El diagnóstico del doctor Narro: el PRI “aún puede sanar”

Narro y su optimismo. Foto: Eduardo Miranda Narro y su optimismo. Foto: Eduardo Miranda

El doctor José Narro Robles, quien fuera rector de la UNAM durante ocho años y renunciara para encabezar la Secretaría de Salud en el gobierno de Enrique Peña Nieto, está en campaña para dirigir otra institución, quizá menos prestigiada que las anteriores: el PRI. En vista del desastre de ese partido en las pasadas elecciones federales, Proceso lo entrevistó para conocer su punto de vista sobre lo que aún puede hacerse para mantener con vida al otrora invencible partido de Estado.  

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Aspirante a dirigir al PRI para los próximos cuatro años, el doctor José Narro Robles diagnostica que el partido no está moribundo pero sí sufrió traumatismos en la elección pasada, con la peor derrota en las nueve décadas que han transcurrido desde su fundación.

Quien fuera secretario de Salud del gobierno de Enrique Peña Nieto, está en desacuerdo con que se culpe y enjuicie al expresidente por el desastre en esos comicios y cuestiona a los detractores del político mexiquense.

Asegura también que, a pesar de tener 70 años, tiene la vitalidad suficiente para sacar al priismo del atolladero para que siga siendo una opción creíble y confiable de gobierno en las elecciones intermedias de 2021, en las cuales se renovará la Cámara de Diputados.

Rodeado de libros, de estampas universitarias y de pequeñas figuras de los Beatles que adornan su estudio, inmerso a veces en los recuerdos de sus colaboraciones con Luis Donaldo Colosio en 1994, se le pide un diagnóstico del PRI después de que perdió 9 millones de votos, en comparación con los que consiguió Peña Nieto en 2012.

“El PRI no está en terapia intensiva, no está moribundo,  puede sanar. Pero se tienen que cumplir varias condiciones; una es que contemos con ese diagnóstico y que la terapéutica se pueda plantear en unidad. Unidad no quiere decir unanimidad sino inclusión, franqueza, apertura, flexibilidad, tolerancia… que aceptemos las diferencias y que son parte de la normalidad”, señala.

Quien fuera también rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reconoce que su partido tiene muchos malestares: “Es como un paciente que tuvo un accidente y tiene golpes, heridas; pero eso es lo superficial, porque el PRI tiene problemas que transitan por lo que biológicamente es el corazón o simbólicamente es el alma.

“A mí me enseñaron en medicina que, para que una terapéutica funcione, lo acertado no es saber cuál es el medicamento, pues no hay medicamento para todo; lo acertado es tener un muy buen diagnóstico y aplicar la terapéutica correspondiente.”

Considera que ese partido aún tiene remedio, pero observa que una buena parte de la rehabilitación radica en la presencia activa de la militancia en el escrutinio de la selección de candidatos y candidatas a puestos de elección popular y a la dirigencia, además de tener claridad en las causas y los principios que deben defender.

Por último señala que, si el PRI quiere recuperarse pronto y a fondo para reincorporarse a la nueva situación, tiene que recuperar credibilidad: “Hay que hablarnos hacia el interior, hay que reconciliarnos, pero hay que ganarnos la confianza de la sociedad.”

Indispensable, la unidad 

José Narro renunció a la UNAM, donde trabajó 40 años (ocho como rector), para anunciar el pasado 1 de marzo que buscaría la dirigencia nacional del PRI. Hasta ahora no tiene compañera de fórmula, aunque recientemente se reunió con la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich.

Señala que si llega a ganar, su primera tarea será trabajar en la reconciliación interna y, al mismo tiempo, recuperar la confianza de la sociedad:

“Claro que se tiene que hacer cosas e implementar medidas de fondo.  Esto no es un tema cosmético, estético, es algo de fondo. Se tiene que cambiar en varias direcciones: la inclusión y la unidad es fundamental, los partidos las deben tener porque, si no, lo que viene es la pulverización o la desagregación de la militancia y de los propios dirigentes; eso no le conviene al partido.”

Aclara que también debe haber apego a un código de valores y de principios políticos, además de mucha claridad para entender que parte de la normalidad democrática es que se ganan y se pierden elecciones, lo cual no implica la defunción o desaparición del partido.

Narro no duda de que, a 90 años de su fundación, el instituto político puede recuperarse si regresa en parte a sus orígenes, ya que en el país siguen vigentes sus metas centrales: la democracia y la justicia social.

Argumenta que el PRI, como partido de oposición fuerte, es necesario dentro de un equilibrio de poderes y de fuerzas políticas: “Hoy el país requiere de una oposición franca, madura, honesta, para poder decir ‘así no’ y también para reconocer las cosas que no deben hacerse”.

Corrupción y simulación

Respecto del problema de la corrupción que ha padecido el PRI como partido y como gobierno, el cual fue determinante en su derrota ante Morena en la pasada elección presidencial, José Narro señala que nadie puede estar en contra de que se luche contra ese mal:

“No nos hagamos bolas, no podemos equivocarnos: la corrupción es un mal absolutamente rechazable. Eso es inadmisible. Soy uno de muchos que quisiéramos ver un país sin corrupción, pero tenemos que ser muy honestos y francos, preguntarnos si el único punto de corrupción es el PRI o los miembros del partido. La respuesta contundente es no, pero eso no lo exime (al partido) de ninguna responsabilidad.

“También uno tendría que preguntarse si sólo en la política se da ese fenómeno. Y tampoco es así. Duele mucho en la política porque en la vida política se tratan los temas de todos, porque en los políticos la sociedad deposita con mucha frecuencia la confianza para tomar decisiones, para gobernar y administrar recursos; por eso duele y lastima mucho que pueda haber desviaciones de recursos que debían estar destinados a otras tareas.”

