Crónica de un apagón que puso a Venezuela en un escenario de guerra (Video)

Familiares de un paciente caminan en la sala oscura de una clínica con una vela que ilumina el camino, durante el apagón en Caracas, que inició el jueves 7. Foto: AP Eduardo Verdugo Familiares de un paciente caminan en la sala oscura de una clínica con una vela que ilumina el camino, durante el apagón en Caracas, que inició el jueves 7. Foto: AP Eduardo Verdugo

CARACAS (apro).- El corte de energía eléctrica que se produjo la tarde del jueves 7 en Caracas parecía uno más de los que se registran en forma recurrente en toda Venezuela y que han obligado a las familias a incorporar a su lista de productos de primera necesidad utensilios como velas, cerillos, encendedores y lámparas portátiles.

Nadie imaginó, en ese primer momento, que cinco días después el país continuaría semiparalizado por el masivo apagón, con problemas de desabasto de productos básicos, de transporte, de suministro de agua potable e incomunicado entre sí, y con el mundo, por el colapso de la red de telefonía celular y los servicios de datos.

Entre la crisis alimentaria, la debacle del sistema de salud, la hiperinflación, el quiebre de la economía y la confrontación política entre dos sectores que tienen a su propio presidente –el régimen chavista a Nicolás Maduro, la oposición al autoproclamado mandatario encargado Juan Guaidó–, y ahora el masivo apagón, Venezuela se parece cada vez más a un territorio de guerra.

Esta es una guerra sin bombas ni fusiles, sin aviones extranjeros surcando el espacio aéreo nacional y sin batallas a tiros entre hermanos, pero sus efectos son muy parecidos a los de una guerra regular.

Un apagón de estas dimensiones, que lleva cinco días paralizando todo, sólo es imaginable en Irak, durante la Guerra del Golfo Pérsico, en 1991, o en Afganistán, en la invasión aliada de 2001, o en la Siria de nuestros días.

La diferencia entre Venezuela y esos países es que, aquí, el conflicto no es armado –hasta ahora, porque no hay que olvidar que Donald Trump mantiene “todas las opciones sobre la mesa”— sino político, económico y social, con todas sus agravantes y con millones de ciudadanos que padecen sus efectos en la vida cotidiana.

Para el 80% de los venezolanos asalariados, ya de por sí constituye una proeza subsistir con un sueldo equivalente a 5.45 dólares mensuales o a 18 centavos de dólar por día, lo que ubica a ese enorme segmento poblacional muy por debajo de la línea de la pobreza de dos dólares por día que establece el Banco Mundial como estándar internacional.

Los venezolanos, chavistas y opositores por igual, viven exasperados por la crisis, por el rebusque cotidiano para llevar comida suficiente a casa.

Con ese estado permanente de crispación social, es apenas natural que un día sin energía eléctrica, a oscuras, sin servicio de telefonía celular, con los ventiladores parados en un calor de más de 30 grados centígrados y sin agua, incremente el enojo.

Y es normal que el enojo se convierta en rabia cuando para dos, tres, cuatro y cinco días en la misma situación, con idas y vueltas de la energía eléctrica, con prolongados periodos a la espera de que llegue un poco de agua para bañarse y lavar los trastes, y de que abra un supermercado para abastecerse.

“Esto ya no se trata de política, es un asunto humano, porque la paciencia de todos tiene un límite”, dice el médico Jesús Machado en una calle en penumbras del centro de Caracas mientras se acerca a su casa después de caminar durante dos horas desde el hospital donde trabaja por falta de transporte público.

Los residentes se lanzan a las calles después del apagón que inició en Caracas, Venezuela, el jueves 7. Foto: Eduardo vedugo
Los residentes se lanzan a las calles después del apagón que inició en Caracas, Venezuela, el jueves 7. Foto: Eduardo vedugo

Sin dinero

En Venezuela, la falta de energía eléctrica no sólo paraliza las actividades comerciales y productivas, sino que deja a la gente sin dinero. Debido a la hiperinflación, el dinero físico, el papel moneda, casi no existe en el país. El Banco Central no alcanza a imprimir los billetes que se necesitan frente a la velocidad en que suben los precios.

La inflación en 2018 fue de un millón 370 mil por ciento y el gobierno decidió quitar tres ceros a la moneda nacional, el bolívar, que fue reemplazada por un “bolívar soberano” que circula mayoritariamente como dinero electrónico, en las tarjetas de plástico de los asalariados.

Con el corte de energía eléctrica y el colapso de los servicios de datos, los “puntos”, como se les dice en Venezuela a las terminales de pagos electrónicos, o no funcionan o rechazan las transacciones porque muchos bancos tienen caídas sus plataformas informáticas.

