Freddy Mercury y Jim Hutton

Jim Hutton y Freddy Mercury. Foto: Especial Jim Hutton y Freddy Mercury. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Rami Malek, quien encarnó al músico Freddy Mercury, del grupo Queen, en la película Bohemian Rapsody, se enfila como el gran favorito para ganar el Oscar este febrero, tras llevarse primero el galardón de los Globos de Oro y ahora los SAG Awards del Sindicato de Actores de Estados Unidos, el pasado 27 de enero.

https://youtu.be/ktYlzVYQbwY

Pese a que la película provocó elogios y fue disfrutada a plenitud entre los cinéfilos del mundo del rock, desde su estreno, el 2 de noviembre pasado, no faltaron críticas cinematográficas debido a las faltas de rigor histórico en la cinta, e incluso un sitio como Rotten Tomatoes la calificó pobremente (52%).

Uno de los cambios en Bohemian Rapsody es la libertad con que se retrata la relación de Freddy Mercury con su última pareja, Jim Hutton, y sobre todo la licencia del guión en torno a que el cantante de Queen anunció al resto del cuarteto que padece sida, justo antes de subir al foro del estadio de Wembley para su participación en Live Aid en julio de 1985.

Pero esto no es verdad: la enfermedad le fue detectada dos años más tarde, así que hay pulgares bajos a esta biopic fílmica manifestando que los productores y colegas de Queen no supieron cómo manejar el tema del sida.
“Bohemian Rapsody es como una alberca fangosa… Cierto que la cinta no es documental, pero lo que importa son los resultados. Yo nunca había visto que una película distorsionara tanto los hechos reales de una manera harto punitiva, pareciera que la cinta quiso castigar a Freddy Mercury a 27 años de su muerte”, señaló el periodista Mike Ryan de la cadena del espectáculo angelina URPOXX, el 23 de noviembre de 2018.

En su biografía Mercury and Me (Mercury y yo. Estrella Binaria, Editorial Pangea, traducción de Elvio E. Gandolfo, 1995, 195 páginas), el propio autor (y novio del artista) Jim Hutton (irlandés fallecido el 1 de enero de 2010 por cáncer) cuenta de viva voz al alimón con Tim Wapshott la primera noticia del asunto, tras el viaje al Japón de ambos, en octubre de 1986. Leamos fragmentos de “Un yen para ir de compras” y “Estás despedido”.
(https://youtu.be/lYVisO2BQAg)

La realidad no tiene escape
Cuando llegamos a (el aeropuerto londinense de) Heathrow nos caíamos de puro agotamiento. No nos encontrábamos en condiciones de recibir una sorpresa desagradable, pero una vez que pasamos la aduana fuimos abordados por un periodista y un fotógrafo de los diarios sensacionalistas que le arrojaron directamente a la cara una historia escalofriante de sida.

Bajo el titular “Freddy, la estrella de Queen, con shock por SIDA”, News of the World afirmaba que Freddie se había sometido a “exámenes secretos de sida” en una clínica de Harley Street bajo su nombre auténtico, Freddie Bulsara. Según un falso vocero de Freddie, los resultados habían demostrado de modo concluyente que no tenía “la enfermedad asesina”. La grosera historia era una basura inventada de principio a fin. Incluso terminaba afirmando que Freddie y Mary (Austin) estaban conviviendo en Garden Lodge.

Freddie se enfureció. ¿Por qué nadie en las oficinas de Queen en Londres había hecho sonar el timbre de alarma y le había avisado de la historia?

–¿Acaso doy la impresión de estar muriéndome de sida? –le preguntó Freddy al periodista. Dijo que no tenía la menor idea de que alguien hubiese dicho algo y se mostró claramente irritado ante lo que denominaba “semejante basura”.

–Me enferma –dijo–. Ahora váyanse y déjenme en paz.

De camino a Garden Lodge, Freddie seguía furioso.

–Lindo regreso a casa –dijo sarcásticamente.

Pero después le cambió la cara. Había cuestiones más importantes de las cuales ocuparse: estaba por reunirse con nuestros dos gatos, Óscar y Tiffany.

(…)

“¿Acaso parece que me estoy muriendo de sida?, se indigna Freddie, gritaba el titular del Sun el lunes 14 de octubre de 1986, que anunciaba una “exclusiva”. Freddy estaba furioso.

