México duplica en pobreza a Venezuela, dice el ministro Eduardo Piñate

Servicios básicos. Crisis prolongada. Foto: AP / Fernando Llano Servicios básicos. Crisis prolongada. Foto: AP / Fernando Llano

CARACAS (Proceso).- El ministro venezolano para el Proceso Social del Trabajo, Eduardo Piñate, refuta los estudios que ubican a Venezuela entre los países más pobres de Latinoamérica y sostiene que, de acuerdo con sus cifras, en México ese índice es el doble que en su país.

En entrevista con Proceso, Piñate asegura que, según estimaciones oficiales actualizadas, la pobreza en Venezuela se ubica en 19% y la pobreza extrema en 4.7%. Ambos indicadores, señala, van “bajando”.

México, en cambio, aparece en el Panorama Social 2018 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) con 43.7% de pobreza y 11.7% de pobreza extrema. Ambos porcentajes, que corresponden a 2016, duplican con creces las cifras de pobreza que da el ministro Piñate para Venezuela.

“Nuestros logros en el combate a la pobreza e inclusión social son superiores a la mayoría de los países del continente”, afirma el ministro.

De acuerdo con datos del funcionario chavista y de la Cepal, Venezuela sería el séptimo país con menos pobres en Latinoamérica, después de Uruguay, Chile, Costa Rica, Panamá, Argentina y Perú.

En esa tabla, México aparece en el lugar 14, sólo superado por Honduras, aunque en esa medición Haití –considerado el país más pobre del hemisferio– no aparece.

Las cifras de pobreza en Venezuela son motivo de controversia, pues ante la falta de estadísticas oficiales, diversas ONG y tres de las principales universidades del país han hecho estudios que ubican ese indicador muy por encima de otros países latinoamericanos.

El último dato oficial lo dio el gobierno del presidente Nicolás Maduro en 2015, cuando el Ministerio para el Proceso Social del Trabajo estimó el porcentaje de pobreza en 19.7% y el de extrema pobreza en 4.9%. De acuerdo con Piñate, de entonces a la fecha la pobreza ha bajado en forma marginal, en 0.7 puntos.

Esto a pesar de que entre 2015 y 2018 el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela cayó 41% y de que la hiperinflación devoró de tal manera los ingresos de los trabajadores que hoy el salario mínimo –el cual perciben ocho de cada 10 asalariados— equivale sólo a 5.45 dólares mensuales.

Ese sueldo alcanza para comprar un kilo de carne, un kilo de harina de maíz y un kilo de arroz en el supermercado.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), que realizan cada año las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar, la pobreza por insuficiencia de ingresos afectó en 2018 a 94% de los venezolanos, siete puntos más que en 2017.

Piñate afirma que esos datos “son falsos”. El chavismo, dice, sacó de la pobreza “a la gran mayoría” de venezolanos que vivían en esa condición en 1999, cuando Hugo Chávez asumió la Presidencia.

“Aquí, cuando llegó el comandante Chávez había una pobreza general cercana a 80% y la pobreza extrema era superior a 20%. Hoy estamos en la cuarta parte de esas cifras o más abajo. Eso dicen nuestros datos, que son actuales”, señala el ministro.

Y sostiene que estudios como la Encovi arrojan otros resultados “porque no toman en cuenta el impacto real de todo el conjunto de políticas sociales que el Estado venezolano desarrolla”, como el reparto de despensas, bonos que subsidian directamente a millones de familias y un programa de viviendas para sectores de bajos ingresos “que no tiene ningún otro país del mundo”.

Válvulas sociales

Piñate explica que mediante el denominado Carnet de la Patria, una tarjeta a través de la cual el gobierno administra la política social, unos 19 millones de venezolanos –60% de la población— tienen acceso a diversos subsidios.

Uno de ellos es la entrega mensual de la bolsa CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) con alimentos de primera necesidad, como harina de maíz, aceite, arroz, pasta, leche y azúcar.

Otros subsidios son los bonos fijos, como Hogares de la Patria, que entrega el equivalente a tres dólares mensuales a cada familia de cuatro miembros, o esporádicos, como el del Día de las Madres o de Semana Santa, cuyo monto varía entre tres y cinco dólares.

Piñate, miembro de la dirección nacional del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), indica que el “elemento central” de la política social son las bolsas CLAP, que se entregan a 6 millones de familias, 80% de las que hay en el país.

La encuesta Encovi señala que la pobreza multidimensional en los hogares, que además del estándar de vida toma en cuenta el acceso a empleo, vivienda, educación y servicios públicos, fue en 2018 de 43%, mucho más baja que la pobreza de ingresos.

