Tiempos perturbadores: abajo inteligencia, libertad y palabra

Pizarra final #PrisiónPreventivaOficiosa. Foto: Especial Pizarra final #PrisiónPreventivaOficiosa. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Somos hombres y como a Publio Terencio, “nada de lo humano nos es ajeno”. Antes de abordar la materia de mi artículo, consternado, con respeto y admiración, dedico este texto a la memoria de Samir Flores Soberanes, de 36 años, valiente activista social, opositor a la termoeléctrica de Huexca, asesinado por manos siniestras; descanse en paz al amparo de la gloria del Altísimo.

Indignado, digo que lo que difundieron casi de inmediato las autoridades ministeriales locales muy serviciales, de que supuestamente ese crimen no tenía relación con la oposición de Samir Flores a la termoeléctrica, es irracional, infamante, vil, pero por desgracia, práctica común para desacreditar a los indómitos luchadores sociales que pierden su vida y dejan viudas y huérfanos. Su pueblo que lo quería, debe saberlo bien sin duda alguna. Ese asesinato clama al Cielo.

Eso dicho, voy al tema.  Las ideas son algunas peligrosas, y no pasan de moda por ser útiles para algunos, como las de Maquiavelo para los príncipes del renacimiento y para sus herederos, y dañinas para otros, para las víctimas del poder sin frenos. Pero hablemos de otro surtidor de ideas dinamiteras, un ginebrino.

El ambivalente y genial pensador Rousseau, hace del concepto de voluntad general una herramienta de dominación, una auténtica artimaña política. Es la tal voluntad general el lazo que al atar a muchos los hace uno: ingeniosísimo invento ese, según señalamiento agudo de Hannah Arendt. Pero invento al fin, sin sustento antropológico.

Dice una de las partes del Contrato Social de Rousseau: “cada uno de nosotros coloca comunitariamente su persona y sus energías bajo la suprema dirección de la voluntad general; y aceptamos a cada miembro en un cuerpo como parte inseparable del todo”.

La regla de la voluntad general se formula así: “quien se niega a obedecer a la voluntad general puede ser constreñido a ello por la colectividad. Esto no significa otra cosa sino forzarle a ser libre”.

La motivación del concepto de voluntad general está, señala Arendt, en la necesidad política de lograr la unidad nacional a través de un medio novedoso. Se sustituye la amenaza del enemigo externo de la nación como instrumento de unidad, por el enemigo interno que está “dentro de cada ciudadano en su interés particular”, en su bien personal. La suma de esos intereses o bienes particulares, equivale al enemigo común dentro de la nación -que une a la misma contra tal adversario común.

Cuando todos los intereses opuestos entre sí, entran en conflicto con un tercero que se opone a ellos, aquéllos -los intereses opuestos entre sí- se unen. Y ese tercero es el interés o voluntad particular de cada uno, cuya suma resulta el enemigo común en el interior de la nación. El ciudadano y su bien particular son el enemigo de la nación, de conformidad con la tesis del ginebrino.

De esa manera el ciudadano tiene que someterse todo él a la voluntad general, expresada en “leyes” a modo, emanadas de una voluntad legislativa de trámite, de adorno certificador por regla, en un régimen democrático en su origen, pero sin contrapesos en su ejercicio. El resultado es ambivalente: un país con una muchedumbre sumisa y delirante que obedece esperanzada a ciegas las consignas hechas mandatos, y una sociedad política con un pueblo consciente que resiste o que se resigna atemorizado.

Es absurda la fórmula de Rousseau de que la voluntad general puede forzar al ciudadano a ser libre. Eso ni siquiera Dios lo hace. La teoría política del ginebrino sobre tal voluntad, es falsa. El ser humano es individuo y persona; en cuanto individuo, parte del todo social, en tanto persona con su dignidad, jamás un medio para fines individuales o colectivos. Además, es perverso considerar al ciudadano y a su bien particular como enemigos interiores de la nación. En la función esencial del ser humano está perfilada ya su trascendencia y dignidad insobornables, intransferibles.

El bien particular y el bien común del cuerpo político no son contradictorios, no se oponen como lo postula el ginebrino; cuando así sucede, es en virtud de un desorden de hecho: o porque el interés particular del ciudadano deja de ser legítimo por vulnerar la moral y el derecho, o porque el Estado deja de gestionar el bien común para servir, no a las personas, sino a intereses de facción, de secta.

