EZLN, balance a 25 años

Foto: Isaín Mandujano Foto: Isaín Mandujano

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– A pesar de ser un lugar común en los anales de la historia contemporánea, es un hecho indudable que la irrupción pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 1 de enero de 1994, colocó a Chiapas y a los indígenas mayas en el centro del imaginario internacional. El factor sorpresa catapultó al EZLN como uno de los grandes movimientos rebeldes posteriores a la Guerra Fría, a la Revolución Cubana y a la izquierda partidista.

Un discurso coherente en favor de la autonomía de las comunidades indígenas, en contra del modelo neoliberal que ese año llegó a su cenit en México con el ingreso de nuestro país al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y en favor de un nuevo discurso ajeno a los dogmatismos tradicionales, colocó al EZLN en un lugar central. La primera Declaración de la Selva Lacandona sigue siendo tan vigente y vigorosa, como lo fue en 1994.

Herman Bellinghausen, reportero y poeta que ha conocido como pocos las entrañas del EZLN, resumió así en su análisis “Las Victorias del EZLN” el impacto de este movimiento-guerrilla-modelo de gestión:

“Si para México significó un contundente rechazo campesino a la traición agraria del gobierno salinista formalizada en 1982 –para el mundo encarnó la primera movilización contra la dictadura de los mercados, creó un discurso fresco para la izquierda sin brújula y fecundó las inminentes resistencias globales contra el monopolio del poder económico mundializado. Fue el primer movimiento social en tener a su disposición las armas en la red y sus redes, y aprovecharlas ampliamente” (publicado en La Jornada, 31-diciembre-2018).

Todo esto y mucho más describen la grandeza del EZLN y la extraordinaria capacidad de su líder-vocero-estratega, el subcomandante Marcos.

A un cuarto de siglo de distancia, justo sus virtudes se convirtieron en sus limitaciones a nivel político. Su primera gran apuesta por trascender las fronteras de Chiapas y colocar en el centro político nacional las demandas de los Acuerdos de San Andrés, durante la Marcha del Color de la Tierra del 2001, en el inicio de la alternancia foxista, derivó en una gran decepción, frustración y repliegue del EZLN. Su apertura se convirtió en cerrazón defensiva. Su discurso fresco se transformó en un profundo recelo hacia toda la clase política, incluyendo a sus “aliados naturales” que hubiera sido la izquierda del PRD.

En 2006, el EZLN y el subcomandante Marcos protagonizaron un primer punto de inflexión con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Se expresaron en contra del proceso electoral de ese año, se alejaron de la primera campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador a través de aquel comunicado “La (imposible) ¿geometría? Del poder en México”. Se replegaron hacia los municipios que controlan en Chiapas y se auto balcanizaron como una estrategia defensiva y de innegable pureza discursiva.

Crearon las Juntas de Buen Gobierno como una alternativa al modelo de la “alternancia” a la mexicana entre el PRI y el PAN y se prepararon para lo peor con la “guerra contra el narcotráfico”, iniciada por Calderón.

Denunciaron el fraude electoral en 2006 y en 2012, pero se desmarcaron radicalmente de López Obrador. En mayo de 2011, 25 mil zapatistas marcharon en San Cristóbal de las Casas en apoyo al movimiento por la Paz y la Justicia, encabezado por el poeta Javier Sicilia.

Volvieron a salir a marchar en silencio, en diciembre de 2012, cuando llegó al poder Enrique Peña Nieto y durante un sexenio mantuvieron estrategias de bajo perfil y de resistencia, tan bajo que ni siquiera se confrontaron con el gobierno estatal de Manuel Velasco, del Partido Verde.

En vísperas del proceso electoral de 2018, el EZLN impulsó el movimiento de una Nueva Constitución y la candidatura independiente a la presidencia de Marichuy. Ambas estrategias significaron un tímido punto de inflexión. Representaron una modificación a su posición tradicional en contra de los procesos electorales federales y una intención de incidir en el diseño institucional nacional.

La victoria de López Obrador en 2018 y la dinámica irrefrenable de la cuarta transformación vuelve a colocar al EZLN y a la izquierda de Morena en el gobierno en posiciones confrontadas. Ante la ausencia de una oposición partidista fuerte, articulada y con credibilidad, el EZLN busca llenar ese espacio vacío, pero con diferencias sustanciales.

La magia y el encanto del EZLN se han perdido para la mayoría de quienes simpatizaron con este movimiento. Una generación completa de jóvenes indígenas que nacieron en el zapatismo presionan al interior del EZLN por un relevo en la dirección y una discusión más abierta. El subcomandante Marcos decretó su transformación para convertirse en subcomandante Galeano, pero sin un cambio del lenguaje y de estrategias a la altura del derrumbe institucional del viejo orden que ellos mismos combatieron con innegable congruencia.

Su mensaje de este 1 de enero, desde el Caracol La Realidad, en la Selva Lacandona, fue una clara advertencia en contra del proyecto del Tren Maya y del proyecto del Itsmo de Tehuantepec. “Aunque consulten a miles y millones, no nos vamos a rendir. Aunque le pidan permiso a su chingada madre, no nos van a doblegar”, expresó el Comité Clandestino Revolucionario.

El comandante insurgente Moisés advirtió que defenderán lo que han construido y calificó a López Obrador como un “mañoso”. La comandante Everilda aseguró que en los pueblos zapatistas no caben las manipulaciones, engaños ni mentiras o consultas disfrazadas.

El otro punto de crítica fue la Guardia Nacional, polémico proyecto para prolongar la presencia militar en labores de seguridad pública. “Por más que intenten humillarnos con las fuerzas represivas como es la Guardia Nacional, no descansaremos en defender nuestra madre tierra porque en ella nacimos, en ella vivimos y en ella moriremos. No nos rendiremos, no nos venderemos y ni claudicaremos”, sentenció el pronunciamiento.

La gran capacidad que tuvo el EZLN para encabezar iniciativas nuevas, propositivas se desvaneció en el aniversario 25 de su irrupción pública. Su causa sigue vigente y sus demandas son claras. Lo que ya no parece funcionarles es un discurso cada vez más sectario, desconfiado y sin interlocución con el resto de la sociedad mexicana.

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