Un exgeneral de Hugo Chávez alerta: Maduro apuesta por la guerra civil

Nicolás Maduro. Capacidad de resistencia. Foto: Xinhua / Presidencia de Venezuela Nicolás Maduro. Capacidad de resistencia. Foto: Xinhua / Presidencia de Venezuela

La única manera de que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, conserve el poder es mediante un conflicto armado, advierte Clíver Alcalá, un general que siguió a Hugo Chávez hasta que éste murió en 2013. En entrevista con Proceso explica que aunque el ejército le diera la espalda al régimen, Maduro tiene la capacidad de fuego para producir un enfrentamiento de “consecuencias imprevisibles” porque controla grupos paramilitares armados, milicianos y un aparato de seguridad de agentes cubanos que manejan material de guerra.  

BOGOTÁ(Proceso).- El general Clíver Alcalá, un militar de la entraña del chavismo que hoy promueve un cambio de gobierno en Venezuela, está convencido de que “la apuesta final” del presidente Nicolás Maduro es llevar al país a una “guerra civil”.

Ese escenario es el que más le conviene en medio de la crisis que lo tiene contra las cuerdas, al igual que a sus principales colaboradores. Por eso está dando muchos pasos en esa dirección, afirma.

Alcalá es parte de un grupo de oficiales en retiro que desde el exilio impulsa la participación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para lograr una “salida constitucional” al conflicto venezolano.

Esa salida, detalla el militar a Proceso, sería que la FANB reconociera como presidente al líder opositor Juan Guaidó, quien se autoproclamó mandatario encargado el 23 de enero último, luego de que el Parlamento declaró “usurpador” a Maduro. 

Quien durante años fue edecán militar de Hugo Chávez, explica que si la FANB desconoce a Maduro, éste aún “tiene la capacidad de fuego para producir un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles”.

En una entrevista realizada durante su corta visita a esta capital colombiana, el general retirado advierte que el heredero de Chávez tiene grupos paramilitares armados, milicianos y un aparato de seguridad de agentes cubanos que maneja material de guerra. 

Alcalá, quien se retiró de la FANB hace cinco años pero conserva vínculos estrechos con militares activos, considera que Maduro –desconocido como presidente por medio centenar de países en el mundo– sabe que para él sería “catastrófica” la convocatoria a unas votaciones con garantías de equidad.

“Ni siquiera podría presentarse a unas elecciones. Va a perder el poder aunque decida ir con otro candidato, como Héctor Rodríguez, gobernador del estado de Miranda y parte de la nueva generación de dirigentes chavistas. Ya no tiene ningún respaldo de la gente”, afirma.

El general dice que la única opción que existe para que Nicolás Maduro acepte negociar los términos de su salida, como exige la oposición, es que el alto mando militar lo orille a eso. Sin embargo, considera que por ahora es poco probable. 

Sobre la opción del exilio para el régimen venezolano, considera que esa salida no le garantiza nada a ninguno de los altos funcionarios. 

Maduro y su séquito, explica el militar, “han cometido muchos delitos, muchas violaciones a los derechos humanos, muchos actos de saqueo y corrupción y en ningún país estarían seguros”.

Detalla que Cuba podría ser una opción para ellos, “pero allá no van a poder disfrutar sus fortunas; Moscú es muy frío y no les gusta y China difícilmente los recibiría porque sabe que su riqueza tiene un origen ilícito. Por eso Maduro se está preparando para una guerra civil”.

Entre el domingo 10 y el viernes 15, el gobierno organizó una serie de ejercicios militares en todo el país para “ajustar planes defensivos” y fortalecer la “capacidad de respuesta contra amenazas que pongan en riesgo la soberanía nacional”.

Sin embargo, para Alcalá estos ejercicios “son más que una respuesta a las amenazas de una invasión extranjera: son un mecanismo de disuasión frente a las amenazas internas tanto de la población como dentro de las filas de la Fuerza Armada”.

En Venezuela, explica, hay “muchos millones de armas en manos de la población civil, pese a que desde 2014 el gobierno suspendió los permisos para portarlas”.

Recuerda que el mismo régimen es el que “ha repartido armas a los grupos que hoy no necesariamente lo apoyan, por lo que todos estos actos de irresponsabilidad se le pueden revertir en estos momentos”.

El caldo de cultivo

De acuerdo con diversas organizaciones no gubernamentales, la cifra de armas en poder de la población oscila entre 12 y 15 millones, lo que significa que cada adulto de entre 18 y 55 años tiene al menos una. 

Un profesor universitario que vive en un conjunto residencial de 200 departamentos de clase media cuenta que hace dos meses, a raíz de una ola de asaltos en las inmediaciones de la unidad, se hizo una asamblea para tratar el tema. Ahí se percató de que su familia era la única que no poseía un arma.

“Estamos hablando –dice Alcalá– de una población armada que está harta del gobierno, de la corrupción y que pasa hambre. Esto es el caldo de cultivo para una guerra civil, porque del otro lado tenemos a un alto mando militar leal a Maduro y a muchos colectivos y grupos criminales con poder de fuego.”

Según el Observatorio Venezolano de Violencia, el año pasado ocurrieron 23 mil 47 asesinatos que representan la tasa de homicidios más alta del mundo: 81 por cada 100 mil habitantes.

En este contexto de violencia no es nuevo que ocurran asesinatos de policías, soldados y guardias nacionales en los barrios más violentos cuando están fuera de horas de servicio, pero en los últimos días ocurrió un hecho que llamó la atención de los expertos en temas de seguridad y de defensa.

