“¿Quién teme a Virginia Woolf?”, en el Milagro

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Edward Albee es un autor teatral estadunidense nacido en 1928, cuyas obras han trascendido en el tiempo. El rigor realista con el que trabaja y la profundidad dramática que le imprime a cada uno de los personajes, hacen que sus obras tengan una fuerza emotiva e intelectual, poderosa; porque Albee es un fustigador de los convencionalismos sociales a los que pone en evidencia en cada una de sus obras.

En ¿Quién teme a Virginia Woolf?, escrita en 1962 desde una visión desesperanzada e irónica hacia la humanidad, el autor critica despiadadamente la institución del matrimonio. Los actores, Laura Almela, Daniel Giménez Cacho, Ana Clara Castañón y Pedro de Tavira Egurrola, quienes son a la vez directores y creadores del espectáculo, se abocan a impregnar de verosimilitud cada una de las situaciones que viven. El compromiso con el realismo atraviesa a los actores para impregnar a los personajes de una complejidad mayúscula interior y una expresión ordinaria en el exterior, en concordancia con la propuesta de Albee quien maneja dos planos de realidad donde las palabras y las acciones son apenas el reflejo de un subtexto que se devela progresivamente. La inteligencia con la que está armada la obra, nos lleva a conocer a los personajes desde una aparente cotidianidad, hasta los retorcidos sentimientos y pensamientos que cada personaje alberga.

En ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Martha y George emprenden un juego perverso para lastimarse hasta llegar al límite. No sólo esconden un secreto monumental, que al salir a la luz destruye el castillo de naipes que habían edificado; sino que son muchos secretos sutiles, ocultos en una esquina a la que la escoba del perdón y la sinceridad no ha llegado.

En ¿Quién teme a Virginia Woolf? se relacionan dos parejas de generaciones diferentes en las que se mezcla la contradicción constante del amor-odio, la dependencia y el rencor, la frustración y el

anhelo. Un matrimonio que contrasta con la juventud de otra pareja que parece armónica al inicio, pero que no se salva de experimentar la rabia y la ambición, en Nick,  y el dolor de Honey que apenas asoma a la hora de dormir y que ahora sale a borbotones de decepción. Ambas representan el final y el principio de una pareja; el germen y la destrucción sistemática. No hay caminos que esquiven esa devastación.

El espacio escénico ocupa, de pared a pared, la cámara negra del Teatro el Milagro, y con esa amplitud el equipo armó distintos ambientes que los personajes habitan. La cantina, la sala en la parte de atrás y otro juego de sillones en primer plano; el lugar del tocadiscos, el de la puerta o un tiradero de cosas en las que se apoya Martha en la parte final. Con una estética sesentera, cuidada a detalle y la iluminación de Gabriel Pascal que apoya esta zonificación, el espacio permanece visible reafirmando la época y la realidad en la que nos encontramos.

Albee, influido por el teatro del absurdo y el teatro de la crueldad, juega con nuestros sentimientos, de la misma manera que los personajes juegan con los sentimientos de los que les rodean. En ¿Quién teme a Virginia Woolf? estamos frente a una carnicería intelectual y sentimental en donde no hay ganadores sino perdedores, aunque todos luchan por ganar destruyendo al otro.  

Esta reseña se publicó el 14 de abril de 2019 en la edición 2219 de la revista Proceso

Comentarios