Dijo que no le habían hecho estudios, como habían sugerido los periódicos, pero la historia lo tuvo muy nervioso durante unos días. Era evidente que estaba a la defensiva, y en los días siguientes pareció preocupado por la historia. Por lo común Freddie pasaba por alto cualquier especulación de la prensa, pero esta vez los periódicos parecían haberle atinado en un punto débil. Supongo que en secreto Freddie abrigaba dudas sobre su propia salud, dado que antes de conocernos había hecho más que su parte de la vida acelerada de una estrella de rock exitosa: sexo, drogas y rock and roll, con una serie de compañeros de una noche.

Abril de 1987

Antes de Pascua fui a Irlanda a visitar a mis parientes. Estoy seguro que mi familia sospechaba que yo era gay, aunque nunca había dicho nada y jamás mencioné que era el amante de Freddie…

El día antes de volar de regreso le hablé a Freddy a casa. Me preguntó cuándo regresaría, y había en su voz una urgencia que me hizo sospechar que algo andaba mal.

–Los médicos acaban de sacarme un buen pedazo –contestó.

Le pedí que me contara más, pero dijo que por teléfono no podía; me lo contaría cuando llegara a casa.

–Bueno, no te preocupes –dije–. Estaré allá mañana.

Mi reacción inmediata fue pensar que Freddie exageraba un poco. Si se sentía deprimido tenía la costumbre de sonar dramático por teléfono para obtener mayor atención de mí. Al día siguiente, cuando regresé a Garden Log, Freddie estaba en nuestra recámara. Cuando me tendí en la cama rodeándole con el brazo se acurrucó contra mí, apretándome con fuerza, y me dijo lo que no había podido contarme el día anterior.

Me señaló una marquita que tenía en el hombro, no mayor que una uña y con dos puntitos. Los médicos le habían tomado un trozo de tejido para hacerle pruebas y acababan de llegar los resultados. Tenía sida.

–No seas ridículo –dije.

No podía creerlo: los médicos tenían que estar equivocados.

–¿Quién te hizo esa prueba? –pregunté–. Iremos con otro médico.

–No –dijo Freddy–. Estos tipos son los mejores que hay.

Era cierto: Freddy podía costearse lo mejor y no aceptaba nada de calidad inferior.

–Si quieres dejarme lo comprenderé –dijo.

–¿Qué? –pregunté.

–Si quieres dejarme e irte de Garden Lodge no te detendré, lo comprenderé –dijo.

–Pero yo te amo –dije–. No voy a abandonarte ahora… ni ahora ni nunca. No hablemos más del asunto.
Freddy alzó los ojos hacia mí y nos abrazamos muy fuerte…

Mary fue, aparte de mí, la única persona en esa época a quien confió Freddie sobre su enfermedad, excepción hecha de Jim Beach. (Más tarde le reveló su enfermedad a Dominique, la compañera de Roger Taylor, después de que Dominique le contó que tenía cáncer de seno; quería que ella supiera que tenía en él un amigo sobre el cual llorar en cualquier momento.)

El 4 de mayo Freddie quedó devastado por otra nota sobre él en el Sun. Y yo también. Después de lo que Freddie había hecho por él, Paul Prenter lo había traicionado.

“El sida mata a dos amantes de Freddie”, decía el titular y la historia abarcaba tres páginas. Tony Bustin, de Brighton, y John Murphy, un sobrecargo de una aerolínea estadunidense, habían muerto por la enfermedad en 1986. Y Prenter declaraba que Freddie lo había llamado una noche, tarde, y había llorado por el sida…

Más tarde, supimos que el periódico le había pagado a Prenter alrededor de 32 mil libras por la historia. Freddie no volvió a hablarle jamás después de eso, y tampoco lo hicieron Elton John, John Reid y otros…

Parece difícil de creer, pero para tratarse de un hombre coronado como el intérprete de rock más exuberante y liberado, en realidad Freddy era una persona privada en extremo… Había otra cosa que nos susurraba al costado de la boca, y que siempre me divertía. Si estábamos en público y necesitaba ir al baño decía dos palabritas “¡Pipí! ¡Pipí!”. Uno de nosotros lo escoltaba hasta el baño más cercano para que pudiera orinar en paz.

(Según Hutton, esas mismas dos palabras serían las últimas que pronunció en su lecho de muerte Freddy Mercury, en el capítulo “Dejándose ir”, página 168.)

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