miles de simpatizantes del presidente. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias habrán de determinar si seguirán teniendo su efecto positivo o tendrá que cambiar para que la figura presidencial no sufra un desgaste diario.

 

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