Migrantes centroamericanos, EU viola sus derechos arteramente

Migrantes centroamericanos, en un albergue de la Ciudad de México. Foto: Eduardo Miranda Migrantes centroamericanos, en un albergue de la Ciudad de México. Foto: Eduardo Miranda

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Lo prometido es deuda. En el último diálogo sobre el aborto, se anticipó que en el siguiente se hablaría de la luz para ver con claridad el drama migratorio. Hoy, Frido Kyan Aliotti, periodista, sostiene un diálogo con un migrante centroamericano, humilde, inteligente, lleno de valor, de nombre Pedro Pérez.

Frido: bienvenido amigo Pedro. Hablemos primero de la luz.

Pedro: gracias por tu gentileza de considerarme amigo, en estos tiempos tan mezquinos. Oye Frido, pero ¿qué no quedamos en que hablaríamos de los migrantes, mis hermanos de Centroamérica?

Frido: de nada hermano. Sí que hablaremos de los migrantes, pero antes, como preludio un tanto largo, déjame decir algunas cosas sobre la luz que permite ver.

Pedro: muy bien; ese preludio me intriga y desconcierta, a la luz de lo que dices.

Frido: mira Pedro, para el gran pensador alemán Romano Guardini, mirar significa ser afectado por la aparición de la realidad y convidado a comprenderla, a ver su entraña vital a través de su expresión. La visión es “la respuesta del ojo del hombre a la realidad referida a la luz”.

Pedro: ay caray, me haces pensar, y eso me gusta. Por cierto, ¿qué es la luz que tiende su manto sobre los objetos, las realidades? Como ves Frido, capto el fondo de lo que dices por boca de Romano Guardini.

Frido: ese gusto es poco frecuente en estos tiempos en que pensar es un disgusto. Muy cierto que lo captas. Mira, desde Aristóteles a Newton, se tenía la idea de que la luz consistía en diminutas, imponderables partículas capaces de atravesar sólidos, como lo reseña Michel Guillén en su libro, “Cinco Ecuaciones que cambiaron el Mundo”, a quien sigo en esta materia. Newton explicaba que esas partículas de diferente tamaño afectaban al ojo “según su tamaño……, las más grandes se asociaban a los colores más fuertes: rojos y amarillos; las menores, con los más débiles, azules y violetas”.

Pedro:¡fascinante!, al grado de olvidar por un momento, mis penas de migrante. Y después del gran Newton, ¿qué pasó?

Frido: pues que vino al mundo en 1773, el londinense Thomas Young, quien ya crecido, a los 23 años, sugirió genialmente que la luz era formada de ondas y no de partículas, y “que los colores de la luz consistían en las diferentes frecuencia de vibración.” Por ejemplo, aquellas ondas de pliegues más abiertos, permitían que ¡el ojo viera el color rojo!

Su teoría fue desdeñada por los “sabios” del momento. Pero, pasados 100 años aproximadamente, James Clerk Maxwell probó matemáticamente que a la luz la constituían ¡ondas! de electricidad y magnetismo. ¡Thomas Young estaba en lo cierto! En ese tiempo, el joven Einstein estudiaba ya el aspecto de las ondulaciones electromagnéticas. Ahora con la física cuántica, avanzan otras teorías; la ciencia no descansa.

Aquí termina el preludio Pedro que sirve para arrojar luz al diálogo. Ahora hablemos del drama que viven los migrantes que vienen como tú, de Centroamérica y de otros lugares como Cuba, pasando por México, con destino a los Estados Unidos, en búsqueda de un hogar, de vida digna. Habla Pedro, déjanos mirar tu realidad en la expresión de tu rostro, hoy que por milagro, hay tanta luz y poco esmog.

Pedro: lo haré Frido. Pero antes te recuerdo que para los griegos antiguos, los extranjeros que emigraban a sus ciudades, eran semidioses. Y hoy, para los nuevos nerones de “dura entraña” del imperio, son delincuentes, sin excluir a niños. Infame concepción esta última que violenta el principio democrático de presunción de inocencia, piedra angular de un régimen libre, y sobre todo el deber sagrado de hospitalidad para el que sufre hambre, violencia y persecución.

