Esta Navidad, “Las letras de Bob Dylan”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Entre 1979 y 1981 Bob Dylan se convirtió al cristianismo y grabó varias composiciones suyas con abiertas referencias bíblicas que plasmaría en varios álbumes, siendo algunas de ellas filmadas para la película Trouble No More. A Musical Film.

Con motivo de la llegada de la Navidad 2018, hemos seleccionado diez canciones religiosas de tres álbumes de Dylan (nacido Robert Allen Zimmerman en el seno de una familia judeo-norteamericana, el 24 de mayo de 1941, y Premio Nobel de Literatura 2016): Éstos son John Wesley Harding (1967), Desire (1975) y Slow Train Coming (1970), amén de un tema para John Lennon del CD Tempest (“Roll On John”, 2012).

Los diez textos fueron tomados del libro antológico Bob Dylan. Letras completas (Malpaso, 1297 páginas), en traducción de Miquel Izquierdo, José Moreno y Bernardo Domínguez Reyes. Los fragmentos de las notas agregadas también las incluye esta edición, redactadas por Alessandro Carrera y Diego Manrique.

“A San Agustín vi en sueños”

A San Agustín vi en sueños tan vivo como tú y yo.

Rondaba por estos pagos en cuerpo y alma agobiado

con un mantón bajo el brazo y un abrigo de oro puro.

Iba buscando las almas que ya vendidas estaban

 

“¡Alzáos!”, a voces clamaba en tono desenfrenado:

“Venid, monarcas preclaros a oír mi triste lamento,

no hay mártir entre vosotros a quien podáis llamar vuestro.

Así que obrad como siempre, mas sabed que estáis solos”.

            

A San Agustín vi entre sueños, vivo, su aliento inflamado.

Y soñé estar entre quienes a la muerte lo llevaron.

Me desperté enfurecido y en mi soledad, aterrado,

con mis dedos contra el vidrio lloró mi rostro agachado.

(del LP John Wesley Harding, 1967)

“Idilio en Durango”

Chiles picantes al sol abrasador.

Polvo en mi rostro y en mi capa.

Yo y Magdalena a la fuga.

Creo que esta vez escaparemos.

Le di una guitarra al hijo del panadero

por unos mendrugos y un escondrijo.

Pero conseguiré otra y la tocaré

para Magdalena en el camino.

 

No llores, mi querida, Dios nos vigila, (*)

pronto llegaremos a Durango.

Agárrame, mi vida (*).

El desierto ya se acaba

y pronto bailaremos un fandango. (…)

En la plaza nos sentaremos a la sombra

y veremos al torero solo en el ruedo.

Correrá el tequila donde se alejaban nuestros abuelos

cuando cabalgaban con Villa hacia Torreón. (…)

El camino es largo pero el final ya llega

y la fiesta (*) ya ha empezado.

Aparecerá el rostro de Dios

con viperinos ojos de obsidiana.

(*) En español en el original. Del álbum Desire, de 1975. La idea de la canción nace a partir del primer verso, que se inspiraba en una postal donde aparecían unos chiles mexicanos y que el comediógrafo Jack Gelber había enviado a Jacques Levy. La batalla en la que Villa –nacido se cree, en Durango hacia 1878– derrotó a los federales en Torreón se produjo en 1914… Los ojos de obsidiana son un rasgo típico de las esculturas de los dioses aztecas y de la cultura de Teotihuacán.)

“Tienes que servir a alguien”

Puedes ser embajador en Gran Bretaña o Francia;

puede gustarte el juego, puede gustarte el baile.

Puedes ser el campeón mundial de los pesos pesados

o una mujer mundana con un gran collar de perlas.

 

Pero desde luego tendrás que servir a alguien,

tendrás que servir a alguien.

Tal vez al diablo, tal vez al Señor,

pero tendrás que servir a alguien…

(La inspiración bíblica proviene de Mateo 6, 24: “Nadie puede servir a dos señores, pues o bien aborreciendo a uno, amará al otro, o bien, adhiriéndose al uno, menospreciará al otro”, que a su vez, remite a Josué 24, 15: “Y si no os parece bien servirle, elegid hoy a quién queréis servir”.)