La mayoría de los supermercados están recibiendo únicamente bolívares soberanos en efectivo y dólares, pero la mayor parte de ciudadanos en este país no tiene ni moneda nacional ni dólares.

“Fui a tres supermercados aquí cerca y me pedían efectivo, pero no tengo. Encontré uno en el que me aceptaron la tarjeta, la pasaron tres veces, no pasó, y se bloqueó. Ahora voy a casa de mi mamá para que coman mis niños”, dice una señora que camina en una calle del barrio Petare con un niño en brazos y una niña al lado.

En un país tan polarizado, la canalización del enojo ciudadano tiene que ver con las preferencias políticas, con ser chavista, asumirse como opositor o ser parte de los “ni-nis”, que son los que están hartos de unos y de otros.

Un vendedor de alimentos les dice a los compradores que no pueden aceptar sus tarjetas de débito, la forma más común de pago debido a la inflación. Foto: AP Eduardo verdugo
Un vendedor de alimentos les dice a los compradores que no pueden aceptar sus tarjetas de débito, la forma más común de pago debido a la inflación. Foto: AP Eduardo verdugo

 

EU, el culpable según el régimen

La noche del viernes, el ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, salió en una cadena nacional de radio y televisión a denunciar que el apagón masivo fue producto de un “artero e inhumano ataque cibernético” perpetrado por Estados Unidos al sistema eléctrico central.

La oposición y su líder, Juan Guaidó, sostienen que la falla se debió a la falta de mantenimiento del sistema eléctrico, que desde hace varios años opera de manera inestable, y a la falta de inversiones en el sector.

–¿La gente a quién le va a creer? –le preguntamos a Alejandro, un taxista conectado con la sensibilidad popular.

–Eso es fácil saberlo –asegura–: los de oposición le van a creer a Guaidó, y los chavistas a Maduro.

Pero más allá de preferencias políticas, tanto opositores como chavistas padecen los efectos del apagón masivo.

En Caracas y en varias ciudades del interior la principal urgencia es conseguir agua, por lo que en las calles se observan a personas con cubetas y bidones que caminan hacia ríos y ojos de agua donde abastecerse del líquido.

Las personas recolectan agua de un arroyo en el Parque Nacional Ávila durante los apagones que afectan las bombas de agua en las casas y edificios de apartamentos de Caracas, Venezuela. Foto: AP Eduardo Verdugo
Las personas recolectan agua de un arroyo en el Parque Nacional Ávila durante los apagones que afectan las bombas de agua en las casas y edificios de apartamentos de Caracas, Venezuela. Foto: AP Eduardo Verdugo

En los barrios, en las calles, no faltan gritos como “Maduro coño de tu madre” y “Terroristas concha de su madre”, que son mentadas de madres de uno y otro bando. También el de “Militar, reacciona, la Patria no se abandona”, que apela a un pronunciamiento de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en favor de Guiadó.

El ministro de Defensa y general en jefe de la FANB, Vladimir Padrino López, respalda la teoría del ataque cibernético al sistema eléctrico y recorre las calles de Caracas en un jeep militar desde el cual constata “el ejemplar comportamiento cívico” de los venezolanos ante la emergencia.

La noche del domingo, Maduro decretó este lunes como día feriado ante la persistencia del apagón en varias regiones y el colapso de los servicios de telecomunicaciones.

Los niños no fueron a la escuela. Tampoco lo hicieron el pasado viernes ni durante el puente de carnaval, que se extendió del jueves 28 de febrero al martes 5 de marzo.

En los barrios populares y en los edificios de clase media del este de Caracas los niños juegan durante el apagón. Se escuchan sus gritos, sus llantos, su algarabía ajena al estado crítico de la realidad que golpea a sus padres.

“Martino, Martino, ¿dónde está Martino?”, le grita un abuelo a su nieto en un pasillo de un edificio a oscuras en el que los dos juegan a las escondidas.

“No estoy, nono, no estoy”, responde Martino, oculto como está en las escaleras. Sus risas resuenan en todo el piso del edificio.

Habitantes del Barrio 23 de Enero de Caracas, una zona tradicionalmente chavista, reportan que la noche del sábado un grupo de jóvenes cerró con llantas quemadas y contenedores de basura la Avenida Sucre, a una cuadra del presidencial Palacio de Miraflores, para protestar contra el gobierno “por el apagón y por todo”, según dice una señora.

La espontánea manifestación, asegura, fue reprimida por el grupo antimotines de la Guardia Nacional.  “Ahí hubo bala, piedras y varios heridos”, indica.

