Karam niega tortura contra Lydia Cacho y la reta al polígrafo; “protege a sus jefes”, dice la periodista

PUEBLA, Pue. (apro).- El exdirector de la Policía Judicial de Puebla, Adolfo Karam Beltrán, retó a la periodista Lydia Cacho a someterse a la prueba del polígrafo porque, subrayó, nunca fue torturada ni incomunicada.

Entrevistado por el periodista Enrique Núñez, de Grupo Editorial Intolerancia, Karam Beltrán, quien tiene orden de aprehensión, contradijo la versión que desde 2005 ha sostenido la autora del libro Los Demonios del Edén y aseguró que el exgobernador Mario Marín nunca le dio una orden para detenerla.

En sus redes sociales, Cacho reaccionó a las declaraciones y soltó: “Las autoridades dicen que los buscan, mientras tanto, ellos dan entrevistas. No es una burla a las víctimas, es una afrenta a la 4T. Las mafias de pedófilos poblanos pueden más que las autoridades”.

Aunque ahora se deslinde de los hechos y la rete a hacerse la prueba del polígrafo, dijo, el exfuncionario marinista ha evitado ser interrogado y su reaparición es para “proteger a sus jefes”.

Señaló que el año pasado la Fiscalía General intentó interrogar dos veces a Karam Beltrán, incluso le pidió cooperar, dado lo innegable de las evidencias, pero “se rehusó, se amparó, protege a sus jefes. La ONU lo sabe, yo también”.

En la entrevista, el excolaborador de Mario Marín Torres afirmó que la detención de la periodista se hizo en apego a la legalidad y con respeto a sus derechos humanos. Las pruebas de esos hechos, abundó, fueron entregados a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en 2008, cuando tanto el exgobernador como el resto de los involucrados fueron absueltos.

“Se han dado circunstancias (ahora) que jurídicamente nos llaman la atención mucho. Es un tema que ya había quedado cerrado. La Suprema Corte de Justicia de la Nación hizo los estudios correspondientes, las investigaciones necesarias, y decidió cerrar el caso”, refirió.

Incluso cuestionó el dictamen emitido por la Organización de las Naciones Unidas en julio del año pasado, donde concluye que se cometieron violaciones graves a los derechos humanos de la periodista, y pide al Estado mexicano que emita una disculpa pública por ese caso. La disculpa se concretó en enero de este año.

“Desde mi punto de vista es una determinación equivocada, porque sólo escuchó la versión de una parte”, soltó el exdirector de la policía, y sostuvo que nunca recibió una orden del “exgober precioso” para llevar a cabo la detención de Cacho. Más bien, el procedimiento se llevó a cabo en desahogo de órdenes de aprehensión foráneas que estaban pendientes al finalizar 2005, recalcó.

De igual manera, aseveró que Marín se habría enterado del procedimiento contra Cacho por una llamada que recibió del periodista Carlos Loret de Mola, quien le pidió que interviniera por su compañera, de quien hasta ese momento se enteraron que era periodista, según su versión.

El exfuncionario mencionó que la insistencia por ejecutar la orden contra Cacho provino de la entonces procuradora de Justicia del estado, Blanca Laura Villada, quien supuestamente le envió a su secretario desde agosto, para apremiarlo a que llevara a cabo la detención de manera inmediata.

Durante la entrevista, Adolfo Karam insistió que nunca se torturó a la periodista, quien todo el tiempo –subrayó– estuvo acompañada y comunicada, y la exoneración que hizo en 2008 la SCJN fue con base en las pruebas, facturas y testimonios que se presentaron.

La periodista ha denunciado que el trayecto a Puebla duró aproximadamente 20 horas, que no se le permitió ingerir alimentos ni se le suministró medicamento para tratar una bronquitis diagnosticada. Tampoco la dejaron dormir, sólo se le autorizó ir al baño una vez y realizar una breve llamada a su pareja.

Además, subrayó, le hicieron tocamientos e insinuaciones sexuales, y también hubo amenazas de muerte y violencia verbal y física durante el traslado de Cancún a Puebla.

Pero Karam dio otra versión: “…en el camino la señora mostró molestias en la garganta. Los agentes se detuvieron en un poblado próximo en una farmacia, le compraron un jarabe Broncolin, unas perlas Tesalón, de las cuales hay facturas que agregué a la investigación que hizo la SCJN, para que se sintiera mejor.

“Cuando tuvieron hambre, se detuvieron en otro poblado; la señora se comió un pollo rostizado completo”, agregó.

El exmando policiaco aseguró que el traslado “llegó a ser ameno” y que Cacho contó cosas de su vida personal a los policías que la trasladaban, como el hecho de que adoptó a una niña que era hija de un policía federal de Caminos que ejercía violencia intrafamiliar contra su familia.

Según su versión, la escritora dijo a los judiciales poblanos que el padre de la niña la había amenazado de muerte, al grado que en ese momento contaba con policías federales que la custodiaban.

“Fue tan agradable el traslado que… le pide a uno de los policías judiciales de Puebla su teléfono para hacer unas llamadas, y la señora se gasta en esa época 500 pesos en llamadas a la embajada de España, a la PGR, al periódico El Universal”, aseveró Karam, y sostuvo que como prueba se aportó la “sábana” de llamadas de ese celular.

“Incluso le reclamó a quien en ese momento era el titular de la PGR, Francisco Cabeza de Vaca. Los judiciales me dijeron que le habló muy feo, con palabras altisonantes. Le dijo: “Eres un pendejo, ya los judiciales de Puebla me acaban de detener y tus agentes no hicieron nada”.

También manifestó que hay fotografías de la llegada de Cacho a la Procuraduría General de Justicia de Puebla, donde puede apreciarse que, además de periodistas, en el lugar estaba la abogada personal de Cacho, así como la entonces senadora y hoy diputada local Lucero Saldaña, quien en todo momento estuvo a su lado.

El exfuncionario marinista aseguró estar interesado en que tanto él como Cacho sean sometidos a la prueba del polígrafo para definir quién miente en su versión de los hechos.

“Me siento el día que la señora quiera, con dos polígrafos cada quien, planteamos las preguntas sobre todo lo que ella ha dicho en los últimos 14 años”, finalizó.

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