EZLN, su desencuentro con AMLO y su divorcio con la izquierda europea

La conmemoración del 25 aniversario del levantamiento del EZLN. Foto: Isaín Mandujano La conmemoración del 25 aniversario del levantamiento del EZLN. Foto: Isaín Mandujano

BRUSELAS, Bélgica (apro).- A pesar de que la lucha de 25 años del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha dejado logros a esa organización guerrillera, su confrontación con el presidente Andrés Manuel López Obrador avivó su desencuentro con sectores de la izquierda europea que fueron sus aliados.

La consecuencia de que las corrientes tradicionales de la izquierda europea vean con entusiasmo al gobierno de López Obrador, es que los zapatistas se han quedado sólo con el apoyo de los minoritarios grupos antisistema, lo que podría reducir su influencia internacional.

Esto es parte del análisis que hace el sociólogo Bernard Duterme, director del Centro Tricontinental (CETRI), un instituto belga que desde 1976 estudia la situación de los países en desarrollo.

En entrevista con Apro, el investigador y autor del libro “Zapatismo: la rebelión que persiste”, considera que el interés en torno al EZLN permanece en Europa, pero no tan fuerte como cuando se levantó en armas.

“Todavía existe una red de organizaciones y grupos europeos interesados en lo que pasa en Chiapas, pero sin el mismo vigor que tuvo en los años 90 y 2000, después de la marcha zapatista al Distrito Federal en 2001”, expone el también autor de numerosos ensayos sobre el movimiento guerrillero que irrumpió el 1 de enero de 1994 en Chiapas.

Duterme es uno de los investigadores europeos que mejor conoce el movimiento zapatista y sus lazos con Europa.

En 1991 entró a trabajar con la ONG belga Entraide et Fraternité (Ayuda y Fraternidad), que pertenece hasta la fecha a la plataforma europea Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Solidaridad (CIDSE), que agrupa ONG católicas de izquierda relacionadas con la Diócesis de San Cristóbal de las Casas.

Esas organizaciones brindaban aporte financiero a ONG mexicanas con proyectos comunitarios en la zona de San Cristóbal de las Casas. Tal fue el caso, recuerda Duterme, de la organización Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas (DESMI) –a la que se otorgaban 10 mil dólares anuales–, o el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

Tales fondos provenían de las donaciones de los feligreses y del presupuesto para apoyar el desarrollo de otros países que destina el gobierno de Bélgica.

La plataforma también colaboró en el financiamiento de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), que fundó el obispo Samuel Ruiz y que de enero de 1994 a junio de 1998 medió el diálogo de paz entre el EZLN y los gobiernos de los presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

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Duterme estima que el factor decisivo en la pérdida de seguidores europeos del EZLN es la división y confrontación que genera entre los sectores izquierdistas los diferentes posicionamientos de sus pares latinoamericanos.

En los primeros años de su existencia, el EZLN contó con la afinidad del conjunto de las vertientes de la izquierda europea, desde la socialdemocracia hasta los colectivos anarquistas.

Pero desde hace algunos años –advierte el investigador belga–, una parte se ha inclinado a favor de la izquierda institucional que en algunos países latinoamericanos ha llegado al gobierno, y otra con los movimientos sociales de izquierda, como los indigenistas o medioambientales, críticos de esos gobiernos.

Estos dos polos han terminado por enfrentarse.

“Muchos de estos gobiernos de izquierda –explica Duterme– aplicaron políticas extractivistas (explotación intensa de los recursos naturales), a las que se han opuesto otros grupos de izquierda. En Ecuador, por ejemplo, organizaciones europeas apoyaron las luchas de las comunidades indígenas que protestaban contra el gobierno izquierdista de Rafael Correa (2007-2017), al que acusaban de presidencialista y predador”.

Y ese mismo conflicto, apunta Duterme, sucedió durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores en Brasil o con el actual régimen de Evo Morales en Bolivia, y reaparece ahora con el gobierno de López Obrador, que ha encontrado la oposición del EZLN y su entorno a proyectos como el del Tren Maya.

El miércoles 16 cerca de 700 intelectuales y activistas nacionales y extranjeros –muchos europeos—firmaron una carta de apoyo al EZLN y a su rechazo al Tren Maya.

Duterme explica que la consecuencia de esa división interna de la izquierda ha sido que, actualmente, en Europa el zapatismo es más popular “en los círculos libertarios y autónomos” que en la izquierda tradicional.

“Hay muchos simpatizantes zapatistas europeos que no son anarquistas. Pero la tendencia es que el zapatismo recibe más respaldo de sectores anarquistas, que son muy críticos respecto al Estado y los actores políticos tradicionales y sus sistemas verticales de poder”.

Se le comenta a Duterme que esta situación no parece favorecer el peso internacional de los zapatistas, y se le pregunta si la capacidad de estos grupos para ejercer presión a favor del EZLN es la misma que en el pasado.

“Es difícil responder. Es cierto que el conflicto abierto con el gobierno de López Obrador los aleja de los círculos que ponen mucha esperanza en éste. En una parte significativa de la izquierda europea fue muy buena noticia la elección de AMLO. Diez años después de que ocurriera en otros países latinoamericanos, por fin en México fue electo un presidente con un proyecto de izquierda neodesarrollista que tiene por objetivo modernizar el país a través de una fuerte inversión estatal y la realización de megaproyectos”.

