“Estado suplantado” generó una nueva crisis de inseguridad en el norte: Académicos del Ciesas

MONTERREY, N.L. (apro).- La violencia que sufre el norte de México tiene antecedentes históricos, pero en los años recientes un “Estado suplantado” y “supeditado” a intereses particulares generó una nueva crisis de inseguridad, concluyen investigadores del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas).

Académicos del Ciesas recién presentaron el libro titulado “Violentar la vida en el Norte de México”,  un conjunto de análisis sobre la inseguridad que ha registrado el Noreste de México en los años recientes.

Coordinada por el doctor Efrén Sandoval, los investigadores revisaron diversos temas relacionados con la situación de inseguridad con una perspectiva histórica y contemporánea.

El nuevo libro que contribuye a entender un fenómeno social que tiene su antecedente más cercano en la Revolución Mexicana.

“El mexicano ha sido históricamente un Estado suplantado y supeditado. Es un Estado porque es el constructor social del monopolio de la violencia legítima”, señala Sandoval en la introducción del libro.

Agrega que cuando el monopolio de esa violencia es ejercido por organizaciones particulares, entonces tenemos un Estado suplantado.

“Para que el Estado sea suplantado no se necesita un alto nivel de organización colectiva y tampoco violencia armada”, asegura el coordinador del libro.

Menciona que el Estado es supeditado y suplantado cada vez que un individuo o un grupo defraudan las leyes, la legitimidad y la soberanía misma del gobierno.

“Como otros Estados, el mexicano histórica y sistemáticamente se ha construido a través de intermediarios y actores privados legales e ilegales para consolidar su dominación política”, concluye Efrén Sandoval.

A través de nueve capítulos los investigadores de Ciesas responden algunas preguntas sobre qué sucedió el Norte de México para que llegásemos a los niveles de violencia actuales.

Además, señala cuáles son los principales factores históricos que influyeron para que esta región de México se incendiara.

En ese sentido, en los primeros capítulos se analizan los antecedentes sobre la violencia que ha vivido el estado de Nuevo León desde la Colonia, el Porfiriato y la Revolución.

En el segundo capítulo la investigación describe las redes trasnacionales para traficar automóviles de Texas a Monterrey durante la década de los años treinta, contrabando que se prolonga hasta los sesenta.

Principalmente de automóviles de lujo, ya que en Estados Unidos valían unos 18 mil 500 pesos de la época y en México se vendían hasta en 42 mil pesos.

Lo modelos de lujo eran los Cadillacs y Buicks. Curiosamente los principales aliados de los mexicanos para este contrabando siempre fueron ciudadanos estadunidenses.

La investigación describe que a partir de la década de los cuarenta el tráfico hormiga se disparó debido a la participación de bandas internacionales de contrabandistas.

Los autos ilegales, siempre terminaron en manos de políticos, militares, empresarios y estrellas de cine. Uno de los beneficiados con un lujoso Cadillac ilegal fue Jorge Negrete, cuenta el libro.

El capítulo cuatro, cuyo autor es el doctor Carlos Antonio Flores, resulta fundamental para la tarea de reflexionar sobre los años más negros que ha vivido Nuevo León en sus últimas décadas.

Describe la inusitada violencia que registró la zona metropolitana de Monterrey comenzó a repuntar en el año 2007, cuando los Zetas y el Cartel del Golfo arribaron a la metrópoli para arrebatar la plaza que estaba en poder del Cartel de Sinaloa, a través de los hermanos Beltrán Leyva.

La cúspide de la violencia se registró entre los años 2010 y 2012. Por ejemplo, en 2011 se llegaron a registrar más de dos mil muertes, un récord histórico.

Además, sucedieron tristes tragedias como las 52 muertes ocurridas en el Casino Royale, los 52 muertos por la disputa de la prisión del Topo Chico y otros 44 por la cárcel de Apodaca.

En ese período también aparecieron 49 cuerpos descuartizados, que fueron abandonados en una carretera del municipio de Cadereyta, como parte de una disputa que comenzó al interior de los Zetas.

Carlos Flores describe puntualmente algunos de esos acontecimientos desde la perspectiva de un académico que los intenta descifrar.

Entre los diversos capítulos sobresale el trabajo de la doctora Séverine Durin en el capítulo titulado “Huir Presos del Terror. Masacres y desplazamientos forzados en el Noreste de México”.

Los diversos desplazamientos provocados por la violencia se mantenían inéditos hasta ahora.

En esos años, muchos y pocos escaparon de la inseguridad cambiando de trabajo, de hogar, de colonia, de región e incluso de país.

Séverine incluye a los periodistas que se fueron a la ciudad de México. También a los empresarios que salieron a refugiarse al vecino estado de Texas, con parte de sus negocios.

La investigación recogió decenas de testimonios de víctimas que fueron obligadas a dejar sus lugares de origen, empleo, etc., entre los años 2009-2014.

El trabajo destaca por los testimonios y las confesiones de los afectados, pero también porque  la investigación incluyó un intenso trabajo de campo, que duró más de un año.

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