Al teatro con el diablo

Microteatro promueve "Al teatro con el diablo". Foto: Microteatro Microteatro promueve "Al teatro con el diablo". Foto: Microteatro

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Muchas de las pastorelas, tal y como las conocíamos, pueden hoy sentirse obsoletas. Ahora se vuelve mucho más interesante ver la versión de los vencidos: la de los diablos.

Microteatro plantea este diciembre su nueva temática: Al teatro con el diablo. Trece obras de quince minutos cada una, con una serie de dramaturgos, directores, escenografías y elencos alucinantes.

Una carta de los montajes que contempla el menú oficial son:

En guardia (en la sala 3).

El dramaturgo Flavio González Mello nos deleita con su propia dirección en un monólogo involuntario muy anti-navideño. El personaje, una locutora de radio (Dobrina Kristeva o Nayelly Acevedo, alternando), busca desesperadamente un escucha al aire, algún alma solitaria que en lugar de estar cenando romeritos con su familia esté pegado al radio. Ella se ofrece para hacer la guardia del 24 de diciembre, a falta de compañía navideña. Nadie llama, ni siquiera ante el incentivo de recibir una canasta con vino, aceitunas y caviar. Mientras la locutora termina con sus ilusiones, los elementos de la canasta y su propia paciencia, la Navidad se irá tornando una bomba de tiempo que explota. Los espectadores, frente a la triste cabina, terminarán entre risas y culpa ante la maravillosa y agridulce comedia. La joya imperdible.

Libro de María (en la sala 7).

Tres musulmanes invitan a los espectadores a su mezquita. Ahí cantan versos del Corán que no pueden representar, ya que su religión lo prohíbe. Esa es entonces su pastorela: contar la historia de Jesús (comenzando desde la concepción de María) a través de cantos orientales. La obra la escribe Luis Mario Moncada — extrayendo varios fragmentos del libro sagrado musulmán– y la dirige David Hevia. Los tres hombres frente al público son Efraín Gallardo Talavera, Luis Alfonso Figueroa y Cristóbal Martínez Yáñez. En un constante vaivén entre seriedad y farsa, se crea este mundo medio oriental, medio occidental. Podemos concluir que todos contamos las mismas historias, y todos tenemos un origen común.

Esperando al pastor (en la sala 8).

Al estilo de Esperando a Godot de Samuel Beckett, un ángel (Leonardo Zamudio) y una diabla (Rocío Leal) hacen tiempo mientras esperan a un pastor (a veces unos tacos al ídem, a veces a Jorge Valdivia). Platican de mil y un temas, dando vueltas alrededor de un árbol seco. En esta obra, escrita por Cutberto López y dirigida por Juan Carrillo, los personajes deberán tratar de convencer al pastor de ir o no al nacimiento de Jesús, respectivamente. Aquí los límites entre el bien y el mal se diluyen, y se da a entender que uno no puede existir sin el otro. Un montaje divertido, de escenografía coqueta, ágil y ácido.

Pastorela de pastores sentados (en la sala 9).

El bien conocido como “el rey de las pastorelas”, Miguel Sabido, trae esta farsa. Una de las más cercanas a la estructura que conocemos: los pastores tratando de llegar al nacimiento de Jesús. Sólo que, además de los dos actores en escena (Samuel Loo y Nacho Torre), el público es el resto: los pastores sentados. El diablo (Lisbi Cuéllar) pondrá tentaciones para evitar su llegada a Belén, mientras que el Arcángel (Juan Ignacio Aranda) aparecerá para regresarlos al camino correcto. Lo más impresionante de este montaje es la estética. La escenografía está pintada como un retablo de iglesia barroca, retacado de querubines indígenas, frutas y hojas de acanto, todo en colores vivos. Los vestuarios armonizan, como personajes de Nacimiento de barro que cobran vida.

El Diablo (en la sala 10).

Uno de los cuartos del segundo piso se convierte en una oficina burocrática desde la llegada del público, al que se le pregunta en la fila si ha traído su currículum. Juan Villoro escribe este episodio, donde una mujer enorme e imponente (Judith Inda) está haciendo la entrevista de trabajo a un hombre (Arturo Beristain) que desea (o cree que merece) convertirse en diablo. Contrario a lo que se pensaría de un Satanás, las aptitudes que se buscan no son las de maldad pura, sino algo mucho peor: mediocridad. Es impresionante la escenografía de este montaje –dirigido por Luis de Tavira–: un lugar frío, mecánico, espantoso. El verdadero infierno es una oficina de gobierno.

El diseño de los carteles de este grupo de pastorelas es muy bello y armónico ante la decisión de unificar los estilos con grabados antiguos. Sin embargo, la falta de distinción entre ellos hace aún más complicada la ya difícil tarea de elegir entre la gran oferta de rimbombantes nombres.

Habría en realidad que zamparse todas. Con sus diferentes estilos y formas, el menú de 13 tiempos es una comida completísima, para salir más que satisfecho. Las micro-funciones se pueden pagar solas, en paquete de tres o cinco, o en abono general.

Al teatro con el diablo se presenta de jueves a sábado a partir de las 19:00 horas y los domingos a partir de las 18:00 horas en MicroTeatro (Roble #3, Santa María la Ribera). Imperdible. Hasta el 6 de enero.

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