La toma del Foro Isabelino: para los actores, una defensa; para Azar, una traición

El Foro Isabelino. Foto: Carlos Castillo (Archivo) El Foro Isabelino. Foto: Carlos Castillo (Archivo)

El 22 de octubre de 1983, a diez años de los sucesos, fue publicado este resumen donde se cuenta la historia de la toma del Foro Isabelino, un recinto de la UNAM dirigido por el dramaturgo Héctor Azar, por parte de un grupo de alumnos liderados por el director escénico venezolano Carlos Giménez, que adoptarían el nombre de Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA), a su vez encabezado por Enrique Cisneros, El llanero solitito, quien falleció el pasado sábado a los 70 años de un paro cardiaco. El trabajo, aparecido en la revista Proceso, fue titulado así: “La toma del Foro Isabelino: para los actores, una defensa; para Azar, una traición”. Se reproduce a continuación.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El director argentino-venezolano Carlos Giménez, director del grupo Rajatabla de Venezuela que participó hace unos días en el Festival Internacional Cervantino (es la tercera ocasión en que el grupo ha sido invitado a nuestro país), encabezó el movimiento teatral que dio origen en enero de 1973 al Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA).

Giménez fue contratado por el Instituto Nacional de Bellas Artes para impartir un curso a los alumnos de tercer año de la Escuela de Teatro de ese organismo, a raíz de una invitación que le hiciera el director del plantel en ese tiempo, el dramaturgo Emilio Carballido, quien lo conoció un año antes, en el Festival de Teatro de Manizales, Colombia.

“Para que ganara más dinero y aportara algo a nuestro teatro –dice Carballido– se le encargó un montaje con alumnos del Departamento de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México, al frente del cual estaba Luisa Josefina Hernández”.

La obra que ensayó Giménez fue El canto del fantoche de Lusitania, de Peter Weiss, pieza de sentido político que relacionaba la represión de campesinos en Angola con la situación rural mexicana.

La obra resultó un éxito desde su estreno, el 16 de enero de 1973 en el Foro Isabelino, recinto universitario dependiente del maestro Héctor Azar, a la sazón titular de Actividades Teatrales de la UNAM y del INBA. Pero el éxito escénico propició también la efervescencia, y el grupo Fantoche se apoderó del teatro en ausencia de Héctor Azar, quien se encontraba en Atlixco, Puebla, su tierra natal.

La toma del teatro se realizó el viernes 19 de enero. Los integrantes del grupo (Taller de Actuación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM) declararon en conferencia de prensa no haber tomado el Foro sino sólo haber suspendido la función de esa noche, porque se les exigía “el pago de 7,000 pesos por concepto de escenografía” (El Día, 21 de enero), pero esa misma noche se les comunicó que “los gastos los absorbería la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM”, que dirigía el doctor Leopoldo Zea.

Los estudiantes informaron entonces que harían llegar un pliego petitorio a las autoridades universitarias, exigiendo que en sus diversos escenarios los grupos teatrales estuvieran integrados realmente por universitarios; pedían presupuesto para difusión y montaje de sus obras y oportunidad para los egresados de la carrera de Licenciatura Dramática y Teatro.

Los integrantes de Fantoche eran: Alfonso Alba, Adolfo Alcántara, Victoria Brocca, Margarita Castillo, Daniel Galavis, José Antonio Herrero del Rello, Inés Jácome, Alfonso Marroquín, Francisco Quintana, Maira Rojas, Juan Stack, Carlos Téllez, Antonio Balderrábano, Gloria del C Joung y Alejandra Zea. La música del espectáculo era de Enrique Ballesté y la escenografía de Kleómenes C Stamatíades.

En la información periodística citada se insertaba el boletín del doctor Zea comprometiéndose a cubrir los gastos del pago de los técnicos a cargo de Difusión Cultural. Y es que, según Alejandra Zea, entrevistada diez años después de esos sucesos, “el maestro Azar había determinado la suspensión del pago de los técnicos y por ello se realizó la toma del Foro”.

Sobre el particular, Carlos Giménez dijo la semana pasada en este semanario que el Foro había sido tomado debido a que no se autorizó una prórroga a la obra, no obstante el éxito alcanzado.

“Me parece que Carlos ha olvidado la verdadera razón de la toma”, dice Alejandra y continúa:

“Estrenamos con apoyo técnico y a los dos días el maestro Azar nos dijo que si queríamos continuar el grupo tenía que pagar a los técnicos y que para ello tendríamos que quedarnos con el ingreso de la taquilla. Creo que la obra no le gustó; además no estaba programada por él. Pero era de un grupo de la carrera y tuvo que aceptarla. Luego, cuando la vio, ya no quiso que continuara”.

