Lecturas dramatizadas en el FITU

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La Universidad Nacional Autónoma de México acaba de ser calificada como la mejor de América Latina, según uniRank, directorio y motor de búsqueda líder en educación superior internacional. Nuestra maravillosa casa de estudios ofrece además un sinfín de actividades complementarias. En estos días está el Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU), que regresa en su edición XXVI.

Es organizado por Cultura/UNAM a través de la Dirección de Teatro UNAM, que considera que “se ha consolidado como la muestra de teatro universitario más importante a nivel nacional.”

En el evento se presentan montajes de bachillerato, licenciaturas en teatro y en cualquier otra disciplina, y recién egresados de todo el país. Cada una de las categorías se agrupan para concursar por el premio que les corresponde.

Mientras tanto, el público puede disfrutar de una amplísima cartelera, que incluye a los finalistas nacionales; la Muestra Internacional de Obras Invitadas — formada por compañías internacionales–; montajes del Centro Universitario de Teatro; talleres con especialistas internacionales; y cuatro lecturas dramatizadas de dramaturgos jóvenes de España, México y Uruguay.

Estas últimas parecerían los eventos menos atractivos dentro de la oferta. Sin embargo, el formato en que se plantean las convierte en experiencias únicas. En ellas, el público es el que le da vida a los personajes de las obras, a cargo de participantes del FITU de años anteriores.

La primera de estas lecturas dramatizadas fue María Nawá, escrita por el chihuahuense Adriano Madriles (México), bajo la dirección de Martha Mega. En el auditorio del MUAC (Museo de Arte Contemporáneo), los asistentes fueron interceptados en la fila de entrada. Cada quien podría elegir el equipo al que se uniría: actores/narradores (coordinados por Manuel Delgado Plazola); musicalizadores (coordinados por Carlos López Tavera); y sonidistas ambientales (coordinados por Martha Mega). Hubo también quien eligió permanecer en su rol de espectador.

El equipo de producción tuvo quince minutos para recibir instrucciones y familiarizarse con los elementos adquiridos, en especial el libreto de la obra. Después, la magia arrancó.

La obra se llevó a cabo de maravilla. Aunque por naturaleza sufrió unos mínimos percances, la historia se contó de principio a fin y, por supuesto, los asistentes se sintieron parte de la puesta en escena, asumiendo su papel con seriedad y profesionalismo. Además de apreciar la obra, pudieron vivirla y hacerla suya. Entender a los creadores, y el gran reto que implica presentar una obra ante el público. Una experiencia única.

El texto es desgarrador: Cuenta la historia de María Nawá, una mujer pueblerina que vive a expensas de hombres abusadores. Se ha dedicado siempre a servir y parir, hasta que un día decide cambiar su suerte. Una compleja y bella metáfora de nuestro país.

Quedan aún tres lecturas: Siglo mío, bestia mía, escrita por la española Lola Blasco y dirigida por César Ortíz (martes 12 de febrero); MW, la vaca que baila tap, escrita y dirigida por Jimena Eme Vázquez (miércoles 13 de febrero); y Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono sur, escrita por el uruguayo Santiago Sanguinetti y dirigida por Armando Luna (jueves 14 de febrero). Todas son en el Auditorio del MUAC, a las 18:30 horas. Entrada libre.

El festival sigue con actividades hasta el domingo 17 de febrero. La cartelera completa se puede consultar en www.teatro.unam.mx.

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