“¡Samir vive, la lucha sigue!”

AMILCINGO, Mor. (apro).- Amilcingo se volcó a las calles para darle el último adiós a Samir Flores Soberanes, uno de sus líderes más visibles y quien les enseñó que la construcción de la autonomía comunitaria no era abstracta, sino que tenía que ver con la defensa concreta del territorio y sus recursos naturales.

Su casa, donde vivió con sus esposa, sus hijas, su madre y su padre, además de sus dos hermanos, tiene un terreno que hoy se convirtió en anfiteatro. En la parte trasera de la casa se colocó su cuerpo en un ataúd de madera. Y frente a él, varias hileras de sillas, donde cientos de personas acompañaron a lo largo de toda la noche y durante el día.

No sólo son pobladores de la región, también son activistas de Morelos, Puebla y Tlaxcala, que han venido a despedir al amigo, al compañero y quienes muestran su rabia, su tristeza y su intención de que la lucha seguirá. “No nos van a intimidar”, dice Samantha, compañera de lucha de Samir y quien va y viene atendiendo a la gente.

El día avanza en calma. Una mujer se levanta de pronto y grita: “compañeras y compañeros, les recuerdo que Samir nos llevaba a limpiar la barranca, a que recogiéramos la basura. Así que voy a pasar con la bolsa y aquellos que no estén comiendo, ayuden a levantar la basura, para dejar limpia su casa”.

En unas mesas colocadas en ese mismo patio de tierra, otras mujeres sirven comida a todo aquel que entra a la casa. Arroz y frijoles, son la parte principal del menú. Se acompaña con chiles jalapeños en limón y cebolla y agua de frutas distintas. Los reporteros deben pasar un sólo filtro. En la entrada de la casa, un grupo de jóvenes los invitan a “registrarse”: Nombre completo, medio, teléfono y correo electrónico. Medidas de seguridad básicas.

Después del medio día, hace su aparición Ignacio del Valle, del movimiento contra el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, quien pasó varios años de su vida en la cárcel. Es el primero en hacer guardia en el féretro de Samir. Una mujer rompe en llanto desgarrador. Golpeando el ataúd pregunta a gritos: “¿Por qué te hicieron esto Samir, por qué?

La familia de Samir se mantiene a la expectativa. No habla con los medios “por cuestiones de seguridad”. Son los pobladores quienes relatan la versión que conocieron de Samir. Todos coinciden: era un hombre pacífico, no se metía en problemas, pero no le gustaba la injusticia, cuando notaba algo injusto no paraba hasta organizar algo en la comunidad y revertirlo.

Pasadas las 16:00 horas, tres sacerdotes provenientes de Cuautla y otros puntos, celebran una misa en la que recuerdan la pregunta que Yahvé hizo a Caín después de que éste mató a Abel: “¿Dónde está tu hermano?” La reflexión versa sobre la búsqueda de la justicia, no de la venganza. Una banda de viento ha ofrecido su música horas antes de la misa, los sonidos tradicionales crean un ambiente entre festivo y triste.

A las 17:00 horas, el ataúd es cargado por compañeros de Samir. Primero rodean la casa para que el difunto “se despida”. Luego salen por la callecita de tierra. Ya para entonces hay varios cientos de personas con ramos de flores, cartulinas, algunos más hasta con playeras estampadas, pidiendo justicia.

Los niños de la primaria y la secundaria vinieron uniformados y con carteles con imágenes de Samir hacen una valla para abrir camino al cortejo. Varias coronas de flores desfilan detrás del féretro. Son de la comunidad de Huexca, de la Federación de Estudiantes Socialistas de México, la vieja organización comunista de los normalistas; así como de la radio comunitaria Amilcingo.

Es a las 18:00 horas es cuando comienza a avanzar lentamente. Mujeres con sahumerios encabezan la columna y luego el ataúd. La banda de viento toca, paradójicamente, los sones de los chinelos, la danza tradicional morelense que se extiende a toda la zona zapatista del centro del país. Algunas mujeres derraman lágrimas y las bocas comienzan a gritar rebeldía.

El cortejo llega por fin a la radio comunitaria. En las paredes de la casa que la alberga, se observan imágenes de grafiti de Emiliano Zapata, el Subcomandante Marcos, hoy Galeano, Lucio Caballas, Genaro Vázquez y Vinh Flores Laureano. Ahí la gran mayoría de los acompañantes rompe en llanto. El micrófono de la radio comunitaria ya no transportará la voz de Samir. Su voz ha sido silenciada.

“Es cierto, moriste, pero no te vendiste”, “Samir vive, la lucha sigue”, Samir nos da lección de dignidad”, son algunas de las consignas que sirven para describir y honrar al luchador social, pero también para sacar a gritos, como en catarsis, la rabia, el miedo y la tristeza de acompañarlo en su último camino.

El cortejo llega al panteón comunitario casi cuando el sol está ocultándose. La comunidad está en las calles, acompañando a su líder. El funeral se lleva a cabo en medio de la tristeza y el coraje. Ahí se pide que se cancele la termoeléctrica y al unísono declaran el sentido de su voto el fin de semana: “Ya tenemos la respuesta a su consulta, váyanse a la chingada”.

Dos consignas encierran el sentir comunitario: “Obrador decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería” y la otra es, “Samir no murió, el gobierno te mató”. La gente de esta comunidad, rebeldes de siempre, que lucharon en los 70 por conseguir la normal rural, que lograron crear su municipio a costa de sangre y lágrimas, que ha mantenido una férrea oposición a los proyectos que afecten su ambiente, no son “radicales de izquierda”, menos aún “conservadores”, son ciudadanos que decidieron hace años dejar de depender del gobierno para convertirse en sujetos de su desarrollo.

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