El lunes 11, un sargento de la FANB y un agente de contrainteligencia militar fueron asesinados en un populoso sector de Caracas. Tenían varios tiros en la cabeza. Sus victimarios reportaron el hecho a un cuartel, como para que no quedara duda de que se trató de un ajusticiamiento. 

Alcalá señala que dentro de la FANB ya existe “un quiebre”. Por un lado, asegura, está la cúpula de generales que son “cómplices” del régimen en negocios criminales, como narcotráfico y minería ilegal, y por otro los oficiales medios que están conectados con las necesidades y carencias de la tropa y de la población venezolana.

Al igual que los ciudadanos promedio, los soldados sufren todos los días por escasez de alimentos y medicinas.

Con su ingreso “ningún funcionario público puede comprar comida para un día; eso es lo que ha reforzado el rechazo de la tropa a los generales corruptos que han hecho grandes fortunas con negocios ilegales”, afirma Alcalá. 

Agrega que si en esta crisis “estalla” la división que ya existe entre los militares, “se reforzaría el escenario de guerra civil que busca Maduro”.

Fuerza desarmada

De acuerdo con Alcalá, varios oficiales en retiro que han salido de Venezuela –él entre ellos– mantienen una comunicación fluida con el personal activo de la FANB que les reporta el descontento y el constante deterioro que vive la institución. La queja más reiterada son los bajos salarios y la “gran desconfianza” con la que el alto mando trata a sus subordinados.

“Me dicen que los comandantes tienen el parque bajo llave, lo que es absurdo, y que en los actos con Maduro hay tropa con armas, pero sin munición porque tienen miedo de un atentado. También existe mucha tropa con falta de provisiones de alimentos”, dice.

Cuenta que un comando del ejército tiene la tarea de contrabandear sus provisiones desde Brasil, las cuales compra con oro que se extrae de yacimientos ilegales, controlados por otros generales de confianza de Maduro, para paliar la crisis alimentaria que se padece en los cuarteles. 

“Están vendiendo unos 20 kilos de oro diarios –cuyo valor asciende a unos 800 mil dólares– para llevar comida a los cuarteles que más les interesan”, detalla el militar.

Recuerda que hace tres años Maduro promovió la creación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, mediante la cual los altos oficiales de la FANB tienen injerencia en la explotación “legal e ilegal” de los enormes recursos venezolanos. 

Esa empresa es dirigida por el general Humberto Luis Laurens Vera, quien ha aparecido en público firmando “proclamas de lealtad y compromiso” con el mandatario. 

Además, vía la Gran Misión Abastecimiento Soberano, que dirige el ministro de Defensa y general en jefe de la FANB, Vladimir Padrino, los militares manejan la importación y distribución de alimentos, así como las divisas que se utilizan para ese fin.

El disidente asegura que además de los militares, el propio Maduro, su esposa, Cilia Flores, y Diosdado Cabello –el segundo hombre más fuerte del régimen– participan en las actividades ilícitas. 

El entrevistado insiste en que “todos ellos están metidos en la corrupción” y recuerda que la mayoría del grupo madurista enfrenta sanciones en Estados Unidos y en Europa, donde están aseguradas sus cuentas bancarias y bienes. “Han hecho fortunas de muchos millones de dólares que difícilmente van a poder disfrutar, a menos que entren en negociación (con la oposición)”.

La opositora Asamblea Nacional aprobó una ley que prevé indultos a los militares y funcionarios del régimen que contribuyan al restablecimiento de la democracia, y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos también les ofreció suspender las sanciones si apoyan a Guaidó.

“Esos son incentivos poderosos que pueden poner a pensar a más de uno”, considera Alcalá.

De acuerdo con la información a la que tiene acceso, el militar expone que en los últimos años el número de efectivos de la FANB se ha reducido 40%, al pasar de 150 mil a unos 90 mil efectivos.

Hoy, dice, el ejército tiene unos 26 mil hombres, la Guardia Nacional 45 mil, la Fuerza Aérea nueve mil y la Armada alrededor de 10 mil.

En cambio, el gobierno asegura que la milicia (civiles que reciben armas y entrenamiento) llega a unos 2 millones de efectivos, lo que para Alcalá es parte de la propaganda oficial.

De acuerdo con el general y discípulo de Hugo Chávez desde 1981 hasta la muerte de éste en 2013, cada vez se verán más escenas como las observadas en los últimos días en Venezuela, en las que escuadrones militares se niegan a reprimir a los manifestantes que exigen la salida del presidente.

“El grado de descontento en la base es muy alto. Muchos oficiales se sienten denigrados por ver que el primer círculo de seguridad de Maduro es de agentes cubanos. A ese nivel llega la desconfianza en los soldados de la patria”, señala Alcalá.

En Venezuela, agrega, “tenemos dos presidentes (Maduro y el autoproclamado presidente encargado Juan Guaidó) y los dos están en una disputa por el poder… Esto no se puede sostener mucho tiempo así”.

Maduro mantiene el dominio del aparato estatal y de la FANB, mientras que Guaidó cuenta con un amplio reconocimiento internacional y con el control de los activos de Venezuela en Estados Unidos, entre ellos la petrolera Citgo, lo que le da acceso a unos 7 mil millones de dólares. 

Además, destaca Alcalá, Venezuela se convirtió “en un escenario geopolítico estratégico en el que las potencias pueden tener la intención de probar nuevo armamento, su tecnología militar y sus sistemas de inteligencia”.

El general en el exilio alerta que “una invasión militar extranjera sería catastrófica para Venezuela y para la región. Además, le facilitaría a Maduro su permanencia en el poder y su intención de ir a una guerra”.

Este texto se publicó el 17 de febrero de 2019 en la edición 2207 de la revista Proceso.

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