“Ángel preciado”

Ángel preciado, bajo el sol.

¿Cómo iba a saber que tú serías

quien revelaría mi ceguera y mi perdición,

cuán frágiles eran los cimientos que me sostenían?

Ahora hay una guerra espiritual, la carne y la sangre se pudren.

O tienes fe o no la tienes y no hay terreno neutral.

El enemigo es astuto, ¿cómo es posible que nos engañen tanto

cuando la verdad está en nuestros corazones y aún seguimos sin creer?

 

Arroja tu luz, arroja tu luz sobre mí…

Sabes que no puedo hacerlo solo.

Estoy demasiado siego para ver.

 

Mis supuestos amigos están hechizados,

me miran a los ojos y dicen: “Todo va bien”.

¿Se imaginan las tinieblas que descenderán desde lo alto

cuando los hombres supliquen a Dios que los mate y no logren morir?

Arroja tu luz, arroja tu luz sobre mí…

(Algunas de sus ideas y motivos se pueden encontrar en varias canciones del período evangélico de Dylan: “Precious angel under de sun” retoma la expresión “bajo el sol” frecuente en numerosos pasajes del Eclesiastés… El verso “O tienes fe o no la tienes remite a Mateo 12, 30 y a Lucas 11, 23: “El que no está conmigo está contra mí”. Los amigos que dicen “Todo va bien” son de Jeremías 6, 14 y 18.)

“Creo en ti”

Me preguntan cómo estoy

Y si mi amor es verdadero

Y cómo sé que saldré adelante

Y ellos, ellos me miran y fruncen el ceño

No me quieren por aquí

Porque yo creo en ti (…)

Creo en ti con lágrimas o risas

Creo en ti aunque estemos separados

Creo en ti incluso al día siguiente

¡Oh!, cuando apunta el alba

¡Oh!, cuando la noche se desvanece

¡Oh!, ese sentimiento permanece en mi corazón

 

No permitas que me aleje errante

Déjame donde tú estás

Déjame donde resurgiré

Lo que hoy me has dado

Vale más de lo que podría pagar

Y no me importa lo que digan…

Creo en ti cuando el invierno se vuelve verano

Creo en ti cuando el blanco se vuelve negro

Creo en ti aunque me superen en número

¡Oh!, aunque la tierra me sacuda

¡Oh!, aunque mis amigos me abandonen

¡Oh!, ni siquiera eso me haría volver atrás

 

No permitas que cambie mi espíritu

Mantenme apartado

De las empresas que ellos acometen

Y a mí, a mí no me gusta el dolor

No me importa el aguacero

Sé que aguantaré

Porque creo en ti

“Voy a cambiar mi forma de pensar”

Voy a cambiar mi forma de pensar

Crearé mis propias leyes…

Avanzaré con buen pie

Y no me influirán los necios (…)

Puedes confundir a un hombre

Puedes apresar su corazón…

Pero sólo hay una autoridad

Y es la autoridad de las alturas (…)

Jesús dijo: “Preparaos

Porque ignoráis la hora de mi venida”…

Él dijo: “Quien no está conmigo está contra mí”

Así sabrás de dónde viene.

Hay un reino llamado cielo

Un lugar donde se nace sin dolor…

El Señor lo creó. Amigo,

Más o menos cuando creó la Tierra.

“Sé buena conmigo (Y con los otros)”

No quiero juzgar a nadie, no quiere ser juzgado.

No quiero tocar a nadie, no quiero ser tocado.

No quiero herir a nadie, no quiero que me hieran.

No quiero tratar a nadie como si fuera basura.

Mas si eres buena conmigo

yo lo seré contigo.

Tienes que ser con los otros

como querrías, como querrías

que fueran contigo.

“¿Cuándo vas a despertar?”

Dios no hace promesas que no cumpla.

