“El sonido de la resistencia” de Jorge Velasco García

El cartel a propósito de la presentación del libro. Foto: Cortesía Foro Alicia El cartel a propósito de la presentación del libro. Foto: Cortesía Foro Alicia

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En 2004, Jorge Velasco García, exbajista de los grupos MCC (Música y Contracultura) y Real de Catorce, así como de Guadalupe Pineda y Astrid Hadad, recibió el IX Premio de Ensayo Literario “Lya Kostakowsky” con su investigación El canto de la tribu. Una historia sobre el movimiento alternativo de la música en México.

El jurado estuvo conformado entonces por los desaparecidos Gabriel García Márquez y Mario Kuri-Aldana, además del folclorista Óscar Chávez; un año después, el estudio fue publicado con prólogo de Carlos Monsiváis y reimpreso en 2013 por Conaculta (que sacó a la par Rock en salsa verde, también de Jorge Velasco).

Aparece ahora un nuevo volumen suyo: El sonido de la resistencia. Patrimonio musical. El canto popular en los movimientos sociales del siglo XXI en México (Angelito Editor / Fonca / Secretaría de Cultura, 157 páginas), cuya presentación fue anunciada por Nacho Pineda para el jueves 28 de marzo, a las 18:00 horas, con participación del rockero rupestre Fausto Arrellín; Ismael Colmenares Maylo, de Los Nakos; el periodista Humberto Musacchio y Omar García Velásquez, en el Foro Alicia (Av. Cuauhtémoc 91-A, Col. Roma).

El sonido de la resistencia está dividido en tres grandes capítulos: “Movimientos sociales del siglo XXI en México”, “Presencia de la canción de los movimientos sociales” y “Funciones del canto popular en plantones, marchas, mítines y festivales de apoyo a los movimientos sociales”, además de conclusiones y anexos (con Testimonios, Lista de canciones, Letras de canciones, Bibliografía, Discografía y Páginas de internet consultadas).

A continuación, la presentación a cargo del autor.

Prólogo       

México atraviesa al momento de escribir estas líneas por una situación única desde hace mucho tiempo: el empoderamiento en el imaginario colectivo de las clases subalternas del país de la idea de que es posible la utopía con la llegada al poder de un proyecto político opositor a los tradicionales partidos gobernantes -que han sumido a la sociedad mexicana en una crisis a todos los niveles- y que anuncia un distanciamiento de las políticas neoliberales de las últimas décadas.

Hoy se refuerza la esperanza en la utopía libertaria de transformar a la sociedad mexicana en una sociedad libre de injusticias, de explotación y de toda opresión a la dignidad humana, idea que no es fantasía sino un anhelo real que constituye un grito de millones de mexicanos víctimas de la violencia ejercida sobre sus personas y familias, en el plano económico, político, social y cultural por los últimos gobiernos neoliberales.

O al menos esta situación invita con un mayor convencimiento a transitar los caminos que llevan a ella, pues como dicen las palabras de Eduardo Galeano: “la utopía está en el horizonte, nunca la alcanzaré, si yo camino diez pasos ella se alejará diez pasos, entonces para que sirve la utopía, la utopía sirve para eso para caminar” (En el video Eduardo Galeano: ¿Para qué sirve la Utopía?, https://www.youtube.com/watch?v=GaRpIBj5xho

Galeano dice esta famosa frase que la atribuye a Fernando Birri, cineasta, director y actor argentino conocido como el padre del llamado Nuevo Cine Latinoamericano).

“Se hace camino al andar”, diría la poesía de Machado, cantada por muchas generaciones siguiendo la musicalización de Serrat.

Pero la búsqueda y la lucha por conquistar una nueva etapa de la sociedad mexicana, donde prevalezcan los valores de la democracia, la justicia y la libertad, valores por los que han perdido la vida miles de mexicanos siguiendo los ideales de Zapata, Villa, Flores Magón, Práxedis Guerrero, Carrillo Puerto, Rubén Jaramillo, Lucio Cabañas y tantos otros luchadores sociales, cuyos aportes no han sido debidamente valorados por la Historia oficial, es un compromiso no solo del gobierno entrante. Toda la sociedad en su conjunto está obligada a aprovechar los espacios que se abren en esta nueva coyuntura, para hacer valer su opinión y hacer efectiva la idea neozapatista de “mandar obedeciendo”, que debe cumplir todo gobierno con el pueblo que lo ha elegido. No debemos esperar que desde arriba se resuelvan los problemas, estancados en la apática inercia de resignación a la que nos han conducido los grupos hegemónicos con su ideología dominante y sus aparatos de control.

Pero esta tarea de hacer cumplir la voluntad de las mayorías, pasa necesariamente por el conocimiento de la realidad social que se vive; solo un profundo conocimiento de la historia de la sociedad mexicana y de su complejidad actual nos permitirán proyectar los diversos caminos que se presentan para su transformación. Y en esta tarea estamos comprometido todos, desde nuestras diversas trincheras. De ahí la importancia de que el trabajo desarrollado por la Academia tenga un valor de uso destacado, que se sume a los diversos esfuerzos que se desarrollen desde la sociedad civil para comprender y transformar la realidad social mexicana.

