Mariana Mallol, 20 años cantando a la niñez

Oriunda de Buenos Aires, Argentina, la compositora Mariana Mallol se enamoró de México y ha contribuido a fortalecer la producción musical para los pequeños, que el 30 de abril festejan su día. El domingo anterior ella lo hará durante un espectáculo integral en el Teatro de la Ciudad, con un programa basado en su decimoprimer disco, Agüita de limón con chía. Toda su filosofía en torno a la preparación musical de los niños está planteada en entrevista con Proceso.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Doble celebración de Mariana Mallol en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris” este domingo 28 de abril a las 13:00 horas: para la niñez mexicana en su día, y por ella festejando dos décadas de canto a la infancia latinoamericana con su concierto Agüita de limón con chía, acompañada de músicos, teatro de sombras y títeres, el gaitero Ernesto Góngora, así como el Coro de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM.

“Me gustaría que el arte se convierta en una parte fundamental de los programas de educación pública nacional y se dedicaran más espacios para que las niñas y los niños puedan experimentar la fuerza de la música, tal como yo tuve la maravillosa oportunidad de hacerlo en el Instituto Vocacional de Arte Ex Lavardén y en el Coro Nacional de Niños en mi natal Argentina”, declara la cantante, compositora y actriz bonaerense radicada en nuestro país.

La canción “Agüita de limón con chía”, escrita por su hijita Catalina Cuevas Mallol, brinda título a la onceava producción discográfica de Mariana publicada en México, Argentina, Colombia y Brasil. Sobresalen los arreglos de su compañero pianista Leonardo Sandoval, quien fuera director musical de artistas del calibre de Armando Manzanero, Eugenia León, Lupita D’Alessio y el desaparecido Eugenio Toussaint (ver https://youtu.be/bxMGQbnusUA).

Caminando rumbo a las calles de la revista Proceso, confiesa que su signo zodiacal es Géminis y en el horóscopo chino, “rata”. Estudió con las “extraordinarias profesoras” Inés Regla y Marina Sauber, además de talleres de musicoterapia y teatro en su tierra.

“Mi compromiso es hacer llegar el arte por medio de la música hasta chiquillos de la primera infancia además de sus familias, pues cada canción que interpretamos son al unísono un cuento, un juego y un espacio íntimo para el acercamiento  a la imaginación”, dice la integrante desde 1997 del Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña (Mocilyc), “organización que anualmente conmemora un encuentro bianual de artistas y educadores del continente con el propósito de afianzar y desarrollar las identidades culturales en la senda del intercambio de experiencias”.

–¿Por qué decidió venir a México?

–Por curiosidad y porque me gustó su gente. Llegué por primera ocasión en septiembre de 1997 al III Encuentro Mocilyc, y acá conocí a muchos colegas que aún son mis amigos. En aquella ocasión di con un par de sitios que me marcaron: el Centro Nacional de las Artes y el Mercado de Coyoacán.

“Sentí que México me ofrecía un mundo de ideas creativas y pensé en abrirme un nuevo campo de oportunidades de trabajo, entonces volví en enero de 1998 para según yo probar suerte un año; sin embargo, no pude volver más a la Argentina pues me enamoré de tu país y ya llevo veintiún años encantada aquí.”

El 28 de abril será su primera presentación en el Teatro de la Ciudad:

“Va a ser un honor y un placer actuar en un recinto con tanta historia y tan hermoso, te juro que soñaba con actuar ahí y por fin voy a cumplir mi gran fantasía. Así que tendré un festejo por mis veinte años de carrera y para entregar lo mejor de mi trayectoria artística al niño y a la niña mexicanos en su día. Estoy de verdad muy feliz.”

–¿Cómo consiguió convencer al coro para asistir a su concierto?

–Yo fui una niña coreuta. Particularmente poseo contacto con el coro de Música de la UNAM debido a que mi hija lleva cantando allí dos años, es un coro maravilloso, y desde que tuvimos la oportunidad de ingresar allí estamos totalmente contentas, tanto ella como yo. Vamos a interpretar con medio centenar de cantantes infantiles temas de mi autoría como “Mi vecino de enfrente” y uno juguetón del dominio público, con los arreglos de Leonardo Sandoval al teclado.

