“El Tata” Martino, de los “Leprosos” a la Selección Mexicana

Gerardo Martino era un futbolista físicamente lento, pero mentalmente rápido, cuentan quienes lo conocen desde niño, cuando jugaba libremente en los llanos de su natal Rosario. Ahora, como entrenador, el nuevo técnico de la Selección Mexicana es conocido en el balompié mundial por ser práctico, por procurar el juego limpio, el buen trato con la pelota y por no obsesionarse con el resultado. El Tata, hombre de familia, aficionado a la novela negra, “siempre pone al futbolista en el centro de la escena”, dice José Dalonso, su biógrafo.

BUENOS AIRES (Proceso).- Gerardo Martino empezó desde muy niño en el futbol. Se formó jugando todos los días en un potrero (terreno baldío) del barrio Jorge Cura de la ciudad argentina de Rosario, muchas veces contra muchachos mayores que él, hasta que se hacía de noche y de la casa lo llamaban para cenar, cuenta José Dalonso, autor de El Tata. La biografía del director técnico de la Selección (Editorial Sudamericana, 2015). 

“Para un pibe era un grado de libertad muy grande jugar en el potrero, sin la cancha marcada, sin camisetas y sin entrenador. El paso a las divisiones inferiores tampoco fue traumático: el entrenador paraba el equipo y daba sólo dos o tres indicaciones. Era otra forma de entender el juego por completo. Eso se trasuntó en el estilo de Martino como futbolista y en la manera que entendió el balompié como entrenador: no lo transformó en una cuestión dramática”, dice Dalonso a Proceso.

En 1974, con 11 años, Gerardo Martino fichó para Newell’s Old Boys, los famosos Leprosos, uno de los dos equipos grandes de Rosario. El desafío para los chicos que conseguían dar el salto era pasar del juego en libertad y por mero gusto a competir en torneos con camiseta profesional y árbitro. En ese tránsito lo acompañó Jorge Griffa, formador de jugadores más reconocido en la historia del futbol argentino, quien desde 1972 estuvo a cargo de las fuerzas básicas del Newell’s. 

“Martino era un jugador con una técnica superlativa. Fisicamente era lento, daba ciertas ventajas, pero mentalmente era muy rápido, con un pensamiento muy claro en lo futbolístico porque además de lo que uno le podía ofrecer hay condiciones naturales que de alguna manera fueron dando vida al jugador que en su momento fue”, analiza Griffa para este semanario.

El Tata –como comenzaron a llamarlo, sin que él supiera de dónde proviene el apodo– es el mayor de dos hermanos de una familia conformada por Gerardo Martino, empleado metalúrgico, y Mabel Capiglioni, docente. En 1977, poco después de comenzar la secundaria, el incipiente jugador se enfrentó a la enorme carga horaria de los entrenamientos. 

“En mi cabeza todo era jugar al futbol. Por el lado de mi viejo, también; pero en el caso de mi mamá, que era maestra, había que estudiar y eso no se negociaba”, cuenta el protagonista a su biógrafo. 

Martino se hizo a la idea de que debía de abandonar el futbol y continuar en el colegio Dante Alighieri. “Un entrenador de divisiones inferiores que confiaba muchísimo en él, Daniel Musante, quien jugó en el futbol mexicano a principios de los setenta en el Monterrey, lo fue a buscar y le planteó a la madre, a la familia, un esquema para que por la noche terminara la secundaria en otro plantel de menor exigencia y que por la tarde le acomodaran los entrenamientos”, cuenta José Dalonso.

Aquel adolescente ya mostraba en sus inicios cualidades como conductor de grupo. “Las condiciones técnicas, físicas y psíquicas se deben dar en todo chico que tiene las intenciones y el deseo ferviente de llegar al futbol grande”, dice Griffa. 

El propio Gerardo Martino confesó alguna vez sin rubor que él “jugaba bien, pero corría poco” o que, dependiendo de la caída del sol sobre el estadio de Newell’s en el Parque Independencia, a veces jugaba como volante por izquierda o por la banda derecha para estar del lado de la sombra. 

Eso sí, a la pelota la hacía correr de manera perfecta. Pase al pie, pegada milimétrica y buen remate de larga distancia, resume Dalonso.

Martino se retiró en 1996 tras 16 temporadas como profesional. Con 509 convocatorias ostenta el récord de partidos vistiendo la camiseta del Newell’s. En 2003 la afición lo eligió como el jugador más importante y el ídolo máximo en la historia del equipo rojinegro. 

Sin autoritarismo

Juego limpio, buen trato con la pelota y no obsesionarse con el resultado. Esos son los principios básicos que Martino transmite a sus dirigidos. “Ha captado lo mejor de cada entrenador y armó su propio estilo”, considera sobre él Jorge Pautasso, compañero en Newell’s desde las divisiones inferiores y colaborador en varias de sus experiencias como miembro del cuerpo técnico. 

