“Andanzas y recordanzas de Andrés Henestrosa”, de Margarito Guerra

La portada de "Andanzas y recordanzas de Andrés Henestrosa". Foto: Especial La portada de "Andanzas y recordanzas de Andrés Henestrosa". Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En días pasados fue presentada la segunda edición del libro de Margarito Guerra Torres Andanzas y recordanzas de Andrés Henestrosa (Pirul/ M.A. Porrúa, 131 páginas), ramillete con anécdotas y recuerdos en torno al escritor oaxaqueño Andrés Henestrosa (1906-2008).

Guerra publicó hace diez años la primera edición con prólogo del mismo Henestrosa, quien entonces señaló:

“Margarito Guerra (Ito, como me place llamarlo) ha estado cerca de mí por más de un cuarto de siglo, ha sido testigo y muchas veces parte de mis conversaciones; de mis escritos; de mis momentos de gozo, en los que cuento algunos chistes subidos de color, que incomoda contar –ya que suelen sonrojarse– delante de los caballeros… Ito ha tenido la idea, para mí muy buena, de recopilar y compilar en un pequeño libro varias anécdotas, ocurrencias, dichos y dichas míos, nacidos en algunas correrías, con lo cual logra el objetivo trazado.”

He aquí una selección de este anecdotario para nuestros lectores.

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Un día, caminando por el corredor turístico de la ciudad de Oaxaca, íbamos por la acera donde daba el sol. Tomándome del brazo, don Andrés me dijo: “Pasemos a la otra acera, no sea que alguien nos pida prestado.” Al llegar a los portales del Hotel Marqués del Valle, que era el destino, y a efecto de despejar mi duda, le pregunté sobre su comentario, que aclaró diciendo que no era congruente venir caminando bajo los rayos solares, si en la otra acera había sombra, porque alguien podía pensar: “Ahí vienen dos pendejos, les voy a pedir prestado.”

En otra ocasión, caminando por la misma calle, don Andrés me invitó a pasar a la acera donde daba el sol, y con pasos acelerados, llegamos a los portales del Hotel Marqués del Valle. Inmediatamente ordenó que sirvieran unas cervezas, las más frías que tuvieran. Nuevamente, para aclarar mi duda, le pregunté por qué ahora había preferido caminar bajo el sol y no en la sombra, a lo que contestó: “Fue para provocarnos más sed y así disfrutar a lo máximo de estas ricas cervezas.”

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Íbamos un día en un automóvil, adelante don Andrés y su chofer. En la parte de atrás su secretaria Rosita y yo. En son de broma dije: “Don Andrés, ¿me permite abrazar a Rosita?”. Y él, sagaz, como hombre que domina el lenguaje, inmediatamente contestó: “¿Con ‘S’ o con ‘Z’?”

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Durante una reunión en casa del antropólogo Gerardo Garfias, don Andrés dijo que la raíz de la palabra testículos es la misma que la de testigos, ya que “a pesar de que no entran, dan fe”. A efecto de esclarecer lo vertido por don Andrés, Gerardo consultó su enciclopedia, y manifestó que efectivamente las palabras referidas tienen la misma raíz. Lo anterior se lo conté a una amiga abogada, quien como complemento dijo: “Sí, sobre todo, testigo de descargo.”

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Una joven se le acercó y le preguntó: “¿Es usted de casualidad don Andrés Henestrosa?” Y él contestó: “Sí, soy Andrés Henestrosa. Pero no de casualidad.”

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A propósito de las mujeres, Don Andrés siempre dijo que en los senos de doña Martina, su madre, aprendió el zapoteco y el huave. Los otros idiomas, los aprendió en otros pechos.

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Del mezcal, Henestrosa dijo:

Quien lo gusta tiene otro cielo,

otro suelo: mejora la vida,

promueve el anhelo de seguir

vivo. ¿Por qué creen que he

llegado así a mis cien años?

Porque siempre gusto de un trago

de mezcal. El que sea, que siendo

de Oaxaca, hace del mal un bien

y de un bien un doble bien.

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Cuenta don Andrés que un día entraba con Francisco Toledo a un restaurante de la Zona Rosa cuando el mesero les impidió el paso, bajo el argumento de que Francisco no portaba corbata. Quiso dar alguna explicación y, al punto de retirarse, el propietario –quien probablemente los había identificado–, se acercó para saber el motivo de la discusión. Entonces don Andrés le dijo: “No hay ningún problema. Lo único que pasa es que no quieren permitir el acceso a un artista, a un pintor de primera a un restaurante de segunda.” Fueron instalados en una mesa preferencial.

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El gran Juan Rulfo, un día le dijo: “Andrés, lo mejor del matrimonio es la viudez, aunque uno sea el muerto”. “Aunque la mayoría piensa: La vida no vale nada, siempre que no sea la propia”, le respondió Andrés.

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Octavio Paz, por su parte, escribió:

“Las de Henestrosa, son páginas que no tienen una sola arruga.”

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Mientras que don Andrés dice sobre sí mismo lo siguiente:

“Yo soy como los buenos vinos: No gusto la primera vez. Pero quien frecuenta mi trato, pero quien logra descubrir la brújula para navegarme, sabe qué ríos de ternura fluyen y confluyen en mi pecho. Y que de trecho en trecho dejo de bramar y pierdo tumbos. Sé que soy pantano; pero puedo reflejar una estrella sin que se manchen sus puntas.”

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