“Es un coro muy profesional que ensaya tres veces a la semana, realiza giras, y su directora Patricia Morales me parece fabulosa, le estoy profundamente agradecida. Lo digo por experiencia propia, yo conozco bien las dinámicas de un coro infantil porque trabajé con uno importante en el Teatro Nacional Argentino Cervantes de Buenos Aires, y sé que las agrupaciones corales infantiles suelen abordar piezas con cierta dificultad y disciplina en las ejecuciones, sin descuidar el sentimiento.”

–¿Qué instrumentos toca usted?

–Yo canto y compongo las melodías con las letras acerca de mi acercamiento con los pequeños y las niñitas, asistida yo siempre por mi compañero Leonardo. En mis clases me acompaño de guitarra, pero en los recitales sólo canto.

“El reto digamos que es aterrizar en una canción alguna historia que a ellos les resulte significativa y les guste. En Argentina tenemos una enorme tradición didáctica en la música infantil, con mujeres que llevan muchos años en esto de enseñar a los niños y que nos han ido mostrando el camino para no hacer tedioso el bello arte de la canción infantil. Desde que estaba chica en mi país existían bastantes grupos de música para niños y siguen surgiendo más.”

Ejemplifica con su paisana la pianista y pedagoga Violeta Hemsy de Gainza (Tucumán, 1929) y su amigo canadiense Raymond Murray Schafer (Sarnia, 1933), inventor del “paisaje sonoro”; Pepa Vivanco (Buenos Aires, 1949); el dueto de Juan Dalera y Lupita Vega; la cantante y docente María Teresa Corral (Buenos Aires, 1931), quien hacia 1965 compuso “Invierno” y, por supuesto, la poeta, dramaturga y cantautora María Elena Walsh (1930-2011),​autora de “El reino del revés” (https://youtu.be/KlMQZsifcio).

Cuenta que la mayoría de las canciones que interpreta en concierto son de su inspiración, aunque incluye cosillas del folclore tradicional como “Adiós sapo” o “Dos gatos”; en contadas ocasiones incluye de otros autores como la cubana Rita del Prado (La Habana, 1961).

“A la hora de traducir mis discos en un espectáculo propongo que haya mucha música y algo de títeres, juegos, un teatrino de sombras y proyecciones visuales como verán en Agüita de limón con chía. La idea es cómo hacer una cresta, una curva para mantener a los niños atentos y sin que se vayan, siento que finalmente es como un ritual. Cómo abres, te presentas, convocas, qué tienes para proponer, qué pides, qué das, así vas de ida y vuelta porque tu público no solamente es infantil, sino también van los papás. Es una curva dramática, entre comillas, porque no hay un libreto, digamos.”

Es un concierto, especifica, al cual ha invitado a Edgar Oceransky.

“Ahora tendremos también la fortuna de contar con el gaitero Ernesto Góngora, quien se fue a vivir a Irlanda pues era el director de la Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio, allá en el Museo de las Intervenciones del exconvento de Churubusco, y como lo invitamos a celebrar el Día del Niño y mis 20 años pues nos viene a acompañar.”

En síntesis, dura una hora:

“Para usar una palabra, es algo mágico poder darle a los pequeños un espectáculo con posibilidades distintas. Es un gusto que me puedo dar con Leonardo en el teclado y el acordeón, porque como escribí una canción infantil tipo celta él me propuso invitar a algún gaitero; pero aparte llevamos nuestro grupo con guitarra, bajo, percusión, el baterista de Natalia Lafourcade, el maestro Ernesto Anaya en el tres y el violín, el titiritero Omar y la iluminación de Alita Escobedo, en fin.”

Y se despide así Mariana Mallol:

“Es difícil vivir de la música. Necesitamos más apoyo en políticas culturales para la infancia, más espacios que se abran al arte también en radio y televisión, donde se ponderen mejores contenidos, conocimientos y valores. Yo trabajo con Andrea Medina, mi productora, pero no es fácil ser independiente en este oficio.”

Este texto se publicó el 21 de abril de 2019 en la edición 2216 de la revista Proceso

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