“Minotauro”, de Patricia Yáñez

Camino a la redención. Foto: Especial Camino a la redención. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En la mitología griega, el minotauro está encerrado en el laberinto en espera de ser destruido o resultar vencedor; es mitad animal y mitad persona, y vive lastimosamente aislado del mundo y avergonzado de sí mismo. El minotauro al que da vida Patricia Yáñez, jueves y viernes en el Foro “A Poco No”, nos remite al dolor y sus múltiples vertientes; a nuestra propia vergüenza como sociedad y a lo que significa el olvido en una persona que vive en el encierro.

La creadora del espectáculo dirigido por Octavio Michel (con escenografía e iluminación de Érika Gómez) trabajó tres años impartiendo talleres de teatro en distintas prisiones y recogió no sólo los testimonios de las habitantes de ese laberinto, sino un mundo interior lleno de anhelos, contradicciones, recriminaciones y un deseo de encontrar salidas.

Minotauro no es esperanzador. 

 El laberinto está lleno de habitaciones, de recuerdos o presencias que se abalanzan con furia y se montan en la búsqueda de un camino a la redención. Patricia Yáñez es el minotauro y, con una máscara diseñada por María Adriana Lara, transita de la animalidad a dejarlo de ser. Con un dominio magnífico del cuerpo, realiza rutinas, bailes o movimientos que crean un ritmo que incluye el estatismo, acciones prolongadas o detenidas, el silencio o la repetición verbal. Desde los movimientos del flashdance­ a un intento de rap, el personaje se transforma y explora distintos estados de ánimo, adentrándose en sí misma y en su situación.

A la creación de la atmósfera sonora, se acompaña en un momento significativo del uso del looper, efecto auditivo para que con la repetición de su voz compartiéramos esa resonancia vibrante, con tonos y cadencias distintas, traslapadas.

Minotauro usa la metáfora para expresar una realidad social de miles de mujeres recluidas en prisiones y olvidadas por su familia y amigos. Ellas, cuenta la mujertoro –Tori, su nombre–, que las cárceles varoniles están llenas los días de visita y, en cambio, las mujeres no reciben a nadie. La experiencia de Tori fue el abandono paulatino de la madre y la desesperación y tristeza que la marcaron con hierro. Se sumerge en sus propios laberintos y recorre habitaciones que había querido olvidar o que desempolva para hacer conciencia y lamentar aquel error que la llevo a su actual estado.

Una esquina es lo que representa este laberinto, prisión como concepto escenográfico. La confluencia de dos muros que crean apenas unos metros donde poder moverse. Ahí sucede todo y el espacio se relativiza cuando la actriz ocupa el primer plano, o se hace grande cuando ella, hecha un ovillo, se acurruca en un rincón.

La dramaturgia de Patricia Yáñez juega con el tiempo y con los espacios reales e imaginados, con el símbolo y la realidad cruda y tajante de lo que implica estar aislada del mundo. Yuxtapone el mundo exterior con los universos íntimos del personaje, cuyo resultado es un emotivo unipersonal que impacta en las entrañas de los espectadores.

Minotauro, que se presenta a las 20:30 horas en el Foro “A Poco No” (República de Cuba 49), concluye temporada justo el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y coincide con el cierre de la marcha de las mujeres para reclamar justicia, equidad y políticas públicas, para que podamos vivir libres de violencia.

Este texto se publicó el 3 de marzo de 2019 en la edición 2209 de la revista Proceso.

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