“Free Solo”: Sin miedo a la muerte

Un fotograma de "Free Solo". Foto: Especial Un fotograma de "Free Solo". Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La cinta ganadora del Óscar como Mejor documental, Free Solo (EU-2019), dirigido por Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi, es una proeza técnica, física y mental de todos los que participaron en el proyecto. Y aunque parezca asombroso, carece de elementos que nos permitan tener una conexión emocional con el personaje y su historia.

Ésta gira en torno a Alex Honnold, un exitoso escalador que practica una modalidad llamada Free Solo que implica escalar en solitario y sin cuerdas ni equipo de protección. El documental da cuenta de la mayor hazaña de Honnold: Escalar la formación rocosa de 975 metros de altura conocida como El Capitán, localizada en el Parque Nacional de Yosemite (Estados Unidos). Al parecer, dicha proeza es una de las más importantes de la historia.

Durante los primeros minutos del documental resulta inevitable preguntarse a modo de juicio sumario: ¿Quién es este tipo al que le gusta ponerse en peligro? El joven vive en una Van y subsiste con lo que le deja la escalada; su padre murió cuando el tenía 15 años, dejó la escuela… Aún tiene madre y una novia. Ah, y una fundación sin fines de lucro que se dedica a llevar electricidad a las comunidades en pobreza extrema de otras partes del mundo, para lo cual dona un tercio de sus ganancias.

Estos detalles no nos dicen mucho de su gusto por escalar de una manera tan temeraria, con todo y que percibe que para su madre nada de lo que haga es suficiente. Innevitable pensar que Honnold está “cableado” de una manera diferente, lo cual medio se corrobora cuando se somete a una tomografía que revela que su amígdala –la zona del cerebro que detecta el peligro y nos prepara para él–, no trabaja como supuestamente debería de trabajar… es decir, los límites para Honnold no son los mismos que para el resto de nosotros. Las probabilidades de que muera haciendo lo que tanto ama son altísimas.

La cinta está lejos de ser algo conmovedor. Y aunque resulta asombroso su capacidad física y mental para escalar, no deja de ser algo sin sentido, sobre todo luego de que nos enteramos de la funcionalidad de su amígdala.

También resalta la valentía de los realizadores y camarógrafos, quienes pudieron haber sufrido algún accidente o provocado la muerte de Honnold, y es que el Free Solo es un poco más peligroso si se hace acompañado.

La cinta tampoco es inspiradora. ¿Por qué? Porque no hay nada que detenga a Honnold, nada psicológico que lo ate al mundo, nada que se convierta en un obstáculo que le impida realizar sus sueños. Y sí, Honnold se ha caído y se ha roto algunos huesos, y debe estudiar y hacer sus cálculos mentales antes de subir, pero en el documental todo parece muy sencillo; es decir, no existe un momento en que Honnold corra el riesgo de decir: “No voy a subir”, “tengo miedo”, “prefiero quedarme con mi novia y fomar una familia” o “mejor no escalo porque mi madre sufriría si me muero”.

Nada.

A Alex Honnold y “a su amígdala” no les importa el peligro ni las consecuencias a pesar de que sabe que puede morir. La gente a su alrededor lo sabe, pero está decidida a ayudarlo en su hazaña y en la filmación del documental.

La valía de Free Solo radica principalmente en las dificultades técnicas para lograr el documental, lo cual no descarta la excepcionalidad de Honnold en lo que hace; pero sin obstáculos, sin miedo o momentos de duda, la narrativa carece de fuerza.

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