“Manada”: La dificultad de romper vínculos

"Manada" se presenta los fines de semana en el Teatro La Capilla. Foto: Cortesía Teatro La Capilla "Manada" se presenta los fines de semana en el Teatro La Capilla. Foto: Cortesía Teatro La Capilla

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hay textos clásicos que pasan mucho tiempo olvidados, y de pronto, por alguna razón que desconocemos, hacen una aparición simultánea en las cabezas de los realizadores teatrales.

Y así, de pronto, tenemos a la vez en dos teatros, con dos estilos y con dos versiones que difieren mucho en factura, una obra del gran dramaturgo ruso del siglo XIX: Antón Chéjov: La primera, Tres hermanas (que comentamos en este espacio durante la semana), concluye su temporada en el Teatro Milán; el texto y la dirección de Manada, son responsabilidad de Luis Eduardo Yee. que se presenta en el Teatro La Capilla, anuncia el montaje como “Creada a partir de Las tres hermanas”.

La historia es la misma. Sólo que lo que Yee hace en su versión es invertir el género de los personajes y compactar un poco el largo texto, lo que da como resultado lo siguiente: Los tres hermanos: Olga (Hamlet Ramírez), Irina (Miguel Jiménez) y Masha (Pablo Marín), crecieron en Moscú, y ahora viven en un pequeño pueblo de Rusia, junto a su hermana Andrei (Lucía Uribe Bracho). Son una manada que se siente obligada a estar junta, pero cuando los depredadores externos la amenacen, verán la inminente necesidad de ceder.

Aunque el elenco se compone de potentes actores de teatro independiente, los personajes son poco empáticos. Olga siempre está de mal humor, y lo único que pide –siempre- es “que se hable de otra cosa”; Masha es nervioso e indeciso, y le agobia mucho estar “atorado” en un matrimonio que detesta; Irina, la menor, quiere trabajar –algo que no es tan común en una familia acomodada- y sólo está como objeto de deseo de dos mujeres que luchan por casarse con él. Por ganarlo, como un trofeo, impulsadas ya más por el éxito que por el cariño.

Da la sensación de que en este montaje los hermanos funcionan más como personajes de relleno, pretextos para que las mujeres que los rodean desarrollen la acción. Potentes actrices como Gabriela Guraieb, Fernanda Echevarría y Paula Watson llenan el escenario. Y el bellísimo detalle del violoncello –interpretado por Alejandro Preisser– que acompaña el drama.

La dirección escénica es un tanto robótica, donde conversaciones tan íntimas e intensas se hacen con los personajes hacia el público, a veces incluso dándose la espalda entre ellos. Puede ser un asunto experimental, pero para nada natural. Incluso se puede percibir el trabajo que le cuesta a los actores comunicarse de una manera tan poco práctica.

Aunque siempre es riesgoso mutilar, readaptar, en fin, meterle mano a los textos clásicos (porque están desde el principio tan bien concebidos, porque por algo trascienden las barreras de tiempo y espacio) hay que aplaudir la experimentación y la reapropiación.

Manada se presenta los sábados y domingos a las 12:30 horas en el Teatro La Capilla (Madrid 13, Del Carmen, Coyoacán). Hasta el 3 de febrero (excepto 19 y 20 de enero).

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