Tienes grandes sueños, mas para soñar has de seguir dormida.

¿Cuándo vas a despertar, cuándo vas a despertar?

¿Cuándo vas a despertar y reforzar las cosas que perduran? (…)

¿Alguna vez preguntas lo que Dios exige?

Lo ves como un recadero que atiende tus erráticos deseos

¿Cuándo vas a despertar?…

Hay un Hombre en una cruz que ha sido crucificado

¿Acaso sabes por qué o por quién murió?

¿Cuándo vas a despertar?…

(El estribillo remite al Apocalipsis 3, 2: “Estáte alerta y consolida lo demás, que está para morir, pues no he hallado perfectas tus obras en la presencia de Dios”…)

“Cuando Él regrese”

La mano de hierro no es rival para la vara de hierro.

La muralla más fuerte se desmoronará frente a un Dios poderoso.

Sepan los que tengan ojos y oídos

que sólo Él puede reducirme al llanto.

Ni llores cuando mueras ni ardas,

pues como un ladrón en la noche, podrá derecho lo torcido

cuando regrese (…)

Rinde tu corona sobre este suelo teñido de sangre, quítate la máscara.

Él ve tus actos, conoce tus necesidades antes incluso de que pidas.

¿Cuánto tiempo puedes falsear y negar lo que es real?

¿Cuánto tiempo podrás odiarte por la debilidad que escondes?

Él es indiferente a todo plan terrenal concebido por el hombre.

Tiene Sus propios planes para instaurar Su trono

cuando regrese.

(Según la tradición evangélica, pentecostal y milenarista que Dylan incorpora a su educación judía, el Segundo Advenimiento de Cristo –coincidente con la derrota del Adversario, con el Juicio Universal y la instauración de la Nueva Jerusalén—es un eje de la vida religiosa más de lo que pueda serlo el Primer Advenimiento. En la tercera estrofa. El “sueño teñido de sangre” remite a Génesis 4, 11, y “conoce tus necesidades antes incluso de que pidas” cita a Mateo 6, 8. Otras referencias son: Josué 6, 2-21, por los muros de Jericó; Ezequiel 12, 1-2: “Tienen ojos para ver y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen”; la segunda epístola de San Pedro 3, 10: “Pero vendrá el día del Señor como ladrón”; la primera epístola de San Pablo a los tesalonicenses 5, 2: “Sabéis bien que el día del Señor llegará como ladrón en la noche”; Mateo 24, 42 y Lucas 12, 39-49: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo llegará vuestro Señor”.)

“No, no hay ningún hombre recto”

Cuando un hombre sirve al Señor, su vida vale la pena.

No importa su posición, no importa su forma de vida.

Si me hablas de perfección, yo nunca la he visto

y no, no hay ningún hombre recto (…)

Dios tiene el poder, el hombre su vanidad.

El hombre debe escoger antes de que Dios lo redima.

¿No sabes que no hay nada nuevo bajo el sol?

Y no, no hay ningún hombre recto.

 

Cuando me vaya no os preguntéis dónde estoy,

decid sólo que confié en Dios y que Cristo estaba dentro de mí.

Decid que Él derrotó al diablo, que era el hijo dilecto de Dios

y no, no hay ningún hombre recto. 

(El título se tomó de San Pablo, Romanos 3, 10, que cita a su vez el Salmo 13, 3, en tanto que “nada nuevo bajo el sol” cita el Eclesiastés 1, 9.)

“No te detengas, John”

Doctor, doctor, dígame qué hora es.

Otra botella vacía, otro penique gastado.

Dio la vuelta y se marchó despacio.

Le dispararon por la espalda y se derrumbó.

Arroja tu luz, sigue empujando.

Brillaba mucho tu fuego. No te detengas, John…

Hoy supe la noticia, ¡oh, Señor! (…)

Dios sabe qué duro puede ser.

Tigre, tigre, llama ardiente,

rezo al Señor para que guarde mi alma

en el bosque de la noche.

Tápalo y deja que duerma No te pares, John.

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