El académico belga refiere que el zapatismo no es un tema central en México, y menos en Europa. Comenta que cuando lo invitan a dar conferencias en Francia o en Bélgica, se da cuenta que gran parte de los asistentes, muchos jóvenes, no conocen el tema.

“En los años 90, muchos jóvenes se interesaron por la política gracias al zapatismo”, señala Duterme, quien refiere que el grupo guerrillero “tuvo un papel importante sobre toda una generación, para la que fue una fuente de inspiración”.

Actualmente –puntualiza Duterme–, la red de aliados europeos del zapatismo se conforma de colectivos “minoritarios, marginales, y con dificultad para influir políticamente”.

El sociólogo belga, sin embargo, precisa que, “si mañana hay un problema en Chiapas” que involucre al EZLN, “probablemente habrá una nueva movilización europea con cierto poder de influencia, por ejemplo, en el Parlamento Europeo”.

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Este corresponsal contactó a algunas de las ONG europeas que desde el principio apoyaron al EZLN o al entorno de organizaciones afines, y que incluso podían enviar activistas a zonas zapatistas para realizar distintas actividades de apoyo.

El Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista, que estaba basado en Barcelona y dirigido por Iñaki García, se disolvió en 2009 luego de que el EZLN declarara que dicha organización había perdido su confianza, según anunció el mismo colectivo.

El colectivo tuvo una participación destacada en la creación y el trabajo de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos, cuyo vocero fue García. La comisión realizó varios viajes a Chiapas, el primero en 1998 a raíz de la masacre de 45 indígenas en Acteal.

García declinó hacer cualquier comentario.

La asociación italiana Ya Basta! se comprometió a hablar con Apro, pero no lo había hecho hasta este martes 22.

Ya Basta! estuvo vinculada en algún momento con los llamados Monos Blancos, un colectivo ya desaparecido de activistas que se vestían con overoles de ese color y actuaron como servicio de seguridad del EZLN en su marcha a la Ciudad de México.

El Colectivo de Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha –un colectivo de corte anarquista con sede en París y muy activo hasta la fecha— no respondió a la solicitud escrita de entrevista.

La alemana CAREA respondió, a través de una de sus integrantes, que no es un “colectivo de solidaridad con el zapatismo”. Puntualizó que trabaja con el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, al que envía activistas para apoyar a las comunidades indígenas de Chiapas, pero que no todas son zapatistas.

Aunque discretas, y en menor intensidad, estas y otras agrupaciones guardan vivo el interés europeo por el conflicto en el estado sureño mexicano.

Desde una perspectiva sociológica, afirma Duterme, el zapatismo plantea un caso extraordinario de perseverancia.

El citado libro Zapatismo: la rebelión que persiste, publicado por el CETRI en 2014, exponía que una de las originalidades del EZLN era su durabilidad como actor importante de la vida socio-política de México.

El volumen ya identificaba los elementos conflictivos que terminaron por provocar la más reciente diferencia entre el EZLN y el nuevo gobierno.

“La viabilidad de tal experiencia profundamente emancipadora, y radicalmente democrática, es cuestionada. Fragmentación política de las regiones indígenas, estrategias de contrainsurgencia y asistencialismo gubernamental, penetración de las trasnacionales de la industria extractiva, turística, agroexportadora… la adversidad del contexto es tangible. Así como los límites internos de la rebelión, cuyas lógicas de acción, sociales y políticas, pueden converger o chocar”.

Duterme reitera en la entrevista el estado de vulnerabilidad social, política y militar que enfrenta el EZLN. Su régimen de autonomía, afirma, es bastante frágil, además de que la guerrilla “sufre de un aislamiento político bastante fuerte que se percibe estos días a través de todas las críticas que recibe de varios sectores mexicanos”.

Explica que tras el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar de derechos indígenas que el gobierno de Zedillo firmó en 1996, y el fracaso de sus múltiples intentos de articularse con otros sectores de la izquierda mexicana, hace 15 años los zapatistas decidieron atrincherarse y construir ellos mismos una opción de cambio en las regiones bajo su influencia.

Para Duterme, el EZLN logró desarrollar sistemas educativos, sanitarios y económicos alternativos, pero frágiles y dependientes de apoyos externos, que son inestables.

“Es muy difícil construir un sistema anticapitalista en un mundo capitalista”, comenta Duterme, que pone como ejemplo el hecho de que el café que producen los zapatistas lo tienen que exportar y vender entre las redes de solidaridad internacional.

El zapatismo, dice, “siguen esta dinámica, construir el otro mundo que quieren; un modelo de desarrollo anticapitalista, más solidario, más justo y respetuoso de la naturaleza, pero sólo en su región. Se dieron cuenta que no había que esperar una ruptura de modelo a nivel nacional”.

Prosigue: “Es la crítica que hacen al nuevo gobierno, que ese cambio no está en su proyecto político. López Obrador es muy diferente a los últimos presidentes, pero según los zapatistas, no va más allá de una crítica superficial del neoliberalismo.

“Nunca voy a idealizar el proyecto zapatista: su dinámica ha dado logros y es interesante, pero muy vulnerable y confrontada a un contexto actual muy difícil”, concluye Duterme.

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