Ese ofender, ese “mandar al extranjero a la fragua”, equivalen a una acción vulgar, bárbara, según Homero, poeta máximo, -que relató las desventuras del migrante Odiseo-. Acoger al migrante para que devenga amigo, es propio Frido, de espíritus nobles, de gente bien nacida, de humanidad y cultura en suma. ¿Qué se puede esperar de esos tenderos, filisteos, ignorantes,racistas, metidos en política rastrera? Nada grande Frido, puras desgracias.

La tragedia, dice H. Arendt al hablar de los refugiados del mundo, no es la “pérdida del hogar, sino la imposibilidad de encontrar uno nuevo”. ¡Comprende Frido, mira la dimensión humana de esto, te lo ruego, hermano!

Frido: bien se ve que tu expresión no oculta tu alma dolorida, hecha jirones. La política antimigratoria de la ultraderecha mundial, como lo señala bien el estudioso del proceso de la inmigración, el profesor S. Castles, se usa como herramienta ideológica para colonizar las mentes de millones de acomplejados, y para que la derecha en sus diferentes versiones, mantenga sus privilegios injustos a costa de los miserables de los países frágiles del mundo.

En Siria, a raíz del conflicto inducido, ¡cuatro millones de seres humanos! han sido forzados a dejar sus hogares, para buscar refugio en países aledaños, por la política internacional aberrante, criminal, del imperio yanki y sus secuaces al servicio de la banca, de los Shylocks, usureros despiadados, bien retratados en el Mercader de Venecia por el genio de Shakespeare.¡Cuatro millones de seres humanos en trance de derrumbamiento vital!

Pedro: cifra y conducta escalofriantes, para narración dantesca o kafkiana: una infamia. Ninguna legitimidad tienen esos segundones para exigir muros en la frontera mexicana, para fomentar populismos, como lo hace en Europa y otros lugares, en estos días, el ex coordinador de asesores del trumpismo, Bannon; populismos de derecha que horadan los derechos de los migrantes, de los que buscan refugio y asilo con fundamento en el orden jurídico internacional -humanitario, de refugiados, de derechos humanos fundamentales-, no en base a dádivas graciosas del poderoso en funciones.

Esos derechos de los migrantes, en la realidad brutal, son violados de forma impune, a la misma velocidad con la que hipócritamente lo declaman de boca para fuera. Está impedido el desgobierno del norte, conforme al derecho interno e internacional, a cerrar la frontera con México: tal amenaza equivale a una aberración moral, jurídica y económica, propia de enajenados mentales incurables -con síndrome de racismo fanático.

Separan en los Estados Unidos a los niños mexicanos y centroamericanos de sus padres, enjaulando a los primeros; violan la Convención sobre Refugiados de 1951, de la que son parte, y de su Protocolo de 1967, negando, sin fundamento, la entrada a refugiados, a buscadores de asilo que huyen de persecución, violencia, pobreza, crimen organizado, impunidad de los que delinquen contra ellos, indefensos ciudadanos, forzados a emigrar de sus países.

Frido: lo de la Convención de 1951, ya lo sabía. La excepción en los Estados Unidos para negar la entrada a refugiados, conforme a dicha Convención y su Protocolo, es que exista un “tercer país seguro” con el que Estados Unidos tenga celebrado un tratado, como en el caso de Canadá. País al que entonces, los migrantes deben acudir para demandar la protección que brinda la Convención. Si no existe tal tratado, como en el caso de México, los Estados Unidos no pueden negar el asilo a los refugiados que vienen como tú de Centroamérica, pasando por México, a la luz del derecho.

Pedro: así es, ni más ni menos. Pero el problema está en que en la práctica, México de una manera o de otra, ha jugado y juega el papel de tercer país seguro, sin haber firmado tratado alguno al respecto, y sin ser un país seguro para los migrantes, como es público y notorio: fosas clandestinas, tren de la muerte, la bestia, los secuestros que sufren, su utilización por el crimen organizado, incapacidad administrativa real y económica para brindar la protección debida, con una pobreza a cuestas del casi 50% de la población, originada en mucho por el neoliberalismo que continúa en la práctica, etc. En palabras llanas, México ha desempeñado una especie de tarea semejante a la de herramienta conocida como coladera.

