El candidato que amenaza el control de los partidos tradicionales

SAN SALVADOR (apro).- Nayib Bukele, del partido Gran Alianza por la Unidad (GANA), es el candidato favorito para ganar las elecciones presidenciales en El Salvador, según los resultados de las encuestas publicados desde mediados de 2018. Si el 3 de febrero su triunfo se concreta en primera vuelta terminará con 30 años de dominación electoral de los partidos cuyo origen ideológico se remonta a los años de la Guerra Fría: Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Carlos Calleja es el aspirante presidencial de ARENA. Es hijo de Francisco Calleja Malaina, propietario de Súper Selectos, la gran cadena de supermercados que, con relativo éxito, ha frenado el ascenso de la transnacional Walt Mart en el mercado salvadoreño. La familia representa a las élites económicas conservadoras de ascendencia europea que desde principios de los años 80 controlan la industria, el comercio, la agricultura, el sector financiero y los servicios. El partido, además, gobernó desde 1989 hasta 2009, 20 años en los que privatizó empresas estatales, concesionó bienes públicos, dolarizó, firmó tratados de libre comercio e implementó otras medidas ultraliberales aconsejadas por Estados Unidos.

Como tercer competidor está Hugo Martínez Bonilla, del partido oficial. Inició su carrera política como líder estudiantil en la estatal Universidad de El Salvador. Después de los Acuerdos de Paz escaló peldaño a peldaño: dirigente juvenil, miembro de la cúpula, diputado suplente y diputado propietario. En el año 2009, al llegar el FMLN al poder por primera vez, fue nombrado ministro de relaciones exteriores. En el segundo gobierno efemelenista fue nuevamente designado en el cargo.

Como último competidor está Josué Alvarado, del partido VAMOS, un migrante que hizo fortuna en Estados Unidos en los años 90 y principios de la década del 2000 fabricando y distribuyendo productos alimenticios nostálgicos a latinoamericanos. En 2012 regresó a su país de origen y tres años después intentó ser diputado, pero perdió.

La concreción del triunfo que vaticinan las encuestas debe confrontarse con los resultados de las elecciones municipales y legislativas de 2018: ARENA y sus aliados ganaron en total 1,204, 502 votos; el FMLN, 584,596.

Bukele, por tanto, necesita drenar votantes tanto a ARENA —cuyo voto duro es firme— como al FMLN.

Entre ARENA y el FMLN llevaron al poder seis presidentes: Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol, Francisco Flores, Elías Antonio Saca, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén. Hasta hace tres años controlaban con holgura las cuentas electorales y todos los escenarios políticos. Entre finales de 2017 y principios de 2018, sin embargo, el dominio se les empezó a salir de las manos. Paralelamente Bukele creció en popularidad hasta llegar a este punto: ha acumulado tanta fuerza que amenaza con romper la lucha entre esos partidos a la que tan acostumbrados están los salvadoreños mayores de 35 años de edad y al que no se terminaron de habituar los salvadoreños de entre 18 a 30 años de edad.

“La disminución de la polarización (apoyo a partidos tradicionales) puede estar vinculada con la entrada de personas más jóvenes al sistema electoral”, dijo Álvaro Artiga, catedrático de ciencias políticas de la UCA en la celebración de un foro de análisis en la universidad.

En mayo del año pasado, por ejemplo, el 51.1 por ciento de los mil 263 ciudadanos que el Instituto de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) encuestó, consideraron que el mejor candidato era Bukele. Siete meses después las preferencias electorales se mantuvieron casi intactas: el 51.3 por ciento de los mil 805 encuestados dijeron que Bukele era el mejor candidato.

¿Cómo se llegó hasta este punto?

El 6 de junio de 2017 el IUDOP anticipó una parte de la realidad que ahora parece materializarse: de mil 261 encuestados el 63.4% dijo que no quiere que el FMLN siga en el poder; el 68.1% dijo rechazar el regreso de ARENA al gobierno. Mientras el 60% consideró deseable la incursión de nuevos partidos, tanto de izquierda como de derecha.

Héctor Dada Hirezi, exministro de economía, opinó que para comprender los declives de los partidos tradicionales hay que remontarse a los años en que cada uno asumió el poder por primera vez: en 1989 los electores votaron por ARENA para que negociara con la entonces guerrilla del FMLN el fin de la guerra civil, y lo consiguió el 16 de enero de 1992; en 2009, los votantes apoyaron al FMLN para que disminuyeran la desigualdad social, el desempleo y problemas similares que en las décadas previas se agravaron.

