Sofía Espinosa en “Bruma”, película de Max Zunino

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CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Sofía Espinosa (ganadora del Ariel a Mejor Actriz por Gloria, de Christian Keller), protagoniza Bruma, el segundo largometraje de ficción de Max Zunino, idea original de los dos, el cual recorre poco a poco el país, y “los temas centrales son la búsqueda de la identidad y la reflexión de hacia dónde caminar”, resalta la actriz mexicana.

La además escritora narra en entrevista que deseaban abordar “justo lo referente a la identidad y del permiso de detenerse un poco en este mundo, en el que uno debe producir y ser alguien y demostrarlo todo el tiempo”.

Bruma es en español, inglés y alemán, se rodó en la Ciudad de México y Alemania. Aquí, Sofía es Martina, una chica que pierde su trabajo y al mismo tiempo descubre que está embarazada, y no conoce a su padre, sólo sabe que radica en Alemania y decide buscarlo.

“Este personaje no sabe qué hacer y voltea un poco a ver su vida, y no concibe si es feliz en donde está, ni entiende qué decisiones tomar, por lo cual decide escapar un poco a Berlín, que es una ciudad muy abierta, muy contrastada y con apertura sexual y cultural, y eso ella no lo poseía en su vida, en su cotidiano. El largometraje presenta varios tópicos, pero a mí me parece importante de pronto frenar y recapacitar: ‘A ver, no importa la edad que tenga, no importa el momento en el que me encuentre, pero deseo examinar quién estoy siendo y quién quiero ser. Se vale no saber si ser o no madre, terminar o no con una relación que empieza a volverse tóxica, en fin”.

Rememora que el director y ella se hallaban en Berlín (quien en la vida real son pareja), y el primero desarrollaba un guión de otro proyecto, “pero esa ciudad nos impactó y emocionó tanto, que decidimos en medio de ese viaje filmar Bruma, y conseguimos grandes aliados que se sumaron, no sólo actores, hubo muchos creativos”.

Enfatiza sobre el actor Dieter Rita Scholl, Ángel, en la cinta:

“Fue un gran descubrimiento y además nos abrió la puertas de su casa, su vida, su pasado y su forma de pensar. El largometraje es experimental, y contiene fragmentos casi de documental, pero es una ficción. Sin embargo, Rita Scholl muestra fotos del papá de Martina, pero son de una pareja real que tuvo”.

–¿Cómo construyó a Martina?

–Todos nos hemos sentido en algún momento dudosos de nuestro lugar en el mundo y creo que es sano cuestionárselo cada tanto. Uno a veces cree que lo posee todo, pero no nos sentimos bien donde uno se encuentra, y a esa línea queríamos llegar. De cómo lograr una inconformidad y de pronto incluir una bomba de tiempo, como un embarazo, y por ello no puedes tomarte todo el tiempo que quieres para tomar decisiones porque debe optar por la primordial y el tiempo es oro en ese momento. Entonces fuimos explorando de la mano del personaje esas reacciones, justo el miedo al compromiso con la pareja y a decidir.

“Trabajamos mucho con el fotógrafo Christian Trieloff, quien es alemán y ha efectuado mucho documental. Y se aventuró con nosotros. No teníamos las locaciones como en una producción normal. Nos prestaron casas y lugares de cafés en Berlín, y nos metimos sin permiso al aeropuerto a filmar y nadie nos dijo que no se podía. Fue un trabajo como que muy arriesgado y ese riesgo y esa aventura también son parte de la energía de la cinta. Fue bastante libre la toma de decisiones de dónde rodar. Era: ‘Este lugar nos gusta, este nos inspira, este nos está hablando, en fin, y entonces vamos a filmar aquí’.

–Ángel dice una frase: “Está de moda ser cruel y no demostrar emociones”. Es fuerte, ¿verdad?

—Es un personaje con mucha sabiduría y madurez en cuanto a quién es y es mayor que Martina. Ya vivió esa batalla de decir: ‘¡Yo quiero hacer esto!’ Muestra: ‘Yo soy quien quiero ser y no me importa lo que piensen los demás’”.

Una mancuerna provechosa

–¿Cómo es hacer mancuerna con Max Zunino?, ya trabajaste con él en su película anterior, Los bañistas.

–Las mancuernas que sí funcionan valen oro y me emocionó muchísimo cuando con un director o un actor o un colaborador sientes que puedes crear de manera conjunta. En ese sentido trabajar con Max en estás películas me ha funcionado. De entrada creo mucho en el actor creador, no sólo en el actor intérprete, en el actor que puede crear, construir junto con el director, y con Max lo tenemos desde la escritura de las historias que queremos contar. Creo que las historias y las películas van madurando como la vida misma, como las relaciones mismas. En Los bañistas la trama es más social y como sus dos personajes principales, que parecen tan distantes, se van encontrando un poco en la necesidad de la solidaridad y el acompañamiento en un momento de crisis. En Bruma, el problema de Martina no es económico porque puede irse a Berlín, se da ese chance que otros chavos no pueden. Sin embargo, en esta búsqueda también se encuentra con que la vida y el mundo no son lo que ella conocía, y el mundo es mucho más.

–Es interesante que Martina no es una víctima más, ¿verdad?

–Sí, no queríamos que fuera víctima, es un personaje que no se queda quieto, no sabe muy bien para dónde va, ¡pero va con todo! Y no queríamos que su novio Agustín fuera solo el macho que nadie entiende y que odias desde el principio. En realidad igual es muy fuerte, y sale de la Ciudad de México a buscar a Martina a Berlín. Ninguno de los dos está siendo el malo o la víctima.

A Sofía le entusiasma mucho el haber podido contar una historia como esta:

“A mí el cine independiente y autoral me inspira siempre y me gusta poder narrar relatos como queremos, sin que nadie te diga de qué debes hablar o cómo debe ser. Hay que defender esa libertad creativa, y en este aspecto Bruma es eso: una oda a la libertad creativa, y bueno también la responsabilidad que implica esa libertad, como actriz, en las escenas. Sabíamos muy bien de qué se trataban las escenas, que rumbo tomar, pero muchos de los diálogos eran improvisaciones, e improvisar no quiere decir hacerlo así sin cuidado. Me gustó muchísimo explorar”.

Bruma primero recorrió por dos años festivales internacionales. “Pero ya era tiempo que llegará a las salas, y uno hace las películas justo para eso, para compartirlas con los demás. Entonces hay que lograr que los filmes salgan, que tengan un estreno digno y duren lo suficiente para que las personas los vaya a ver”, subraya Sofía.
Igual actúan César Ramos, Juan Carlos Colombo y Claudette Mallé. La música es de Jeanne Dureault y Sebastián Zunino.

Max Zunino fue galardonado con el premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Cine de Montreal por su ópera prima Los bañistas (2014).

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Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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