También se le ha descrito como alguien que sabe manejar el discurso, los tiempos y los grupos. “Martino tiene un liderazgo que no se basa en el autoritarismo –asegura José Dalonso–. Yo creo que él pone al futbolista en el centro de la escena y le da muchísima confianza”. 

El propio Martino ha dicho que no cree que los entrenadores sean más importantes que los jugadores. “Hace mucho se nos ha instalado en un lugar de demasiado privilegio”, suele decir el entrenador.

–¿Es un liderazgo diferente el que Martino tenía dentro de la cancha al que demuestra como director técnico? –se le pregunta a Jorge Griffa.

–Van de la mano –responde el experto que también formó a Marcelo Bielsa, entrenador del Leeds United, y a Mauricio Pochettino, del Tottenham Hotspur, ambos de la Premier League de Inglaterra.

“Al jugador también hay que prepararlo para la posterior vivencia dentro de la sociedad, que puede ser como director técnico. Martino realmente era un ejemplo como jugador y lo llevó a cabo con éxito. Como técnico sigue siendo igual: tiene férrea disciplina y orden mental, es claro en su forma de expresarse en el futbol”, agrega.

El Tata inició su carrera como director técnico en 1998 en la segunda categoría del balompié argentino. Su verdadero salto al futbol grande se produjo en Paraguay, donde ganó 10 títulos entre 2002 y 2006; de ellos, siete con Libertad y tres con el Cerro Porteño. 

En 2006 asumió la dirección técnica de la selección paraguaya, un equipo que se caracteriza por su espíritu aguerrido y buen juego aéreo al que Martino le sumó confianza y orden. Paraguay clasificó al Mundial de Sudáfrica 2010 venciendo a Brasil y Argentina en las eliminatorias sudamericanas. Durante el torneo perdió por la mínima diferencia en cuartos de final contra el que resultó campeón, España. 

Un año más tarde, con temperamento y suerte, se coronó subcampeón de América tras caer frente a Uruguay en la final. 

“Martino fue muy dúctil para evaluar el tipo de jugadores que tenía en Paraguay y armar una selección muy competitiva”, resume José Dalonso sobre el trabajo del argentino por tierra guaraní.

En 2013, el entrenador llevó a Newell’s Old Boys al campeonato con la implementación de un juego audaz que partió de su entonces portero Nahuel Guzmán, quien hacía las funciones de líbero. 

Su breve paso por el Barcelona le granjeó a Martino la oportunidad de dirigir a la selección argentina, con la que perdió dos finales de Copa América, en 2015 y 2016, ambas en tandas de penaltis ante Chile. 

El grupo, con Messi de abanderado, no pudo remontar el peso anímico de la derrota contra Alemania en la final del Mundial Brasil 2014. Con su reciente título en la MLS en Estados Unidos, como director técnico del Atlanta United FC, Martino cortó la racha de fracasos.

Con los pies en el piso

En 2016, cuando un reportero del portal inglés goal.com le preguntó al Tata qué era para él ser un tipo común, éste le respondió: “El que hace asado, el que habla de manera normal y no rebuscada, el que da notas como daba en cualquier otro lugar. El que paga sus impuestos… 

“Supongo que debe pasar por ahí. Es raro. En Barcelona, justamente, me decían eso: qué es un tipo común. Es raro ser un tipo común y dirigir al Barcelona o a la selección argentina. Creo que eso es lo que yo no estoy dispuesto a negociar.”

El nuevo entrenador de México entiende el éxito como el hecho de mantener sus amistades desde hace décadas y que quienes lo conocen no perciban que la fama se le ha subido a la cabeza. 

“Es una de las cosas que más admiración me causó cuando escribí el libro. Tiene esos códigos de amistad que creo son irrenunciables. Construye desde ese lugar”, dice Dalonso.

Hombre de familia, padre de tres hijos, aficionado a la lectura con predilección por la novela negra, Gerardo Martino llega a una Selección Mexicana en transición. Jorge Griffa, quien dicta cursos en México y conoce el futbol mexicano, le augura un buen desempeño. 

“Creo que Martino siempre desea lo mayor, lo mejor, el desarrollo más amplio. Y tiene las condiciones naturales y adquiridas para poder ser exitoso dentro del futbol. Fue un magnífico jugador y como técnico tiene disciplina y orden”, dice. 

La meta está muy clara desde el comienzo. En Qatar 2022, México pretende dejar atrás la seguidilla de siete Mundiales alcanzando los octavos de final, pero no el anhelado quinto partido. 

“Lo que todos queremos es jugar el quinto partido y me involucro en esa necesidad, pero lo que más nos interesa es que el equipo tenga una idea de juego y si lo logramos, el objetivo podrá estar más cerca”, declaró el entrenador durante la conferencia en la que fue presentado, el lunes 7. 

Este reportaje se publicó el 13 de diciembre de 2019 en la edición 2202 de la revista Proceso.

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