“La gente está insatisfecha porque esperaba mucho más del FMLN”, dijo a Proceso el también líder de la izquierda salvadoreña. Matizó, sin embargo, que el partido oficial sí obtuvo logros en salud, disminución de la pobreza, impulso de la pequeña empresa, entre otros.

“Hay errores estratégicos del FMLN cometidos en el ejercicio de la política pública”, comentó Pablo Benítez, militante de la izquierda salvadoreña refiriéndose al no desmontaje de la ultraliberalización de la economía que implementó ARENA en sus 20 años de gobierno y al desinterés frente a la política fiscal que se asienta, principalmente, en los impuestos indirectos cuyo mayor porcentaje son pagados por los más pobres y la incipiente clase media. “Hubo que haber demostrado más voluntad de cambio”, agregó.

Mientras fue alcalde

Volviendo a Bukele: él proviene de una familia de empresarios de origen palestino con intereses diversificados en la publicidad, medios de comunicación, importación y venta de motocicletas, farmacéuticas y textiles. Sus abuelos paternos llegaron al país territorialmente más pequeño de Centroamérica en las olas migratorias procedentes de Belén entre finales de 1800 y mediados de 1900. Entre los años 70 y 90 los descendientes de aquellos árabes ya eran empresarios con fortunas modestas. En los años de la guerra su familia protegió en sus incursiones clandestinas a Schafick Hándal, un fallecido líder comunista —también de origen palestino— que después de los Acuerdos de Paz se erigió como uno de los principales líderes de la izquierda salvadoreña.

Entre 1999 y el año 2000 ya había cumplido la mayoría de edad y su padre, Armando Bukele, le compró una agencia de publicidad. Uno de sus primeros clientes fue la organización política que en los años venideros lo acogería.

En 2011 se ofreció como candidato a alcalde de Nuevo Cuscatlán, un municipio semi-rural a media hora de distancia de San Salvador. Ganó las elecciones y su carrera comenzó: impulsó asistencialismo primario con la entrega de pensión básica a los ancianos, abrió una clínica de salud y una academia de inglés municipales, entre otros proyectos.

A la par implementó su estrategia publicitaria distintiva que posteriormente repitió en otras instituciones: la N y el color azul cian se convirtieron en la heráldica municipal.

En 2015, con su popularidad consolidándose, ganó la alcaldía de San Salvador. En los siguientes años sus aspiraciones presidenciales fueron más notorias. Comenzó a criticar abierta y públicamente a su entonces partido: el 9 de marzo de 2016 publicó en sus cuentas de redes sociales —sus habituales canales de comunicación— que no obstante el FMLN gobernaba “las cosas no han mejorado; más bien, continúa la misma tendencia de empeoramiento”; a la semana siguiente dijo en un evento en Washington, Estados Unidos: “En El Salvador no hay presidente”.

En octubre de 2017 fue expulsado por “actos difamatorios”, “irrespeto a las mujeres”, “comentarios descalificadores contra dirigentes” e “irrespeto a los principios del partido”.

Inmediatamente se supo fuera dio a conocer que había iniciado los preparativos para lanzar su movimiento Nuevas Ideas que le serviría como vehículo en la competencia por la presidencia de la República -movimiento que, según lo han definido él y los miembros de su círculo-, no se asienta en la clásica estructura territorial de los partidos sino en la espontaneidad: sus simpatizantes abren cuentas en redes sociales, organizan su sucursal del movimiento en su municipio y auto subvencionan los costos de la organización.

Dada Hirezi y Benítez coincidieron en que en la política occidental y en los países periféricos están ascendiendo liderazgos foráneos a los partidos tradicionales. Ejemplo de eso son Jair Bolsonaro, en Brasil; Donald Trump, en Estados Unidos; Emmanuel Macron, en Francia.

“El voto de rechazo se está generalizando y aquí parece que no somos la excepción”, afirmó

Dada Hirezi. “Hay un fenómeno mundial de rechazo que nos puede poner frente a situaciones inesperadas”, añadió.

“Estaríamos pasando de un pluralismo polarizado a un pluralismo moderado, similar a Costa Rica”, expresó Artiga.

La ley electoral salvadoreña y la Constitución establecen que los partidos políticos son el único medio para llegar a la presidencia de la República. Obligado por esa disposición, Bukele había planeado convertir a Nuevas Ideas en su partido, pero el Tribunal Supremo Electoral demoró la legalización de forma que no pudo inscribirse en tiempo como candidato. Al saberse sin su propia organización, iba a hacerlo a través del partido de centroizquierda Cambio Democrático (CD), pero la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) ordenó la cancelación de éste partido. A unas pocas horas de quedar fuera de la competencia se inscribió en GANA.

