Migrantes en la Magdalena Mixhuca: filtros, pulseras, revisiones…

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Filtros de seguridad, pulseras de identificación y revisiones de seguridad a la entrada de los dormitorios son algunas de las medidas que el gobierno de Claudia Sheinbaum implementó para recibir en el albergue del estadio Jesús Martínez “Palillo”, en el deportivo Magdalena Mixhuca, alcaldía Iztacalco, a la primera caravana migrante del año que hasta ahora suma más de mil ochocientas personas provenientes de El Salvador, Honduras y Guatemala.

No obstante, las autoridades estiman que en los próximos días podrían sumar hasta tres mil y que su estancia iría de entre seis y 10 días.

En el reporte matutino, la secretaria de Gobierno, Rosa Icela Rodríguez, informó que tenían registrados mil 803 migrantes, de los cuales mil 45 son hombres, 14 pertenecen a la comunidad LGBTTTI; además contabilizaron 40 niños menores de dos años y una persona con discapacidad motriz. Unas cuatro familias sólo estuvieron pocas horas y se retiraron.

A diferencia del albergue que funcionó ahí mismo a principios de noviembre del 2018, que recibió a más de siete mil personas del éxodo centroamericano y estuvo a cargo del gobierno de José Ramón Amieva, con la ayuda del gobierno de transición, esta vez la operación es distinta, las reglas son más duras y participa el gobierno federal, vía la Secretaría de Marina.

Desde la entrada, el reglamento es claro: es obligatorio registrarse -fecha de ingreso, sexo, edad y si están en situación de vulnerabilidad-, y portar una pulsera verde que les dan para tener acceso; cumplir las normas de convivencia enlistadas, por ejemplo, colaborar con las actividades solicitadas para el buen funcionamiento del albergue; evitar conductas violentas, prohibido el consumo o venta de drogas o bebidas alcohólicas y el ingreso de cualquier tipo de arma; así como la venta informal de cualquier producto.

Tampoco se permite el acceso de personas ajenas al albergue y a los beneficiados les sugieren no pernoctar afueras del mismo.

En la entrada, 200 policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) local aplican filtros de seguridad: los colocan contra la pared y los revisan de pies a cabeza, luego, sus mochilas.

Un reporte de la dependencia informó que les han encontrado y asegurado objetos aptos para agredir como puntas, cuchillos, desarmadores y armas blancas improvisadas, entre otros.

Sheinbaum descarta brote de influenza

El paso siguiente es la revisión médica a cargo de doctores de la Secretaría de Salud (Sedesa) a fin de detectar cualquier enfermedad y darle seguimiento.

Esta mañana en su conferencia matutina, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, informó que se han atendido a unas 200 personas con síntomas de alguna enfermedad viral, pero descartó que hubiera algún brote de influenza. De cualquier forma, agregó que el abasto de vacunas está garantizado, al igual que el de alimentos.

La policía capitalina dijo que hasta este martes había trasladado a una persona al hospital de Balbuena para una valoración médica y a otra más para una atención menor. También localizó a tres personas que se extraviaron en las inmediaciones del deportivo.

En el lugar permanecen tres Medibuses y cuatro carpas para servicios de salud, desde donde se coordinan traslados a hospitales en caso de ser necesarios.

Los migrantes también pueden acceder a servicios dentales, psicológicos y hasta de corte de cabello, así como a actividades culturales y lúdicas que les dan distintas dependencias del gobierno capitalino. Incluso, tienen acceso a una cancha de futbol rápido, donde juegan entre ellos mismos o bien, pueden ser espectadores.

A diferencia del albergue del año pasado, ahora la gente ya no lleva donaciones, por eso ya no se observan en el suelo los montones de pantalones, camisas y zapatos que eran desdeñados por los mismos migrantes.

El área de higiene personal también cambió: ya no tienen que bañarse a la vista de los transeúntes, pues se instalaron regaderas provisionales y son resguardadas por policías.

Para el servicio de alimentos, el encargado ya no es personal de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) del gobierno local, sino integrantes de la Secretaría de Marina (Semar) quienes, en dos tráileres-cocina, preparan desayuno, comida y cena con capacidad de hasta cinco mil raciones por turno. Los alimentos son proporcionados por la Central de Abasto.

“La gran diferencia”

Arturo Medina, subsecretario de Gobierno local, destacó la coordinación entre las instancias locales y federales, así como la Comisión de Derechos Humanos capitalina y 40 organizaciones de la sociedad civil, nacionales e internacionales, bajo la dirigencia de la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social.

“Hoy ningún migrante durmió en una tribuna. Hoy todos están dentro de una carpa con todos los servicios 24 horas. Eso es extraordinario. Es decir, los servicios estuvieron puestos antes de que los migrantes llegaran acá. Yo creo que esa es una gran diferencia”, afirmó.

Y es que, cuando los primeros integrantes del éxodo centroamericano llegaron a la Ciudad de México a principios de noviembre pasado, encontraron un albergue con carpas a medio montaje, por lo que muchos durmieron en las gradas del estadio pese a las bajas temperaturas de entonces.

Al pasar de los días, los gobiernos capitalinos y de transición fueron adecuando las instalaciones y los servicios, pero fue evidente que los primeros días estuvieron rebasados por la demanda de servicios. Incluso, se presentaron problemas de violencia, delincuencia, drogadicción y ambulantaje.

El subsecretario Medina explicó que los recursos utilizados para operar el albergue provienen de partidas presupuestales del gobierno de Sheinbaum, pero no dio ninguna cifra. Además, adelantó que, ante la contingencia social, se realizan las adecuaciones necesarias al Fideicomiso Fondo de Desastres Naturales (Fonden) en cuestión de presupuesto, pues se espera que este tipo de fenómenos sea recurrente.

En el albergue hay participación de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), así como representantes de organizaciones como la Casa de Acogida y Formación para Mujeres y Familias Migrantes (Cafemin).

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