Y, sobre todo, es falsa porque esa concepción de voluntad general, termina siendo la voluntad de uno. Uno que se erige en la medida del bien y del mal. La estratagema de la voluntad general produce una altísima concentración de poder. Esa alta concentración deviene en una patología que afecta de gravedad la salud de las libertades. Esa concentración, esa saciedad de poder que embriaga y pierde -la hybris, la insolencia- es la causa de tal enfermedad.

Los analistas en México, captan la causa de la enfermedad y sus síntomas: militares en funciones de seguridad pública durante años, superdelegados, ataque a la ciencia libre, vaciamiento del significado de las palabras, prisión preventiva oficiosa, descalificaciones sumarias, tribunal mediático patibulario y suplantador de las instituciones idóneas de justicia constitucional, desprecio por los cuerpos intermedios, cierre obligado de guarderías, etc.

Pero desconcierta el que varios de esos analistas, no se den cabal cuenta -o simulen no darse cuenta- de que la salud del cuerpo político ya está afectada por la patología. Ésta ya inició su tarea y el cuerpo político y su pueblo consciente, sufren ya de temperatura. Y ello es perturbador en grado sumo.

Pero más desconcierta la pasividad de tantos, ¿dónde están las voces de las universidades, de mi Escuela Libre de Derecho, de los colegios de abogados, de los pastores de la Iglesia, de los sabios del Colegio Nacional ? Abajo el valor, la inteligencia crítica, las libertades y convicciones firmes: grito de la voluntad general fanatizada encumbradora de popularidades. Salvan el decoro de la razón, entre otros, los zapatistas, los campesinos de Huexca, los indígenas del sureste maya, los centros defensores de derechos humanos,  la CNDH, analistas, juristas y poetas que han hablado con verdad de estos temas, por citar algunos nombres: J. Sicilia, Arturo Rodríguez García, D. Dresser, J. Woldenberg,  Alejandro Madrazo, F. Bartolomé, G. Almeyra, C. Loret de Mola, J. Silva-Herzog, Gil Gamés, Julio Hernández,  G. López y Rivas, E. Arteaga Nava.

La tarea del intelectual, dijo una vez el humanista checo Vaclav Havel: desafiar cotidianamente al poder, pues éste tiende siempre a extralimitarse. En consecuencia, se debe mantener en pie la protesta cuando la situación así lo exige.

Una de las formas de conjurar tal concentración de poder, consiste como sugiere J. Maritain, en traducir a términos de vida práctica, el principio democrático de que muchas de las tareas de gobierno deben distribuirse entre los municipios libres con verdadera autonomía financiera, para que su función sea fecunda, así como entre organismos autónomos.

El desprecio por el municipio libre por parte del centro, ha sido una de las causas de la hipertrofia del Estado. Se requiere también la distribución de tareas que exijan conocimiento técnico, entre órganos autónomos, capacitados para el eficaz desempeño de sus funciones, en una estructura pluralista y no de partido, construida sobre los cimientos de la inteligencia. Lo anterior es un antídoto contra el Estado omnipotente -autoritario o totalitario- que no debe arrogarse, en detrimento de la autonomía de los cuerpos intermedios públicos y privados, las tareas que pueden ser realizadas por éstos, con igual o mayor eficacia (W. Brugger).

Es imperativo por racional: el desterrar la prisión preventiva oficiosa que derrumba la presunción de inocencia, baluarte de los regímenes republicanos; y el no continuar como se había prometido insistentemente en campaña, con la estrategia calderonista de continuar con la mlitarización de la seguridad pública por largos años con la posibilidad de prolongarla, para después tener una guardia nacional de pronóstico reservado, dadas las circunstancias y las tendencias antigarantistas prevalecientes. Nada que celebrar con una oposición timorata y comodina, sin temple, que no ve más allá de sus narices.

Esto dicho, no queda sino hacer votos por una rectificación que devuelva a la inteligencia, a la mesura y a la palabra recobrada de significación, sus papeles estelares en el gobernar; pero muchas ilusiones no nos hacemos. La patria dolorida busca hoy sabiduría y concordia; la fuerza nunca las encontrará. La escucha, la persuasión, el derecho, la reflexión, sí que son instrumentos adecuados para ese encuentro. Que la muerte de Samir Flores, estruje, sacuda, despierte la conciencia, la humanidad de todos, comunidad y gobierno. Que, por elemental respeto, la consulta sobre la termoeléctrica, se cancele como lo exigen los campesinos de Huexca y personas sensatas del país. Ojalá así sea.

 

 

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