El apagón en Venezuela, metáfora de un país en estado crítico

La gente camina frente a los apartadores de una tienda. Foto: AP / Eduardo Verdugo La gente camina frente a los apartadores de una tienda. Foto: AP / Eduardo Verdugo

CARACAS, Venezuela. (apro).- El apagón nacional que mantuvo paralizada a Venezuela por espacio de 24 horas se convirtió en una metáfora inesperada del estado crítico que vive el país en los ámbitos político, económico, social y de servicios, y en el que todo conspira contra la calidad de vida de la gente.

No es la primera vez que la nación petrolera quedó a oscuras, pero nunca había ocurrido una falla eléctrica de tal magnitud, tan prolongada y, además, en un momento tan difícil de su historia, cuando el régimen chavista encabezado por el presidente Nicolás Maduro y la oposición que lidera Juan Guaidó libran una enconada disputa por el poder.

En esta ocasión, el apagón provocó una reacción en cadena que dejó sin agua, sin telefonía, con escaso transporte público y con un generalizado desabastecimiento de gasolina y productos básicos a todo Venezuela.

Y es que los supermercados permanecieron cerrados desde la tarde del jueves, cuando una falla en el sistema eléctrico central cortó el suministro nacional de energía.

La mayor parte de los venezolanos permanecieron en sus casas, en espera de la vuelta a la normalidad y echando mano, los que tiene esa posibilidad, de los víveres que tenían almacenados.

“Aquí todos vivimos al día, vamos comprando las cositas que podemos, lo que se puede, para comer. Y vea, hoy todo está cerrado, no sé que voy a llevar a casa”, dice en una calle del oeste de Caracas la señora Elsa Vivas, madre soltera de tres menores de edad, empleada doméstica y “ex chavista”.

Las calles lucían semivacías, con unos cuantos transeúntes que trataban de encontrar comercios abiertos para comprar un poco de arroz, pasta, harina de maíz para las arepas (tortillas venezolanas) y agua potable.

El dueño de una pequeña verdulería que abrió hasta el mediodía y estaba cerrando dijo que alcanzó a vender lo que le sobró del jueves, “pero todo se acabó y ya me voy”.

Debido al apagón, el suministro de agua potable se suspendió en todo el país, el cual registra brotes de epidemias de sarampión, difteria y malaria por el colapso del sistema de salud.

Los hospitales, en los que se produjeron 79 muertes de pacientes por falta de energía eléctrica entre noviembre y febrero pasados, reportaron severas afectaciones por el apagón de este jueves y viernes, entre ellas nuevos decesos de niños y adultos que estaban internados.

El metro de Caracas, el principal medio de transporte de la capital del país, cerró sus puertas desde que ocurrió el apagón y así permaneció durante la mayor parte del viernes.

Y el de por sí escaso transporte público de minibuses y busetas apenas operó.

A pesar que la mayor parte de los venezolanos no trabajaron el viernes por el cierre de empresas públicas y privadas se apreciaban personas aglomeradas en las paradas de buses.

“Llevo más de dos horas esperando aquí, pero no hay transporte”, dice un guardia de seguridad que intentaba regresar a su casa tras 24 horas consecutivas de trabajo en un edificio de departamentos.

Otra señora llevaba parada ahí una hora. Necesitaba ir a un hospital donde tiene un hijo en estado crítico por un accidente en una motocicleta.

“No he podido verlo desde hace dos días, no sé nada de él. Estoy desesperada. Y esto no está funcionando para preguntar por él”, dice mostrando su pequeño teléfono celular, que al igual que los de la mayoría de venezolanos estaba sin servicio.

Las líneas celulares fueron colapsando en la medida en que las plantas de luz de las operadoras telefónicas, que tienen una capacidad de entre ocho y 12 horas, dejaron de funcionar.

También la mayoría de gasolineras suspendieron el despacho de combustible. Sólo abrieron unas pocas que cuentan con plantas y en las cuales había largas filas de vehículos.

En los barrios del este de Caracas se escuchaban gritos esporádicos que reflejan el malestar acumulado por la población por la crisis alimentaria, la recesión económica, la corrupción y la hiperinflación que se devora los ingresos.

“¡Maduro!”, gritaba alguien.

“¡Concha de tu madre!”, respondían en coro decenas o cientos de vecinos.

Concha de tu madre equivale, en mexicano, a una soberbia mentada de madre.

Del apagón, el gobierno dijo desde el principio que en tres horas se solucionaría y que se trató de un “sabotaje” de “la derecha”, es decir de la oposición encabezada por Guaidó.

La oposición sostiene que el corte masivo se debe a la falta de mantenimiento del sistema, que presenta fallas desde hace varios años, aunque nunca de esta dimensión.

La parálisis nacional, que se prolongó desde la tarde del jueves y hasta este viernes, casi se juntó con el asueto de carnaval decretado Maduro, y el cual se extendió desde el jueves de la semana pasada, hasta este martes.

Los venezolanos sólo tuvieron un día laboral normal esta semana, el miércoles. Los demás fueron de inactividad obligada por las circunstancias.

“No sé si seguir con la indignación u optar por la resignación. Esto es ya demasiado”, dice el profesor universitario Luis Alponte, un filósofo y politólogo que alguna vez fue chavista.

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