En la campaña su estrategia principalmente ha consistido en moverse en ambientes controlados y distanciarse de todas las preguntas. En diciembre de 2018 la Universidad de El Salvador celebró un debate presidencial con todos los candidatos; Bukele se negó a participar alegando que las reglas acordadas fueron manipuladas para afectarlo. En enero de 2019 la Asociación de Radiodifusores (ASDER) celebró también su debate pero tampoco participó; mientras sus adversarios explicaban cómo pretenden enfrentarse a los problemas del país él transmitía vía Facebook Live su propuesta de gobierno llamada Plan Cuscatlán.

Los puntos oscuros

Ernesto Muyshondt, actual alcalde de San Salvador, ha dicho en declaraciones a la prensa salvadoreña que Bukele ocupó el dinero municipal para financiar el posicionamiento mediático de su nombre y de su marca Nuevas Ideas.

En los tres años de la gestión Bukele la alcaldía pagó 1,531,761 dólares en publicidad, de acuerdo con los contratos y las facturas que entregó la alcaldía como respuesta a una solicitud de acceso a la información. Entre esas facturas están los costos de las vallas publicitarias instaladas en toda la capital con el eslogan “Las Nuevas Ideas son Invencibles”.

El favorito en las encuestas no ha explicado esos señalamientos. Tampoco cómo financiará su Plan Cuscatlán en el que ha ofrecido mejorar las condiciones laborales de los policías, intensificar los programas de reinserción, concentrarse en la prevención de los delitos, tampoco habla de cómo se enfrentará al más agobiante problema: la guerra entre el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha-guerra que ha posicionado al país en los tres primeros lugares de todo el mundo con la mayor tasa de asesinatos; en 2014 murieron violentamente 3 mil 942 ciudadanos; 6 mil 656 en 2015; y 5 mil 278 en 2016. En cada uno de esos años hubo un promedio de 10.8, 18.2 y 14.4 homicidios diarios. El año 2018 terminó con 3 mil 340 asesinatos.

Esto último no lo ha explicado tomando en cuenta que las medidas aplicadas por sus antecesores agravaron más el problema: el manodurismo de los gobiernos de ARENA devino en el fortalecimiento de las estructuras pandilleras, la tregua que impulsó el expresidente Funes se desmoronó por inanición y finalmente el ultra-manodurismo del mandatario saliente Sánchez Cerén provocó la reorganización y el intento de legitimación de escuadrones de la muerte dentro de la policía civil y el ejército que cometieron ejecuciones extrajudiciales.

Otra de las propuestas insignia del Plan Cuscatlán es Franja Pacífico que plantea crear polos de desarrollo en las zonas Oriental y Occidental del país remozando los puertos marítimos ya existentes en ambos puntos territoriales y conectándolos con un tren de carga de mercancías y de pasajeros. Bukele ha sido el único que ha presentado un plan de esa envergadura, pero, al igual que en el resto de puntos, no ha explicado cómo lo implementará tomando en cuenta que El Salvador está contra la espada y la pared: la deuda pública es superior a los 15 mil millones de dólares —la mayor de Centroamérica— y su crecimiento económico es inferior al 2.8 por ciento.

En el sistema educativo también ha propuesto reformas radicales con la enseñanza obligatoria en todas las asignaturas del inglés —los 44 mil docentes deberán aprender y enseñar en inglés— y la reconstrucción de las 5 mil 136 escuelas públicas.

En todas sus propuestas las grandes preguntas siguen siendo: ¿de dónde saldrá el dinero? Hasta el momento no ha explicado si tiene en mente impulsar una reforma tributaria o aumentar el endeudamiento público.

Pero las dudas sobre Bukele no se limitan a sus propuestas. Hasta el momento se desconocen completamente los nombres de los financistas de su campaña electoral que fue la más cara según el monitoreo de la ONG Acción Ciudadana: 4,941, 655 dólares entre noviembre y diciembre de 2018. También están en una larga fila de incógnitas los nombres de los grupos empresariales que lo apoyan; suele intuirse que las familias de origen palestino —en la actualidad capitales medios con empresas que bien pueden mover entre 300 a 400 millones de dólares en toda la región— están detrás suyo pero eso no ha sido confirmado hasta ahora.

Si Bukele no gana en primera vuelta es probable que deba enfrentar a Carlos Calleja en segunda vuelta, según las encuestas.

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