Temporada 2018-19 en la Plaza México: Apoteosis inaugural y carteles cuadrados

Plaza México. Foto: minube.net Plaza México. Foto: minube.net

El problema de fondo de la fiesta brava no reside en los “antis”, sino en los acaudalados taurinos que manejan la Plaza México –propiedad de Antonio Cosío– con operadores de discreto perfil, con escasa percepción del toreo como fenómeno cultural e identitario, menguada filosofía de servicio y de satisfacción al público. La pobre publicidad y la nula mercadotecnia de la tauromaquia nacional contrastan con el resto de sus prósperos negocios.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Alberto Baillères, propietario de las principales plazas de toros del país y actual concesionario de la Plaza México –en sociedad con el constructor Javier Sordo–, nunca pensó en las consecuencias de haber convocado al personal de primer nivel de su poderoso consorcio a no votar por el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador.

La noticia sirvió para que grupúsculos de animalistas y antitaurinos se apresuraran a entregar diversos escritos en la casa de campaña del ahora presidente, en los que con desconocimiento y argumentos falaces, apoyados por diputados sin más idea que el oportunismo, demandan la prohibición de las corridas.

El problema de fondo de la fiesta brava no reside en los “antis”, sino en los acaudalados taurinos que desde hace por lo menos un cuarto de siglo manejan la Plaza México, propiedad de Antonio Cosío –los Alemán durante 23 años y los Baillères van para tres–, con operadores de discreto perfil, escasa percepción del toreo como fenómeno cultural e identitario, menguada filosofía de servicio, de satisfacción al público y aumento de éste, así como pobre publicidad y nula mercadotecnia que contrastan con el resto de sus prósperos negocios.

Estos operadores también carecen de intención para fortalecer el mercado taurino interno, lo cual se lograría mediante la competencia y surgimiento de toreros nacionales con arrastre. Por si faltara algo, al igual que los de la empresa anterior, son proclives a importar figuras españolas comodinas e impositivas de un toro de lidia sin edad ni bravura, con una nociva consecuencia: un público que es aficionado a tres o cuatro toreros-marca, no a la fiesta de los toros que hoy adolece de pasión y de diestros competitivos.

Con ese concepto de gestión y la ausencia de estrategias resulta prácticamente imposible hacer repuntar el espectáculo taurino que está rodeado como nunca de ofertas más sencillas y menos sanguinolentas de entretenimiento, aprobadas y promovidas por el pensamiento único anglosajón.

Ventura, gran actuación

En la corrida inaugural e inicio de sucesivos carteles cuadrados, desequilibrados o de fallida combinación de alternantes, la “nueva” empresa Tauroplaza México S.A. de C.V., anunció, al igual que su antecesora, una ­desalmada corrida de ocho toros con el longevo diestro valenciano Enrique Ponce, los mexicanos Octavio García, El Payo, y el joven Luis David Adame con astados de Barralva, serios y exigentes.

Después de tres años de ausencia, el rejoneador luso-andaluz Diego Ventura (Lisboa, 1982) regresó a este escenario –ha sido vetado por Pablo Hermoso donde ha podido, reciente triunfador en Las Ventas y hoy día el mejor del mundo en su especialidad–, con dos toros de Enrique Fraga, quien fuera matador de a pie y a caballo, apoderado, empresario y ahora criador de reses bravas.

El coso registró poco más de media entrada –unos 22 mil espectadores– y se brindó un minuto de aplausos en memoria del historiador taurino Heriberto Lanfranchi.

Ponce nunca acabará de arrepentirse de haber aceptado alternar con Ventura en la plaza que todo le ha tolerado y casi todo le ha aplaudido, ya que el rejoneador literalmente acabó con el cuadro. Poseedor de una gran técnica, de una cuadra excepcionalmente torera y de un valor sin aspavientos, Ventura enfrentó primero a Incansable, bravo y con el trapío que da la edad, al que ligó pases con la cola de sus cabalgaduras, clavó certeros rejones y banderillas, realizó quiebros precisos y falló a la hora de matar.