Te doy ejemplos: entre el 2013 y el 2014, según datos duros y documentados de la “Women refugee Commission”, las autoridades migratorias mexicanas detuvieron a 20,368 niños que venían sin ser acompañados de padre o madre! Entre 2013 y 2017, fueron detenidos, 563,647 migrantes adultos, habiéndose otorgado asilo solamente a 7,063 de 30,249 que lo solicitaron (hondureños, guatemaltecos y salvadoreños). De no creerse Frido.

Frido: ¡qué tragedia! Y dime, ¿cuántos niños han sido asilados en esos periodos?

Pedro: mira, entre 2013 y 2017, se detuvieron a 129,654 niños, y a ¡ 222! se les dio protección de 784 que lo solicitaron (hondureños, salvadoreños y guatemaltecos). Aquí te va otro dato durísimo: de 2013 a 2017, México ha deportado a 610,104 personas, de las cuales 116,399 han sido ¡niños! Los números arrojan su manto de luz sobre la realidad, sin embargo incomprendida, porque no se quiere ver, mirar. Muchos de esos niños deportados son de los que van a buscar a sus padres que trabajan en los Estados Unidos. ¡Es la esperanza frustrada de volver a reunirse con ellos!

Fíjate Frido, el día 30 de marzo de este año, en Tapachula, Chiapas, 30 migrantes cubanos cuyo destino es el de los Estados Unidos, se pusieron en huelga de hambre frente a la Estación Migratoria Siglo XXI, en protesta por el mal trato y la lentitud en el otorgamiento de los oficios de salida.

Conforme a lo reseñado por Mathiew Tourliere de Proceso, hace unos cuantos días, la organización civil “Pueblos sin Fronteras”, que acompañó al llamado “éxodo centroamericano”, mencionó que ciertas autoridades federales mexicanas de alto nivel, hacen el juego al gobierno de los Estados Unidos, -y con más disponibilidad después de reuniones en el país norteño con la trumpiana y sombría secretaria de seguridad nacional-. Identidad y decoro sustituidos por comercio y condescendencia.

Frido: ¡qué infortunio! En estos tiempos hay exigencias de perdón a países por presuntos agravios. Sin embargo, el que agravia, arrepentido, puede si así lo decide, pedir perdón, pero el presunto agraviado no puede obligar al otro a arrepentirse y a pedir perdón; el arrepentimiento y el perdón son frutos de la libertad. Lo que procede, entre otras cosas, es que aquí se pida perdón a los migrantes por no brindárseles a cabalidad, la protección debida, según derecho y justicia elementales.

Por otro lado, para terminar, la comunidad internacional toda, abandonando su indiferencia y ceguera, debe exigir, a través de los instrumentos jurídicos idóneos, al gobierno de los Estados Unidos que cumpla con las obligaciones establecidas en la Convención sobre Refugiados, y deje de enjaular niños, amenazar con muros ignominiosos y cierres de frontera, en artera violación del derecho. Una cosa es ser prudentes y otra, la que señala Pueblo sin Fronteras.

Gracias Pedro, y buen camino hacia tu meta en los Estados Unidos para reencontrarte con tu vida. El reloj de la historia mueve sus manecillas en sentido inverso, marcando contra-tiempos de clara decadencia, con minutos que duran 30 segundos o menos. Urge repararlo para que la humanidad avance de nuevo, y vuelva a mirar el presente y futuro con esperanza.

Ojalá retorne allá en el país vecino del norte, la brisa fresca como la yerba de Walt Whitman, el poeta que cantó a Lincoln: ¡Oh capitán, mi capitán, ven capitán querido padre, deja pasar mi brazo bajo tu cabeza…, nuestro espantoso viaje ha terminado, la nave ha surcado todos los escollos…! ¡O captain, my captain! ¡Qué contraste con el hoy!

Aquí termina este diálogo largo, como la angustia de los migrantes y la indiferencia del mundo. Hasta el próximo cuyo tema ignoro esta vez.

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