El 23 de enero Malkah Rabell comentó (El Día) la obra y la calificó de un “ambicioso espectáculo, exclusivamente ambicioso”. Le reconoció “trozos de auténtica belleza”, elogió la música de Ballesté y concluyó así:

“Políticamente: ¡qué trágico resulta que nuestros jóvenes tengan tantos odios acumulados –a veces literariamente–, tanta necesidad de violencia y tan poco amor que expresar. ¡Qué lejos estamos de aquellos viejos tiempos cuando los revolucionarios iban a las barricadas por pasión constructiva, y no para destruir, cuando en el canto de la Internacional se llamaba a la solidaridad de pueblos y razas, cuando Nicolás Guillén juntaba en un poema las cabezas del niño blanco y del niño negro, igualmente hambrientos. ¡Qué lejos, Dios mío, qué lejos! Cuidado compañeros, la baba venenosa del odio, del rencor, de la violencia, no llevan necesariamente al socialismo, puede muy peligrosamente desembocar en el fascismo”.

Emilio Carballido recuerda esa escenificación de la obra de Peter Weiss y dice ahora:

“Sí, era un odio muy catártico Terminaba con Tlatelolco. Era un panfleto artístico. Los actores lloraban, la gente lloraba. En lugar de la distancia brechtiana provocaba una catarsis que incitaba a la acción; de ahí a la toma del teatro no había más que un paso lógico”.

El viernes 26 de enero, una nota de prensa (Excélsior) confirmó que lo sucedido el viernes 19 era, en efecto, una toma. Los estudiantes solicitaban un presupuesto, la disponibilidad de los teatros para sus representaciones y que estuvieran administrados también por ellos; solicitaban mejoramiento del nivel académico de los profesores y pedían la destitución de “todos los funcionarios que han manejado los teatros dependientes de Difusión Cultural y, por supuesto, la destitución del jefe del Departamento de Teatro de la UNAM”.

Aducían los jóvenes no estar contra alguien sino “contra la estructura que ha burocratizado y se maneja desde 1949 sólo por intereses personales en el Departamento de Teatro”, y se referían a Héctor Azar, Juan Ibáñez y Benjamín Villanueva.

El domingo 11 de febrero terminaron oficialmente las representaciones. Los días 13 y 14 se ofrecieron dos funciones especiales para actores. Para entonces Héctor Azar ya había renunciado.

El día 20 el grupo CLETA (Excélsior) pide protección para Carlos Giménez, que desde hace un mes solicita al secretario de Gobernación Mario Moya Palencia, debido al “complot de una serie de presiones” para que Giménez salga del país.

No es sino hasta el 9 de marzo que se informa que “CLETA-UNAM obtiene local, reconocimiento y un presupuesto” (Excélsior), otorgado por el recién nombrado director de Difusión Cultural; Gastón García Cantú (en sustitución del doctor Zea debido a cambio de rector). La nota refiere que “recientemente en el Foro Isabelino se presentó una Semana de Solidaridad con Chile a la que asistió el Cuerpo Diplomático”.

El día 15 una información de nota roja (Excélsior) da a conocer la deportación de Carlos Giménez: “La policía irrumpió ayer con violencia en el departamento de Carlos Giménez y Héctor Clotel, profesores de la Escuela Teatral del INBA El primero, fue deportado a Guatemala y el segundo está golpeado y en la cárcel”, según señaló el actor Claudio Obregón

“Desde hace dos semanas –continúa la información– y tras una carta abierta a la opinión pública que suscribió CLETA, Gobernación aceptó que se quedara Giménez vino en octubre al Festival Latinoamericano de Teatro El argentino Clotel, maestro de expresión corporal, “fue torturado bárbaramente” y deportado a Caracas, aseguró Teresa Selma, de CLETA, después de haber sido duramente golpeado y tener sus papeles en regla.

Hace una semana, Carlos Giménez narró a Proceso su experiencia de aquellos días por vez primera. En la entrevista justificó la toma del Foro Isabelino y reprochó acremente a Héctor Azar, Luisa Josefina Hernández y Emilio Carballido el que no hubieran protestado por su deportación; a estos dos últimos “porque me trajeron” y al primero “porque un artista debe defender a un artista”.

Además Giménez reconoció la solidaridad que en su momento tuvo con él Claudio Obregón y destacó la participación en el grupo Fantoche de Alejandra Zea y Enrique Ballesté.

De todos ellos, Proceso habló con Carballido, Obregón y Zea (cuyas entrevistas se presentan en texto adjunto). Luisa Josefina Hernández se encuentra en Estados Unidos, Ballesté en un pueblo de Veracruz (donde no pudo ser localizado) y Azar declinó hacer comentario alguno. No obstante, la postura del creador del teatro universitario aparece explícita en algunas líneas (“no exentas de amarguras y tristeza”) de su reciente libro Funciones teatrales. Califica allí a la toma del Foro Isabelino como “acto de violencia” y se refiere a esos tiempos como los de “la envidia rancia y la traición”.

“Tiempos como vientos que sembraron tempestades e hicieron del teatro universitario el lodacero que no encuentra tierras firmes, el no-hagan-olas en que sus funcionarios navegan”.

Comentarios

Hizo estudios de filosofía en la UNAM donde ha impartido clases. Reportero de las Secciones Culturales de Excélsior (entre 1967 y 1976) y de Proceso de la cual es editor.

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