No hay una guerra en Venezuela, pero los efectos de la crisis que viven los ciudadanos se parecen a los que produce un conflicto armado.

Radio bemba

“Cuando no hay internet, lo mejor es radio bemba”, dice Luis Enrique, un joven guardia de un edificio de oficinas que se ha enterado “de todo” lo que ocurre en Venezuela con el apagón, “sin necesidad de estar conectado a nada”.

Asegura que, desde el jueves, cuando ya avanzaba la tarde y el corte se extendía más allá de lo normal y comenzaban a colapsar los servicios de telefonía celular y el suministro de agua potable a los hogares, de boca en boca, de vecino a vecino, de transeúnte a transeúnte, se iba corriendo la voz de que se trataba de un apagón nacional de consecuencias inimaginables en ese momento.

Muy pocos venezolanos tenían en esos momentos acceso a las noticias. Incluso varios portales de medios y hasta canales nacionales de televisión habían salido del aire.

En las calles, había más gente de lo habitual caminando. El Metro de Caracas, el medio de transporte público por excelencia en la ciudad, había dejado de funcionar y los trabajadores del sistema pedían a la gente salir de las estaciones y tomar los buses urbanos, que de por sí escasean en un día normal.

Muchos usuarios del Metro se resistían a abandonar las estaciones, seguros como estaban de que, en cuestión de media hora, una hora como máximo, volvería la luz. Sabían que salir de los subterráneos equivaldría a esperar, quizá por horas, el paso de un bus del transporte público que los llevara de regreso a su hogar.

Multitudes de personas que viajaban diariamente en Caracas caminaban a casa después de que el metro se detuviera y el tráfico se atascara. Foto: AP Eduardo Verdugo
Multitudes de personas que viajaban diariamente en Caracas caminaban a casa después de que el metro se detuviera y el tráfico se atascara. Foto: AP Eduardo Verdugo

 

El apagón se produjo justo en una hora pico, cuando los trabajadores del sector público y privado comenzaban a salir de sus empleos tras cumplir con su jornada laboral.

“Esto es nacional, no hay servicio de energía eléctrica en todo el país, algo grave pasó”, dijo un trabajador del Metro que cargaba un radio de banda privada en la mano por el que pedía más información a sus superiores.

En cuestión de horas, Caracas y las principales ciudades del país eran un caos. La gente estaba aglomerada en los paraderos de autobuses esperando que de pronto pasara alguno que no fuera repleto de pasajeros al que se pudiera subir para acercarse, lo más posible, al barrio.

Los camiones urbanos pasaban con personas paradas en las defensas traseras y en los estribos, a punto de caer. Un joven que iba colgado a una ventanilla cayó al piso en una autopista urbana de Caracas y fue llevado a un hospital en estado crítico.

Cuentan en su barrio que el joven, llamado Carlos y quien estudiaba y trabajaba como mensajero en una oficina, murió el domingo.

“Hoy (lunes) entregan su cuerpo a la mamá en la morgue”, dice una vecina de la familia.

Hospitales en riesgo

Empleados y dirigentes sindicales del sector salud han reportado varias muertes de pacientes en los hospitales a causa de la suspensión del servicio de energía eléctrica y señalan que 15 mil enfermos con diálisis están en riesgo.

El gobierno dice que ha dotado de plantas portátiles de energía eléctrica a los hospitales. Trabajadores de esos centros lo desmienten.

Es parte de la otra guerra, de la guerra propagandística.

Madres y parientes esperan fuera de una sala de cuidados intensivos para bebés en una clínica, durante un apagón en Caracas. Foto: AP Eduardo Verdugo
Madres y parientes esperan fuera de una sala de cuidados intensivos para bebés en una clínica, durante un apagón en Caracas. Foto: AP Eduardo Verdugo

El secretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores de la Industria Eléctrica de Venezuela, Alí Briceño, descartó que el masivo apagón obedezca a un ataque cibernético, como afirma el gobierno, y sostuvo que se debió a un problema en la línea central de transmisión ocasionado por un gran incendio en la vegetación.

Dijo que por ello se apagaron en forma automática las máquinas de la represa del Guri, principal fuente de energía eléctrica del país, y la empresa estatal ya no cuenta con el personal que pudo haberlas calibrado en un plazo normal, de 12 horas.

En los últimos años aseguró, unos 14 mil 700 ingenieros y técnicos se han marchado del país en busca de mejores oportunidades.

El gobierno, por su parte, anunció que denunciará el ataque “del imperialismo” estadunidense y sus “aliados venezolanos” ante tribunales internacionales.

Esto, mientras la población va para seis días sin servicios básicos.

 

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