El objetivo de la investigación científica y social debe ser entonces, llenar no sólo con libros los estantes de las bibliotecas, sino llenar de propuestas bien argumentadas las mesas de trabajo donde se discutan los grandes problemas nacionales, para el diseño y aplicación de políticas públicas que beneficien a las mayorías en su camino por conquistar la utopía, tomando como principio el impulso a la educación y la cultura, elementos fundamentales en todo proceso de transformación social.

En este sentido la Academia debe mostrar interés por abordar y desarrollar ideas y teorías novedosas acordes con la nueva realidad que se presenta, dejando de lado viejos paradigmas que quedan cortos al aplicarlos a las nuevas situaciones. En los últimos años las ciencias sociales han vuelto la mirada hacia elementos que antes eran desdeñados por parecer superfluos y banales. Este es el caso, dentro de los estudios culturales, del estudio del sonido y de la música para la comprensión de los procesos sociales.

Cada vez es mayor el interés, sobre todo de los jóvenes investigadores de diversas disciplinas sociales, por abordar el estudio de múltiples expresiones de la sociedad a partir del análisis del ámbito sonoro y musical que rodea a dichas expresiones, ya que es conocido el hecho de que la música, por su carácter lúdico, emotivo y cotidiano, está presente en gran parte de nuestra vida tanto individual como social. Este novedoso enfoque que muestra al sonido, a la música y al canto como una rica y amplia fuente de conocimientos, se nutre de teorías que toman a estos elementos sonoros ya sea como marcos de la identidad y la memoria colectiva, como expresiones artísticas que expresan y provocan emociones que impactan directamente en la vida social, o como productos culturales que transmiten símbolos y significados.

El presente ensayo tiene como objetivo contribuir con su granito de arena al desarrollo de esta línea de investigación, analizando la presencia de la música y el canto en los actuales movimientos sociales de la sociedad mexicana, para demostrar, como pensaba Mario Benedetti, que la revolución no se hace con canciones, pero se hace cantando (Gabino Palomares comenta que alguna vez le preguntaban a Benedetti si una canción o un poema hacía la revolución y Benedetti dijo: “El arte no hace las revoluciones, pero las revoluciones se hacen cantando”. Entrevista a Gabino Palomares, 13 de julio, 2018).

Y para demostrar también que esta expresión de la cultura popular de nuestros días muestra la lucha de dos visiones del mundo, la lucha ideológica entre las clases dominantes o hegemónicas y las clases dominadas o subalternas de la sociedad mexicana, pues como bien señalaba Judith Reyes, luchadora social, cronista musical del movimiento estudiantil de 1968 y emblema de la canción política en México: “¿O es que la Patria tiene dos caras? Pues sí señores, evidentemente se trata de dos puntos de vista: El que se apoya en las bayonetas y el que brota de mi guitarra” (Reyes, 1974: 235).

En este contexto agradezco al Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), el apoyo financiero otorgado para la realización de este ensayo en el ámbito de los estudios culturales, cumpliendo así con su objetivo de invertir en proyectos culturales que surgen de la comunidad artística bajo el principio de fomentar la libre expresión y creación. Proyectos culturales cuyos productos sean de utilidad al proceso de transformación de la sociedad mexicana, sobre todo en este crucial momento histórico que vive el país como ya se señaló.

Asimismo, debo destacar que este apoyo del Fonca a nivel personal me permitió cumplir con un anhelo y proyecto de vida: el de continuar con la línea de investigación que presente en mi ensayo El canto de la tribu en 2004, al hablar de un movimiento alternativo de música popular en México. De tal forma que este agradecimiento lo hago extensivo a las personas que amablemente me proporcionaron información; compañeros músicos, maestros, estudiantes, electricistas, gente común solidaria con los movimientos sociales y al Mtro. Francisco Coello, historiador de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro-SME.

Esta información que fluye a lo largo del texto en un continuo dialogo entre las opiniones de los actores sociales involucrados, las letras de las canciones y un mínimo marco teórico metodológico; me permitió plasmar en el papel las ideas, vivencias y emociones que como músico e investigador me persiguen gozosamente desde los años setenta, y me comprometen a continuar con el afán de que a esta música y canto de resistencia se le dé su debido lugar como múltiple fuente de conocimientos para entender la historia y la dinámica de la sociedad mexicana del siglo XXI, contribuyendo así a la proyección de su futuro.

Si a pesar de la limitación de tiempo, que restringió la obtención de una etnografía más extensa y una mayor profundización en el análisis, este ensayo despierta la curiosidad por asomarse con oídos, corazón y mente abiertos al mundo de esta particular expresión de la cultura popular de nuestro país y motiva e impulsa el desarrollo de nuevos estudios, este ensayo habrá cumplido su objetivo.

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