Lo memorable vendría con su segundo, Fantasma, jabonero de pinta, con una bravura alegre y codiciosa, con el que Diego pegó trincherazos con el caballo yéndose por dentro después de traer al toro pegado, puso dos violines y luego, en alarde de espectacular maestría, quitó al caballo cabezada y riendas para dejar un par a dos manos en el centro del ruedo en insuperable doma e increíble instinto torero del corcel, haciendo que la magia superara a la lógica.

Creativo y sin chabacanerías, luego de que el indulto fue concedido, Ventura tomó la muleta y evocando al Ciclón Carlos Arruza todavía toreó por templados derechazos al incansable y magnífico astado.

Ponce fue pitado al recibir una benévola oreja de su primero, El Payo resultó herido en el muslo derecho por su segundo y Luis David Adame demostró en ambos toros que está puesto y dispuesto.

El banderillero Gustavo Campos y el picador Daniel Morales fueron ovacionados en el tercio y el rejoneador en un gesto de compañerismo se negó a ser sacado en hombros por respeto al compañero herido.

Despedida y repeticiones

En la segunda corrida partieron plaza Ignacio Garibay –en su campaña de despedida–, el franco-español Sebastián Castella y Diego Silveti ante un encierro de La Estancia, soso en general y repetidores algunos, por lo que la asistencia apenas rebasó el cuarto del aforo.

Con un toreo de capa privilegiado, Garibay no logró el mismo nivel como muletero y tras 19 años de alternativa partió de la Plaza México cortándole una oreja a cada uno de sus astados.

Castella hace tiempo que alcanzó su nivel de máxima expresión y poco lució con su opaco lote, por lo que regaló un toro nobilísimo y repetidor de Julián Hamdan al que tras defectuosa estocada apenas le cortó una oreja, y todavía miraba al palco del juez a ver si le soltaba la segunda. Silveti continúa afinando su toreo de capa y desafinando con la muleta y la espada. Gran ovación en el tercio se llevó Fernando García hijo por soberbio par de banderillas.

En un despliegue de imaginación, la empresa preparó para la tercera corrida el mismo cartel cuadrado que ofreció en el cierre de la temporada anterior: el rejoneador Andy Cartagena y a pie los hidrocálidos Arturo Macías y Leo Valadez. El primero, triunfador de esta plaza y el segundo, victorioso como novillero en cosos españoles.

Inicialmente se anunciaron cuatro toros de la ganadería debutante de Arturo Gilio, matador en retiro y empresario, pero sólo se lidiaron dos y cuatro más de José María Arturo Huerta, presidente de los ­ganaderos.

Pese al indulto de un toro de este hierro por parte de Cartagena hace nueve meses y medio, la plaza registró menos de un cuarto de su aforo. A la repetición del mismo cartel se añadió la injusticia de no incluir a Macías al lado de una figura importada y de haberle dado a Valadez sólo diez corridas en el año.

Por eso Hermoso de Mendoza evita alternar con Ventura, porque la diferencia de sus conceptos del toreo a caballo es abismal. Con trabajos y siendo alcanzadas varias veces sus cabalgaduras, Cartagena cortó una oreja luego de hacer caminar en dos patas a uno de sus caballos. Muy bien estuvo Macías con sus dos toros, uno de Huerta y otro de Gilio, pero desatinado con la espada, perdiendo una oreja de cada uno. Debe volver en un cartel menos enrarecido.

Valadez realizó una completa labor en los tres tercios, aunque desigual con palos y muleta hasta obtener un apéndice de su segundo.

El cuarto festejo volvió a incluir a Octavio García, El Payo, quien mal se acababa de recuperar de la cornada recibida en la corrida inaugural cuando ahora su primero de Xajay le fracturó dos costillas en ese afán de querer torear por abajo antes de someter y fijar las embestidas.

El encierro de Javier Sordo fue deslucido y sólo el tlaxcalteca Sergio Flores, con cabeza y celo pero aún sin sello, pudo cortar la oreja del cierra plaza. El riojano Diego Urdiales, relegado en su país y autor de la mejor faena de la Feria de Otoño en Las Ventas, sólo pudo dejar alguna tanda por el izquierdo con su segundo.

Muy fino tendrán que hilar los senadores taurinos de Morena, Armando Guadiana y Pedro Haces, si quieren revertir tantas desviaciones de los antojadizos dueños de la fiesta.

Este texto se publicó el 23 de diciembre de 2018 en la edición 2199 de la revista Proceso.

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