“El futuro de la humanidad”, de Michio Kaku

Michio Kaku en un recorrido por los estudios WETA en Nueva Zelanda, en noviembre pasado. Foto: Twitter @michiokaku Michio Kaku en un recorrido por los estudios WETA en Nueva Zelanda, en noviembre pasado. Foto: Twitter @michiokaku

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Aparece la primera edición mexicana del fascinante libro del físico californiano Michio Kaku El futuro de la humanidad: La colonización de Marte, los viajes interestelares, la inmortalidad y nuestro destino más allá de la Tierra, en traducción de Juan Manuel Ibeas para Penguin Random House (Debate, 407 páginas).

Nacido en 1947, Kaku había publicado hace un lustro y también para Random House el best-seller El futuro de nuestra mente: El reto científico para entender, mejorar y fortalecer nuestra mente, que inicia con agradecimientos a decenas de invitados a sus programas de la BBC, Discovery y Science TV (entre ellos Deepak Chopra) y cuya introducción leemos aquí:

“Los dos mayores misterios de la naturaleza son la mente y el universo. Gracias a nuestra avanzada tecnología, hemos sido capaces de obtener imágenes de galaxias situadas a miles de millones de años luz, manipular los genes que controlan la vida e introducirnos en el sanctasantórum del átomo; sin embargo, la mente y el universo siguen siendo tan esquivos como seductores. Son las fronteras más fascinantes de la ciencia.”

Ahora, el autor cruza las fronteras de la astrofísica, la inteligencia artificial y la tecnología para ofrecer una maravillosa visión del mañana. Los capítulos se leen con rapidez debido a su lenguaje sencillo, aun cuando hay algunas referencias a películas, personajes o libros que tal vez atraigan a un lector más versado en los temas a tratar. Los 14 capítulos se dividen en tres partes: “Salir de la Tierra”, “Viaje a las estrellas” y “La vida en el universo”.

Ofrecemos a continuación el comienzo del capítulo 12 de la segunda parte en El futuro de la humanidad, donde Kaku cita al poeta persa sufí Rumi: En un principio eras barro. De ser mineral, pasaste a ser vegetal./ De vegetal, te convertiste en animal, y de animal en hombre […] Y todavía tendrás que atravesar cien mundos diferentes. Hay mil formas de mente.

 

“En busca de vida extraterrestre”

Un día, los alienígenas llegaron.

Venían de tierras lejanas, de las que nadie había oído hablar, en naves prodigiosas, usando una tecnología con la que sólo se podía soñar. Venían con armaduras y escudos de una fortaleza nunca vista; hablaban un idioma desconocido y traían con ellos extrañas bestias.

Todo el mundo se preguntaba: ¿quiénes son?, ¿de dónde vienen? Algunos decían que eran mensajeros de las estrellas. Otros susurraban que eran como dioses del cielo. Por desgracia, todos estaban equivocados.

El fatídico año es 1519, cuando Moctezuma se encontró con Hernán Cortés y los imperios azteca y español chocaron. Cortés y sus conquistadores no eran mensajeros de los dioses, sino piratas sedientos de oro y de cualquier otra cosa que pudieran saquear. La civilización azteca había tardado miles de años en salir de los bosques pero, armada sólo con tecnología de la Edad de Bronce, fue derrotada y destruida por los soldados españoles en cuestión de meses.

Cuando nos aventuremos en el espacio exterior, una lección que podríamos aprender de ese trágico ejemplo es que conviene andarse con cuidado. Al fin y al cabo, la tecnología de los aztecas sólo estaba atrasada unos pocos siglos respecto de la de los conquistadores españoles. Si encontramos otras civilizaciones en el espacio, podrían ser tan avanzadas que sólo podemos imaginar su poder. Si entráramos en guerra con una civilización así, sería como King Kong luchando contra la ardilla Alvin (N. T.: Alvin and the Chipmunk, película animada del año 2000).

El físico Stephen Hawking ya avisó: “Sólo tenemos que mirarnos a nosotros mismos para comprobar cómo podría evolucionar la vida inteligente hasta llegar a algo con lo que no querríamos enfrentarnos” (Arthur C. Clarke dijo en cierta ocasión: “O bien hay vida inteligente en el universo, o bien no la hay. Cualquiera de las dos cosas es aterradora”).

Y aludiendo a las consecuencias del encuentro entre Cristóbal Colón y los nativos americanos, concluía: “Aquello no salió muy bien”. O como dice el astrobiólogo David Grinspoon: “Si vivieras en una selva que podría estar llena de leones hambrientos, ¿bajarías de un árbol y gritarías ¡hola!?” (Rebecca Boyle, “Why These Scientists Fear Contact with Space Aliens”, NBC News, 8 de febrero de 2017.

Sin embargo, las películas de Hollywood nos han engatusado haciéndonos creer que podemos derrotar a los invasores extraterrestres si su tecnología solo es algunas décadas o unos pocos siglos más avanzada que la nuestra. Hollywood da por supuesto que podremos vencerlos valiéndonos de algún truco astuto pero primitivo. En Independence Day, lo único que hay que hacer es infectar con un simple virus informático su sistema operativo para hacerlos claudicar, como si los extraterrestres utilizaran Microsoft Windows.

Hasta los científicos cometen el error de descartar la idea de que pueda visitarnos una civilización extraterrestre que viva a muchos años luz de distancia. Pero eso es suponer que las civilizaciones extraterrestres nos aventajan en unos pocos siglos en tecnología. ¿Qué pasa si nos llevan millones de años? En términos cósmicos, un millón de años no es más que un parpadeo. Cuando se contemplan esas escalas temporales tan dilatadas, se nos abren nuevas leyes física y nuevas tecnologías.

A título personal, creo que cualquier civilización espacial avanzada será pacífica. Si nos llevan millones de años de ventaja, ese es tiempo más que suficiente para que hayan resuelto los antiguos conflictos sectarios, tribales, raciales y fundamentalistas. Pero debemos estar preparados por si no es así. En lugar de tender las manos y enviar radioseñales al espacio, sería más prudente estudiar primero al otro.

Creo que entraremos en contacto con alguna civilización extraterrestre, puede que en este mismo siglo.

Tal vez no sean conquistadores despiadados, sino unos seres benévolos dispuestos a compartir su tecnología con nosotros. En tal caso, este sería uno de los puntos de inflexión más importantes de la historia, comparable al descubrimiento del fuego. Podría determinar el curso de la civilización los cursos siguientes.

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