–¿Cómo combatir ese mal, ese cáncer?

–Tiene que ser con toda la fuerza del Estado y de la sociedad, que debe tener una participación en este terreno. En ese espacio está el PRI, sin duda alguna. Lo que tenemos que hacer es rechazar de manera contundente y denunciar cualquier caso, porque no se vale que por los errores de algunos se juzgue a todos y se considere al partido como tal. Los partidos políticos son instituciones de interés público y nosotros, dentro del partido, no debemos aceptar de ninguna manera el tema de la corrupción.

El exrector de la UNAM considera que los priistas no pueden seguir aparentando que son democráticos y honestos cuando actúan de manera diametralmente opuesta:

“Lo que se tiene que acabar en el partido es la simulación… si decimos que vamos a comportarnos como demócratas, tenemos que hacerlo. Eso quiere decir que estamos en contra de las decisiones autoritarias, verticales, centralizadas que emanan de una fuente única. Si decimos que estamos en contra de la corrupción y a favor de la honestidad, tenemos que hacerlo.”

Insiste en que los priistas no pueden simular que son demócratas y honestos sólo en el discurso, las palabras o los buenos deseos, sin llevarlo a la práctica.

“Para corregir eso se tiene que demostrar con hechos. La sociedad ya no quiere sólo buenas intenciones; lo que quiere y exige son hechos concretos. De otra manera no vamos a poder en lo interno, y menos en el exterior, tener el resultado que quisiéramos. Hay que terminar con la simulación y tener una enorme congruencia, como un elemento que nos permita articular debidamente lo que pensamos, decimos y hacemos.”

Las culpas

En octubre pasado la comisión especial que se integró en el PRI para indagar las causas de la derrota presentó un informe. En éste la militancia critica duramente al expresidente Peña Nieto, lo responsabiliza del fracaso electoral y exige que rinda cuentas.

Narro, excolaborador de Peña Nieto, no comparte esa postura, que también adoptan algunos aspirantes a dirigir ese partido, especialmente Ulises Ruiz. Sostiene que los errores no los cometió una sola persona:

“Si los problemas del partido se debieron a Enrique Peña Nieto, y si ya no está, pues ya se resolverían los problemas. La realidad es que no es así. Yo no estoy de acuerdo en que simplemente se señale a una persona. La pregunta que se tiene que hacer es dónde estaban los que hoy critican y piden que rinda cuentas.

“Un partido político moderno tiene que aprender a vivir, trabajar y ganar elecciones, defender causas sociales, profundizar la vida democrática con o sin presidente emanado del partido.

“Piden que se le enjuicie y no estoy de acuerdo. Me parece un acto poco racional y nada efectivo. Si se trata de tomar una revancha, de un juicio sumario, de apuntar a un individuo, no es justo porque no es así, la historia no es tan simple y los problemas no son tan sencillos. Se lo dije a Ulises Ruiz, lo hemos platicado y le dije que no estoy de acuerdo en romper con el expresidente Peña Nieto.”

El exrector tampoco cree que la salida a la crisis del PRI sea cambiarle el logo y el nombre, como se propuso en la evaluación realizada por la Comisión de Diagnóstico encabezada por Samuel Palma.

“Hay gente que piensa en que con cambiarle el nombre al partido se resuelve, como si la solución fuera con que le sacáramos una nueva acta de nacimiento al PRI con otro nombre. Pero eso no resuelve los problemas de fondo. También piden que se cambien el lema y los colores, pero los problemas siguen sin resolverse. Yo digo que sólo con eso no lo resuelve.”

–¿Usted qué le ofrece a la militancia si llega a dirigir el PRI en esta crisis?

–Puede sonar presuntuoso, pero ofrezco una hoja de vida, mi desarrollo personal, profesional, los logros y responsabilidades académicas y políticas que nunca junté. En 1993 presidí la Fundación Cambio XXI, hoy Fundación Colosio; trabajé en el Programa Nacional de Solidaridad con Luis Donaldo Colosio, a quien le trabajé su propuesta para ser candidato presidencial.

No obstante, aclara que no ofrece pasado sino presente: el compromiso de trabajar de manera completa, directa y transparente con la militancia, la posibilidad de construir un partido que rescate la identidad y el orgullo de ser priista; regresar a la militancia el poder de decisión y desde ahí redefinir la reestructuración democrática del PRI y que las posiciones no sean definidas de manera centralizada.

También, destaca Narro, pretende luchar contra prácticas inconvenientes que llenan de pena a la militancia y ser el primero en denunciarlas.

“Ofrezco congruencia, trabajar sin simulaciones y por la unidad –prosigue–. Si resulto elegido como presidente del partido, trabajaré para darle un esfuerzo colectivo y modernizar muchas de nuestras formas de trabajo, hacer de la política no mercancía, sino tratar de representar con dignidad a la militancia y trabajar con ella para tener un buen resultado en la elección intermedia de 2021.”

–Hay gente que, debido a su edad, dice que no va a tener la energía para sacar al PRI del atolladero.

–Entiendo que cuando me ven no crean que tengo 70 años, que cumplí el 5 de diciembre. Parezco mayor, pero tengo una enorme capacidad de trabajo. Cuando decidí participar me planteé cuatro disyuntivas: sí quiero, sí puedo, tengo algo que ofrecer al partido y al país, y tengo respaldo. Entonces pienso que si los primeros 70 años me fueron muy bien, los siguientes me pueden ir mejor.

 Esta entrevista se publicó el 24 de marzo de 2019 en la edición 2212 de la revista Proceso

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José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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