El estudio encontró, además, que 63% de los venezolanos recibe beneficios de las misiones sociales, cifra superior en 20 puntos a la de 2017. Las ayudas llegan a través del Carnet de la Patria.

La oposición y académicos han acusado al gobierno de utilizar ese carnet como un mecanismo de clientelismo político y control social, pues los encargados de repartir las ayudas son los organismos de base del PSUV.

El ministro para el Proceso Social del Trabajo descarta que esa identificación, que también sirve como monedero electrónico, sea una herramienta clientelar y sostiene que se trata de una forma para optimizar el reparto de la ayuda social.

De acuerdo con Piñate, la oposición y los críticos del régimen se han empeñado durante años en desconocer los avances sociales de la Revolución Bolivariana, que “se han mantenido” a pesar de la severa crisis política, económica y social que golpea a Venezuela desde 2013.

El funcionario chavista menciona que, a través de la Misión Vivienda, el gobierno ha entregado 2.5 millones de casas prácticamente gratis, una cantidad sin precedente en Latinoamérica y que ha beneficiado a la tercera parte de las familias del país.

–Pero es un hecho que, a pesar de las ayudas sociales, hay una crisis muy severa que golpea a todos los venezolanos –se le plantea al ministro.

–Ha tenido un impacto, obviamente, pero esto es producto de una guerra económica que nos genera una hiperinflación que afecta el salario de los trabajadores, el ingreso de las familias venezolanas, su capacidad de compra. Por ahí se ha dado un impacto, pero esto ha sido amortiguado por una política de defensa del salario por parte del gobierno venezolano. El presidente Maduro decreta aumentos salariales cada dos o tres meses.

–Pero el salario mínimo es muy bajo, equivale a menos de seis dólares al mes…

–Es que hay una hiperinflación inducida y hay que ver las causas de esa crisis. La principal es el interés de los Estados Unidos de Norteamérica, del imperialismo, de tratar de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, de destruir la Revolución Bolivariana, de desmembrar la unidad de la nación venezolana, de recolonizar este continente. Estas son las causas esenciales. Enfrentamos una guerra económica.

–¿Y en qué consiste esa guerra?

–En un bloqueo, en el robo de nuestros activos en el exterior, como ocurre con CITGO (petrolera venezolana en Estados Unidos cuyo control fue transferido por el gobierno de Donald Trump a la oposición), en la persecución de nuestras actividades comerciales con el mundo. Pero ante esto respondemos defendiendo nuestra independencia, nuestra soberanía y el proyecto de Bolívar y de Chávez, que es el del socialismo bolivariano.

–Pero aquí también se han señalado errores en el manejo económico del gobierno…

–Obviamente, pero hay que tomar en cuenta que el gobierno está enfrentando un plan imperialista para hacer colapsar la economía. Por eso el robo de 30 mil millones de dólares en activos en el exterior. Nos estamos defendiendo de eso y el desafío es inmenso, pero tenemos un pueblo decidido a defender la Revolución Bolivariana y tenemos aliados importantes en el mundo: Rusia, China, el Caribe, Turquía, Irán…

–¿Y con el gobierno de México, con el presidente Andrés Manuel López Obrador, qué relación hay?

–Muy buena. López Obrador tiene una posición seria, de centro. Él está en la línea de no injerencia, de no intervención, de respetar que los venezolanos resolvamos nuestros asuntos entre nosotros, a diferencia de otros gobiernos que buscan inmiscuirse en nuestros asuntos. Creo que es importante saludar la posición de López Obrador frente a Venezuela.

–Y cuando habla de imperialismo, ¿a qué fuerzas se refiere?

–A la élite racista que gobierna hoy Estados Unidos, a la oligarquía económica-financiera, a los grandes medios de comunicación de la derecha y de la canalla mediática mundial. Pero estoy seguro que la mayoría del pueblo de Estados Unidos no quiere la guerra con Venezuela, quiere la paz, y esa solidaridad es fundamental para detener la agresión.

–¿Qué porcentaje de adhesión tiene hoy el chavismo en Venezuela?

–El pueblo está con el chavismo y con la Revolución Bolivariana. El chavismo fue, es y será mayoritario en Venezuela.

–Aquí la oposición plantea una transición política en la que debe tenerse en cuenta al chavismo…

–Aquí la única transición que hay es la transición del socialismo, que la estamos construyendo ahora. En ningún momento se ha planteado una transición en los términos que busca la oposición.

Este texto se publica el 21 de abril de 2019 en la edición 2216 de la revista Proceso

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